capitulo 10

Advertencia de contenido: amenazas con armas y maltrato psicológico.

6
 

Tragando saliva con dificultad, Yujin asintió lentamente mientras su nuez subía y bajaba con fuerza. Winston observó ese gesto sin siquiera parpadear.

“Es una niña. Si algo me pasa… se quedará sola… por favor… baja el arma. Te lo suplico”

“¿Tienes una hija?”

Winston volvió a repetir sus palabras. Yujin parpadeó, desconcertado. No entendía qué le pasaba a ese hombre. Él estaba al borde del colapso, con el corazón desbocado por el miedo, mientras que Winston parecía extrañamente tranquilo, limitándose a repetir lo mismo.

“Tuviste una hija…”

Murmuró otra vez, con una expresión ausente, como si no estuviera del todo presente. Su voz baja sonaba más como si hablara consigo mismo y Yujin se aferró a ese pequeño atisbo de esperanza. Está bien, Winston va a recuperar la cordura. Se dará cuenta de lo peligroso y absurdo que es esto y bajará el arma. Quizá incluso sonría con amargura, tal vez como antes lo abrace y le diga que lo siente por haberlo asustado…

Fue entonces cuando un vacío extraño le oprimió el pecho.

“¿De quién es?”

La voz fría le atravesó de repente. Yujin se estremeció y volvió a la realidad. El cañón seguía en su sien. El rostro de Winston, helado mientras lo miraba desde arriba y esos ojos cargados de desprecio… no habían cambiado en absoluto. Al darse cuenta de que había caído en una ilusión absurda, Yujin se quedó momentáneamente sin saber qué hacer. Incapaz de encontrar una respuesta de inmediato, Winston murmuró, como si ya lo hubiera esperado.

“Por supuesto, no puedes responder”

Una risa escapó de la comisura de los labios retorcidos de Winston como un breve suspiro.

“Un promiscuo como tú ¿Que vas a saber sobre quién es el padre de la niña?”

Por un instante, sintió como si algo afilado se le clavara en el corazón. Yujin, con el rostro pálido, solo pudo quedarse mirando a Winston.

Eres tú

Abrió la boca para decirlo, pero ningún sonido salió. Sus palabras, cargadas de una verdad desesperada, se quedaron atrapadas en su garganta, sin encontrar salida.

Eres tú, Winston.

Mientras Yujin permanecía paralizado, incapaz de hablar, Winston esbozó una sonrisa cínica y se burló

“Cariño, yo mejor que nadie sabe mejor lo sucio y promiscuo que eres”

Lo dijo con absoluta seguridad y eso dejó a Yujin aún más sin palabras. Él también estaba seguro de algo; dijera lo que dijera, ese hombre no le creería. Ya lo había visto antes, esa mirada llena de desconfianza y desprecio hacia él la recordaba con claridad. Aquel hombre que lo había rechazado con tanta crueldad no tenía ninguna razón para haber cambiado ahora.

¿En qué estaba pensando, al albergar siquiera una mínima esperanza?

En el instante en que lo comprendió, el odio hacia sí mismo y la rabia hacia ese hombre superaron el miedo y el terror. Yujin, sin dudarlo levantó la rodilla y golpeó con fuerza la entrepierna del hombre que se inclinaba sobre él.

“¡…!”

Winston ni siquiera pudo gritar, tal vez se le escapó un leve gemido, pero lo seguro era que había perdido completamente la capacidad de atacar. Aprovechando el momento en que el hombre se encogía sobre la cama, retorciéndose de dolor, Yujin rodó rápidamente y se apartó. La fría presión contra su sien desapareció, solo eso ya le dio una sensación de alivio y liberación.

Como si temiera que Winston pudiera atraparlo en cualquier momento, se apresuró a cerrarse la bata y se levantó de la cama. Ni siquiera tuvo tiempo de ponerse los zapatos; los agarró a toda prisa con la mano. Justo cuando abrió la puerta para salir de la habitación, Winston gritó.

“…En ese entonces”

Desde su espalda, Yujin se detuvo en seco al oír la voz de Winston.

“Dijiste que estabas embarazado… ¿Es esa niña?”

Era una pregunta que llegaba demasiado tarde. Debería haberla hecho antes de humillarlo. Yujin respiró hondo y giró la cabeza. Winston seguía sentado en la cama, mirándolo. Tal vez pensaba que la niña era de Harold… como el resto de los Campbell.

A la luz de la luna, Yujin observó la extraña expresión del hombre y abrió la boca. Esta vez, le tocaba a él burlarse.

“Ni de broma ¿Olvidaste lo que dijiste? Desde el principio fue una mentira”

Ángela era más pequeña que los niños de su edad; mentir sobre su edad era fácil. Incluso si Winston llegara a conocerla, jamás imaginaría que era su hija. Sobre todo porque nunca había creído en la fidelidad de Yujin.

Al ver cómo el rostro de Winston se deformaba, Yujin sintió una pequeña sensación de victoria y con una voz más ligera, añadió.

“Buenas noches, Winston. Que tengas dulces sueños”

Sin más, cerró la puerta y salió al pasillo. El silencio repentino lo envolvió y soltó un suspiro profundo. De golpe, la tensión se disipó y todo su cuerpo empezó a temblar. Está bien… el comienzo fue un desastre, pero el final salió bien. Si termina bien, todo está bien. Repitió como siempre esas palabras de consuelo para sí mismo.

Entonces, un estruendo violento resonó desde el interior de la habitación. Sobresaltado, Yujin se tapó la boca con la mano. Su corazón se desbocó y la tensión volvió a invadir todo su cuerpo. De pronto, le vino a la mente el gran jarrón que estaba sobre la mesa. Un mal presentimiento lo recorrió.

Aún descalzo, salió corriendo apresuradamente. Temía que Winston saliera de la habitación y lo atrapara. Corrió por el interminable pasillo, resbalando dos veces en el pulido suelo de mármol, pero ni siquiera sintió el dolor.

Mirando hacia atrás varias veces mientras corría, por fin encontró la escalera por la que había subido con la doncella y bajó cojeando al piso inferior. El dolor en la rodilla golpeada al caer apareció tarde, pero no podía detenerse. Yujin solo pudo respirar con alivio cuando, tras perderse por los pasillos, logró encontrar la habitación de su hija y vio su rostro dormido.

En aquella enorme casa, al encontrar a la única persona que estaba de su lado, sintió cómo sus ojos se le llenaban de lágrimas. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que no había nadie frente a la habitación de Winston. Probablemente, al confirmar que él había regresado, se retiraron y él había caído de lleno en la trampa.

Pero en ese momento, más que la indignación, lo que llegó fue el alivio. Al fin y al cabo, había logrado salir ileso, con eso bastaba. Tras acariciar el rostro de la niña profundamente dormida, Yujin murmuró en voz baja

“No te preocupes, Angie. Nunca voy a dejarte sola”

Era una promesa que había repetido innumerables veces desde que supo que la llevaba dentro. Si no fuera por Angela, tal vez él ya habría desaparecido de este mundo hace mucho. Cuando se quedó completamente solo, fue esa niña la única que permaneció a su lado y por ella Yujin había jurado una y otra vez que jamás la abandonaría.

Y por esa niña… era capaz de hacer cualquier cosa.

Comparado con eso, aquellas palabras de humillación y desprecio no significaban nada. Ya había pasado por cosas mucho peores. Ni siquiera lo habían golpeado así que estaba bien.

Mientras te tenga a ti es suficiente.

Repitiéndose eso una vez más, Yujin se acomodó como pudo en la pequeña cama y abrazó con fuerza a la niña. Angela, como si lo sintiera incluso dormida, se removió y se acurrucó contra su pecho. Yujin cerró los ojos sosteniéndola con ternura. Aunque el espacio era estrecho e incómodo, incapaz siquiera de estirar bien las piernas, se sentía satisfecho y durmió profundamente, sin despertarse ni una sola vez, hasta que la doncella vino a llamarlos por la mañana.

7

Desde la mañana, Winston no estaba de buen humor. Hacía tiempo que sufría de insomnio, pero pasar toda la noche sin dormir ni un minuto era algo poco habitual. Al menos solía conseguir treinta minutos o una hora de sueño fragmentado, pero la noche anterior la había pasado completamente en vela. Él sabía perfectamente la razón, aunque nadie más parecía notarlo. Ni siquiera la señora Campbell, que entre todos sus hijos siempre lo había querido de manera especial, imaginaba el verdadero motivo detrás del rostro cansado y afilado de su hijo.

Desde que Harold se había ido, Winston se encargaba de todo. Era natural que estuviera agotado.

Aun así, lo estaba manejando bien. En realidad, Harold ya se había retirado de la primera línea desde hacía tiempo, así que no era un cambio repentino, pero el peso que ahora recae sobre sus hombros era distinto. Harold ya no estaba en este mundo y su hijo había dejado de ser ‘el representante de Harold’ para convertirse en ‘el jefe de la familia’.

La señora Campbell, sentada al otro lado de la mesa de té, sonrió con ternura al ver a su hijo que parecía fatigado mientras se apoyaba en el reposabrazos y se frotaba el entrecejo.

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