Capítulo 14

8

Un grito de espanto resonó y todas las miradas se concentraron en un solo punto. Allí estaba Yujin de pie, pálido como el papel, con el rostro completamente desencajado. Parecía haber perdido la razón por completo.

“Esto está mal. No puede ser, es mentira. Ah… claro, s-seguro que el señor Campbell no estaba en su sano juicio. Dijeron que su enfermedad era grave ¿No? Entonces podría no haber estado lúcido. Si no, tiene que haber un error. Por ejemplo que el USB haya sido cambiado… sí, eso debe ser; porque si no, esto no tiene ningún sentido ¡Es imposible!”

“Winston”

Su madre le susurró al lado, como pidiéndole que dijera algo, pero Yujin seguía desvariando, incapaz siquiera de hilar bien las palabras. Era evidente que había recibido un golpe demasiado grande. Aunque Winston suponía que el contenido del testamento debía de diferir enormemente de lo esperado, no podía abrir la boca con facilidad. No había oído ni una sola palabra del testamento.

Porque estaba completamente absorto en la fantasía de violar a ese prostituto.

Winston recorrió la sala lentamente con la mirada. Por primera vez, en lugar de fijarse en Yujin, observó las expresiones de los demás presentes, pero no le sirvió de mucho. Todos estaban sumidos en la confusión, mirándose entre ellos con desconcierto o tanteando la reacción de Winston. Era evidente que algo grave había ocurrido.

“Otra vez”

Winston habló con lentitud. Yujin, que no dejaba de balbucear cosas sin parar, se quedó en silencio y en un instante la sala entera se sumió en el silencio. Bajo la mirada de todos, Winston habló sin apartar los ojos de Yujin.

“Pónganlo otra vez. A ver si de verdad escuchamos bien”

Nadie objetó a su tono calmado. No porque estuvieran de acuerdo, sino porque nadie se atrevía a contradecirlo. Winston por fin apartó la mirada de Yujin y la fijó en la pantalla. Entonces por primera vez las palabras del testamento de su padre llegaron a sus oídos.

La primera parte no tenía nada especial. Mientras escuchaba la tediosa enumeración de cláusulas, Winston esperó con paciencia. Incluso cuando se anunció que toda la herencia, salvo lo mencionado anteriormente, pasaría a él, permaneció impasible ‘Pronto sabré por qué Yujin reacciona así’ fue todo lo que pensó. Hasta que llegó lo siguiente.

“…La herencia arriba mencionada será válida únicamente si Winston Campbell contrae matrimonio con Yujin Seol y tiene un hijo dentro del plazo de un año”

Winston deshizo lentamente la pierna que tenía cruzada y enderezó el torso, que estaba inclinado de forma despreocupada. Su expresión no cambió en lo más mínimo, pero ese simple gesto bastó para que todos comprendieran el impacto que había recibido. Sin embargo, no terminaba ahí.

“En caso de no cumplir con el contenido del testamento, la totalidad de los bienes será donada a una fundación y la empresa será transferida a un gestor profesional. Asimismo, todos los miembros de la familia Campbell, incluido Winston, renunciarán a cualquier derecho incluyendo los bienes. La ejecución del testamento se llevará a cabo dentro de un año, siempre que las condiciones anteriores se hayan cumplido fielmente.

Una de las cejas de Winston se crispó con fuerza. El aroma de sus feromonas se intensificó de nuevo, aunque esta vez por una razón completamente distinta. Yujin parecía a punto de protestar en cualquier momento incapaz de estarse quieto, pero el testamento aún no había terminado.

“…Durante el matrimonio, Winston deberá ser fiel a Yujin. No se permitirá ninguna infidelidad, incluyendo las fiestas de feromonas y deberá responsabilizarse de que Yujin no carezca de nada en su vida. Todo lo anterior será válido únicamente si Yujin contrae matrimonio con Winston. En caso de que el matrimonio no se concrete o de que no se cumplan las condiciones del testamento y toda la familia Campbell pierda sus bienes y derechos, Yujin tampoco recibirá parte alguna de la herencia. Sin embargo, si tras cumplir fielmente el contrato el matrimonio se rompe, se le pagarán a Yujin dos millones de dólares mensuales de por vida”

Al llegar a ese punto, Harold tosió en la pantalla. Sacudido por una violenta serie de toses que le estremecían todo el cuerpo, logró abrir la boca entre jadeos. Su voz, completamente ronca, se desvanecía casi en un susurro, pero aun así todos pudieron distinguir claramente sus últimas palabras.

“Yujin, te amo. De verdad… lo siento mucho. Que la bendición de Dios te acompañe”

Con el rostro consumido por la enfermedad, Harold ofreció su bendición. Una leve sonrisa fue lo último que apareció antes de que la imagen se detuviera y el testamento llegara a su fin.

Un pesado silencio se instaló en el estudio. Solo entonces Winston comprendió por qué todos estaban tan confundidos.

¿Matrimonio?

Las palabras del testamento de su padre comenzaron a repetirse lentamente en su mente.

¿Tener un hijo? ¿Yujin y yo?

Se limitó a observar la pantalla congelada con el rostro rígido como una máscara.

¿Me está diciendo que me case con ese prostituto y tenga un hijo con él?

“¡Esto no tiene ningún sentido!”

El grito repentino hizo que la mente de Winston volviera a ponerse en marcha. Su mirada se dirigió de inmediato hacia la fuente del sonido; Yujin de nuevo de pie, con los puños apretados y el rostro pálido, gritaba como un loco, como si por fin estuviera liberando toda la frustración que había estado conteniendo hasta ese momento.

“¿Que Winston y yo nos casemos? ¿Y que tengamos un hijo? ¿Se han vuelto locos? ¡Esto es absurdo! ¡No puede ser, es imposible! No podía estar en su sano juicio… cuando alguien está a punto de morir, pierde la lucidez… Sí, eso es. No hay duda, ¡Harold estaba loco!”

“La mente de mi padre estaba clara”

La fría voz de Winston cortó en seco a Yujin. Como si lo confirmara, el abogado asintió y añadió.

“Lo vio al inicio del testamento. Tres médicos realizaron una verificación cruzada y el señor Campbell conservaba plena lucidez. Sus niveles de feromonas también eran notablemente bajos. Todo lo contenido en el testamento es verídico”

El color desapareció del rostro de Yujin en un instante. Con expresión aturdida, como si hubiera recibido un golpe directo, negó lentamente con la cabeza y murmuró.

“Eso… eso no puede ser…”

Winston lo observó en silencio, mientras él repetía lo mismo como en un lamento. Luego, despacio, desvió la mirada. La figura de su padre que ya no existía en este mundo, apareció en su campo de visión. Entrecerrando los ojos, lo miró fijamente en la pantalla y torció apenas una comisura de los labios.

Padre… hasta el final, se las arregla para joderme.

 

9

 

“¡¿Cómo es posible algo así?!”

El grito furioso de la señora Campbell retumbó en toda la sala. Era extremadamente raro verla perder el control de esa manera. En toda su vida, sus hijos solo la habían visto así una vez y por desgracia la causa era la misma que entonces. Aunque Winston no había estado presente en aquella ocasión, no mostró especial reacción ante ese lado desconocido de su madre. Como siempre, permaneció sumido en sus pensamientos con el rostro inexpresivo.

Ante la imagen de su madre, que siempre mantenía la compostura con frialdad, ahora gritando enfurecida, los demás hijos no se atrevieron a decir una sola palabra. Incapaz de contener su ira, la señora Campbell caminaba de un lado a otro por la sala, maldiciendo sin parar a su difunto esposo.

“¡Dios mío, dejar un testamento así! ¡Quisiera desenterrar a Harold, sacar su cadáver y quemarlo! ¡Qué hombre tan descarado y despreciable! Me atormentó toda la vida y ahora deja semejante testamento a esa cosa repugnante… ¡Y me humilla de esta manera!”

¿Que ese prostituto se casara con su querido hijo menor y hasta tuviera un hijo con él? Ni en sueños, jamás lo permitiría ¿Y encima pretendía darle a su amante una pensión mayor que a ella, la esposa legítima? Herida en su orgullo y consumida por la rabia, dejó escapar palabras ásperas, muy lejos de su habitual compostura.

“¡Maldito basura! ¡Debería haber muerto en el momento en que se desplomó aquel día! ¡Ojalá lo hubiera matado antes de que escribiera ese testamento! ¡Debí hacerlo, debí haberle disparado en la cabeza!”

Gordon empezó a preocuparse en silencio, temiendo que pudiera desmayarse. Era tal la magnitud de la ira que desbordaba, que ninguno de los hijos sabía qué hacer. Ellos también estaban confundidos, incapaces de encontrar una solución a la situación. Lo único que podían hacer era ponerse de su lado y condenar a su padre.

“No podemos dejar esto así, tenemos que hacer algo”

Cuando Gordon intervino, Lady Catherine lo apoyó de inmediato.

“Por supuesto ¿Cómo pretenden que aceptemos un testamento tan absurdo? Seguro que padre no estaba en su sano juicio. Es que esto no tiene ningún sentido”

Como si no encontrara palabras nuevas, repitiendo una y otra vez lo mismo, fue George quien intervino en lugar de su esposa.

Comentarios

0 comentarios

Aún no hay comentarios. Sé la primera personita en comentar 💜