Capítulo 15
“¿No deberíamos empezar por cuestionar si el estado mental de mi suegro era realmente el adecuado? Como mínimo, tendrían que haberlo confirmado al menos dos médicos…”
“¿No dijeron que lo confirmaron tres médicos? Era un viejo zorro”
Gordon lanzó el insulto contra su propio padre, pero nadie lo reprendió. En el fondo, todos estaban pensando lo mismo. En ese momento, su madre, que hasta entonces había estado jadeando mientras desahogaba su furia, se giró de repente.
“¿Qué vas a hacer, Winston?”
Solo entonces toda la atención se concentró en una sola persona. La señora Campbell dirigió sus reproches hacia Winston, que hasta ese momento había permanecido sentado en silencio, inmóvil y sumido en sus pensamientos.
“¿Vas a dejar que te lo arrebaten todo así sin más? ¡Tienes que hacer algo! Estoy segura de que ese miserable le hizo algo a tu padre ¿No habrá estado reuniéndose con Harold a nuestras espaldas? Sí, seguro que fue eso. De lo contrario, ¿cómo… cómo podría haber pasado algo así…?”
“No lo creo”
Por primera vez, Winston abrió la boca. Cuando su madre calló y todas las miradas se fijaron en él, continuó hablando con una lentitud inusual.
“Es muy poco probable que mi padre se haya reunido con Yujin. Él pasó bastante tiempo recluido en la mansión, para ser exactos en Delight; si mi padre hubiera salido o se hubiera reunido con alguien, me habría enterado de inmediato. Y más aún si se trataba de Yujin”
La reacción que Yujin había tenido hace un momento no hizo más que confirmar sus sospechas. Al recordar cómo, tras superar la conmoción inicial, había negado el testamento soltando un grito que rozaba el pánico, una de sus cejas se contrajo levemente.
Insolente.
Aunque no hizo ningún movimiento brusco, el aroma de sus feromonas se intensificó en el ambiente, haciéndole notar a todos que estaba furioso. Por supuesto, el motivo de su rabia era muy distinto al que los demás imaginaban.
Quien debió haber gritado que todo era una mentira y negarlo rotundamente era el propio Winston. Él tendría que haber sido el primero en protestar, diciendo que su padre había perdido el juicio antes de morir; pero en lugar de eso se había quedado completamente sumido en la fantasía de abalanzarse sobre Yujin, perdiendo así el momento oportuno.
¿Cómo se atreve?
Winston apretó los dientes con fuerza. No tenía sentido que fuera Yujin quien lo rechazara a él. Debería haber sido Winston quien lo despreciara primero, escupiéndole palabras llenas de desdén, diciéndole que jamás se casaría ni tendría hijos con una escoria como él.
Sin embargo, Yujin había dicho todas esas palabras primero. Que ridículo.
Por eso, Winston no tuvo más remedio que admitir para sí mismo que su padre sí había estado en su sano juicio. Todo esto, solo para poder negar a Yujin.
Aún hay una forma.
Winston relajó la tensión de la mandíbula y se sumergió en sus pensamientos. Tenía que resolver esta situación de la manera más racional posible. Después de todo, confiaba en sí mismo más que en nadie.
“No se preocupen, no pienso quedarme de brazos cruzados”
Entre los presentes que se miraban unos a otros intimidados por el ambiente tenso, Gordon se armó de valor para hablar.
“Bueno, entonces retiremonos por hoy, Winston también necesitará tiempo para pensar”
“Tienes razón. Es una situación repentina, así que hace falta un poco de cabeza fría”
George concordó con sus palabras y se puso de pie, seguido por Lady Catherine. Uno a uno comenzaron a salir de la sala de recepción. La última en avanzar fue la señora Campbell, quien se detuvo al lado del sofá donde estaba sentado Winston y habló en voz baja.
“No estarás flaqueando ante esa cosa ¿Verdad?”
Winston frunció el ceño y la miró de reojo. La señora Campbell decidió expresar por fin las sospechas que había estado guardando.
“Hace un momento en el despacho, tus feromonas se intensificaron. No fui la única que lo notó; los demás también se dieron cuenta”
“Madre, las feromonas también se intensifican cuando uno está enfadado”
Winston esquivó la acusación con soltura. Al ver que su hijo se comportaba igual que siempre, ella pareció tranquilizarse un poco y respondió con una voz más relajada.
“Claro, por supuesto que sí”
Tomó los hombros de su querido hijo menor y le besó la frente, como si quisiera demostrarle que confiaba en él.
Dejarle más herencia a esa cosa que a mí.
Mientras abandonaba el salón, volvió a apretar los dientes.
Jamás lo perdonaré. Ni a Harold ni a su amante.
Solo cuando todos se marcharon y por fin quedó solo, Winston pudo ordenar sus pensamientos con algo más de calma. El contenido del testamento era claro; debía casarse con Yujin y tener un hijo con él en el plazo de un año. Después de eso, incluso podrían divorciarse y él conservaría la herencia. A simple vista parecía algo sencillo, pero el problema estaba en esa condición.
“Yujin, te amo”
Al recordar una vez más las últimas palabras de Harold, estuvo a punto de soltar una maldición. Hasta el último momento, Harold no había podido desprenderse de sus sentimientos hacia su joven amante; tanto así que se había rebajado a dejar una confesión tan desgarradora incluso en su testamento.
Un padre que le hereda su amante a su propio hijo ¿Qué clase de locura monstruosa era esa?
¿Había sido por eso que Harold quería casar a Winston con Yujin? Decir que era un gesto considerado de un hombre que tras su muerte se preocupaba por el futuro de su amante más querido, provocaba cinismo en lugar de conmover ¿Dónde estaba la consideración hacia el resto de la familia? Además, si tanto lo apreciaba ¿Por qué no lo había buscado antes para tenerlo a su lado? Después de todo ¿No había sido Harold quien más había contribuido a que Yujin se marchara?
Si no te hubieras acostado con Yujin, jamás habría renunciado a él.
Rechinó los dientes y obligó a sus pensamientos a cambiar al tema central. Ahora no era el momento de distraerse con otras cosas ¿Cómo iba a salir de esta maldita situación? Ese era el único problema en el que debía concentrarse. No importaba quién fuera el padre de la hija que Yujin ya tenía, sino el hijo que tendría en el futuro.
Ese hijo será mío.
Era una conclusión sumamente obvia. No podía tolerar la idea de dejar que una basura tan barata criara a su propio hijo. Si se le ofrecía suficiente dinero, Yujin renunciaría tanto a la custodia como a la patria potestad.
¿Acaso tuvo a la hija que está criando ahora con la esperanza de recibir una pensión alimenticia?
Sin darse cuenta, sus pensamientos volvieron a dirigirse hacia Yujin.
Claro, si hubiera sabido quién era el padre, definitivamente habría hecho eso.
Pero en cuanto llegó a esa conclusión, una duda surgió de inmediato. Si ese fuera el caso, significaba que estaba criando a un niño que no le servía para nada, algo que simplemente no le cuadraba.
Hay muchos casos en los que descubren el embarazo demasiado tarde para interrumpirlo y no les queda más remedio que dar a luz.
En el caso de los Omegas embarazados el vientre no se abulta, por lo que a veces no se dan cuenta de su estado hasta justo antes del parto. Winston dedujo sin mucha dificultad que Yujin debía de haber estado llevado una vida desordenada, sin cuidado alguno, hasta que un buen día terminó dando a luz.
Por la apariencia actual de Yujin, era difícil creer que tuviera dinero. Según lo que había escuchado a través del abogado, la casa donde vivía se había incendiado y ahora se estaba quedando en una iglesia, por lo que era evidente que se encontraba acorralado en una situación extrema. Eso hacía que la herencia de Harold fuera todavía más necesaria para él.
Aun así… ¿por qué no abandona a la niña?
Winston descartó la posibilidad de que Yujin supiera quién era el padre biológico. Si lo supiera, lógicamente ya le habría exigido dinero y no estaría viviendo en tanta miseria. Tampoco creía que fuera por un brote repentino de afecto maternal tras el parto; para él ese caso no aplicaba con Yujin.
Seguro es porque le ve algún valor útil.
Tal vez era una carta de triunfo que guardaba bajo la manga en caso de que el padre biológico apareciera algún día, probablemente es eso. De lo contrario, no había ninguna razón para que Yujin se tomara la molestia de criar a esa niña.
Al llegar a ese punto de sus reflexiones, un pensamiento escalofriante cruzó de golpe por su mente.
Si fuera… ¿Y si la razón por la que crió a esa niña fuera…?
Era algo que se negaba rotundamente a admitir, pero era la única hipótesis que cobraba sentido. Con el rostro desencajado por la repulsión, Winston aceptó esa posibilidad.
Porque es hija de mi padre.
Era una razón demasiado obvia. Si se miraba desde esa perspectiva se explicaba perfectamente por qué, sabiendo quién era el padre biológico, jamás se había atrevido a exigirle una pensión alimenticia. Seguramente Yujin estaba esperando el momento adecuado; aguardando a que la furia de su padre se calmara un poco para revelarle la existencia de la niña y sacarle una cantidad astronómica de dinero.
Pero como mi padre murió, esa oportunidad se esfumó.
Siendo así, solo había una única razón por la que Yujin seguía manteniendo la boca cerrada respecto a la niña hasta ahora. Tenía miedo de actuar con torpeza y arruinar su única oportunidad, por lo que estaba siendo extremadamente cauteloso.
“Ni de broma ¿Olvidaste lo que dijiste? Desde el principio fue una mentira”
Eso había sido lo que Yujin respondió cuando le preguntó si realmente había estado embarazado. Existía una gran posibilidad de que esa respuesta hubiera sido una total mentira. Después de todo ¿Acaso Yujin no era más que un prostituto y un estafador?
Y pensar que intenta engañarme otra vez con un truco tan barato.
“Winnie…”
Una vez más, la ilusión apareció ante sus ojos. El cuerpo desnudo y pálido tendido sobre la cama, los brazos extendidos hacia él, la leve sonrisa dibujada en sus labios y aquella voz suave que solía susurrarle al oído.
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