capitulo 9

5

Aplastado por una tensión abrumadora, ni siquiera podía respirar con normalidad. Exhalando a duras penas el aire que se le había quedado atrapado en el pecho, Yujin lo miró. La oscuridad proyectaba sombras perfectas sobre los contornos definidos del rostro del hombre, haciéndolo imposible de reconocer. En cambio, Yujin, bañado por la luz de la luna dejaba ver claramente cada una de sus expresiones. Pensar que Winston estaba examinando su rostro al detalle solo lo ponía más nervioso.

Pero tampoco podía apartarlo imprudentemente. El peso del cañón apuntando a su sien era demasiado real, demasiado evidente. El cargó el arma. Si se movía en falso y aunque fuera por accidente, apretaba el gatillo, todo habría terminado. La imagen de la niña que quedaría sola apareció ante sus ojos. No podía condenar a Ángela a su mismo destino. Sin moverse, aún recostado, Yujin abrió la boca. Tenía la garganta tan seca que emitir sonido era difícil, l voz que logró sacar salió áspera y quebrada.

“…¿Qué estás haciendo ahora?”

Ante la pregunta que le costó tanto formular, Winston soltó una risa baja, casi como un suspiro que se escapa.

“Quién sabe… más bien eso es lo que yo quiero preguntar ¿Tú qué haces en mi cama?”

La palabra ‘mi cama’ le incomodó con retraso, pero no era momento para detenerse en eso. Yujin se centró en lo siguiente.

“¿Tu cama? ¿Qué quieres decir? ¿Este es tu cuarto?”

“Pfff, ja…” Winston volvió a reír. Era una risa extraña, nerviosa, cargada de autodesprecio. Se inclinó hacia delante como si fuera a abalanzarse, hasta quedar tan cerca que su aliento rozaba el rostro de Yujin y lo miró fijamente a los ojos.

“Cariño, debiste practicar más. Lo de hace un momento fue demasiado torpe”

Fue entonces cuando Yujin entendió por qué la puerta no estaba cerrada con llave.

Porque ya era una habitación ocupada.

No se trataba simplemente de separarlo de la niña. Sus métodos eran mucho más crueles y Yujin seguía estando un paso por detrás de ellos. Un escalofrío le recorrió el pecho ante la sensación de haber caído en una trampa, pero no tenía tiempo para quedarse paralizado. El cañón apoyado en su sien le recordaba con total claridad que aquello era real.

“No me llames ‘cariño’ ”

Yujin escupió las palabras con una voz tensa. Tenía todo el cuerpo rígido, incapaz de mover ni un dedo y aun así, su voz salió sorprendentemente firme. Había dejado clara su negativa, pero a Winston no pareció importarle en lo más mínimo.

“Entonces, ¿cómo debería llamarte? ¿Prostituto? ¿Basura?”

Winston se encogió de hombros entre risas, pero a Yujin no le hizo ninguna gracia. Cada vez que soltaba una de esas bromas que solo a él le parecían divertidas, el cañón apoyado en su sien temblaba ligeramente. Yujin, aterrado de que en un descuido apretara el gatillo, ni siquiera fue capaz de enfadarse.

“Cariño ¿Qué era exactamente lo que esperabas?”

Preguntó Winston, con la voz aún teñida de risa. Ya acostumbrado a la oscuridad, Yujin podía distinguir vagamente su expresión.

“¿De verdad creíste que, después de empapar toda la habitación con tus feromonas y tumbarte desnudo, iba a perder la cabeza y lanzarme sobre ti?”

Winston dejó escapar una risita contenida, como si no pudiera aguantarse más, mientras su rostro se torcía en una mueca de puro desprecio.

“El olor de tus feromonas… me da náuseas”

Este hombre todavía me odia.

El pensamiento cruzó débilmente la mente de Yujin. Claro… ¿Acaso olvide como me rechazó cruelmente aquella vez? No hay forma de que este hombre haya cambiado.

Pero aun así… no esperaba que lo odiara tanto.

“No lo sabía, yo…”

continuó Yujin con voz temblorosa, apenas logrando hilar las palabras.

“Piénsalo ¿Cómo iba a saber que este era tu cuarto?”

Intentó justificarse con una razón que cualquiera consideraría lógica, pero por supuesto eso no funcionó con Winston.

“¿No sabías que era mi habitación, cuando está impregnada por completo con mis feromonas?”

La burla llegó de inmediato. Yujin se estremeció y se quedó rígido. Desde aquel día, este hombre no sabía que él ya no podía percibir ciertos aromas. Aunque el arma seguía acaparando su atención y le dificultaba pensar con claridad, Yujin logró aferrarse a una idea.

“También podría haberlo confundido con el cuarto de Harold ¿No?”

Los alfas extremos podían distinguir entre sus propias feromonas y las de otros. Pero para el resto, todos esos aromas eran iguales. El suyo, el de su padre… para Yujin no eran más que una misma fragancia indistinguible. Y eso dio en el blanco con Winston, al ver cómo su expresión se tensaba por un instante, Yujin sintió una pequeña satisfacción, pero no duró mucho. Winston volvió a sonreír y ladeó la cabeza. Se detuvo a una distancia en la que sus alientos casi se mezclaban y entonces abrió la boca.

“Como aquella vez… ¿No?”

Murmuró en voz baja, con un tono cargado de sarcasmo. Luego negó lentamente con la cabeza. Frunciendo levemente el ceño, continuó hablando con una voz suave, casi como si estuviera calmando a un niño.

“No… no, no es asi. Cariño, tú lo sabías. Igual que aquella vez. Igual que cuando fuiste con tus propios pies al cuarto de mi padre… también ahora sabías perfectamente de quién era esta habitación. Tú no te equivocas, nunca. Porque siempre tienes claro tu objetivo”

Yujin no dijo nada. De todas formas, dijera lo que dijera, Winston no le creería. Era mejor dejarlo hablar a su antojo y esperar a que ese momento pasara cuanto antes. Como era de esperarse, Winston interpretó el silencio a su conveniencia y murmuró con burla.

“Qué pena. Ahora ya no podrás entrar y salir del dormitorio de mi padre como te dé la gana. Mi padre está muerto”

Su voz rebosaba desprecio. No quedaba claro si iba dirigido a su propio padre o a Yujin, tal vez a ambos. Winston ladeó la cabeza y con un tono lleno de curiosidad infantil, preguntó

“No me digas que piensas seguirlo hasta la tumba”

“Claro que no”

La negación fue inmediata y Winston soltó una carcajada.

“Ya lo suponía. Lo que tú amabas no era a mi padre… sino su dinero”

El cañón seguía firmemente apoyado en la sien de Yujin, el miedo empezaba a volverlo loco. Reprimiendo como pudo su respiración temblorosa, logró hablar

“Winnie. No, Winston”

Sin querer, había dejado escapar el antiguo apodo y se corrigió apresuradamente. Al ver que Winston no reaccionaba, Yujin continuó, forzando las palabras

“No hagas esto… hablemos como adultos, con calma. Baja esa arma, es peligrosa”

Su voz poco a poco se fue convirtiendo en súplica. Pero el arma de Winston no se movió ni un centímetro. Yujin, incapaz de contener las ganas de llorar, lo miró con desesperación, aferrándose a él con una expresión suplicante.

“No hacía falta llegar a esto… Yo me equivoqué. Lo de hoy de verdad fue un error. Aunque no me creas, es la verdad. Solo entré en la habitación que me indicaron, me lavé y me quedé dormido”

Rogó, deseando que le creyera, aun sabiendo que nunca lo haría.

Winston observó el rostro desencajado de Yujin y lentamente, curvó los labios en una sonrisa. De su boca se escapó un susurro, bajo y afilado

“¿Desnudo?”

Por un instante, Yujin se desconcertó, pero enseguida lo entendió. La bata con la que se había dormido se había abierto por completo, dejando su cuerpo expuesto.

“Es un malentendido…”

Apenas logró forzar la voz para decirlo.

“Te lo dije, era la habitación que me asignaron. De verdad no lo sabía. Piénsalo… si hubiera sabido que era tu cuarto ¿Por qué haría algo así? Yo tampoco… yo tampoco quería volver a verte”

“Puede que no quieras ver mi cara, pero abrir las piernas sí que puedes ¿No?”

Winston se burló sin piedad. Con el cañón aún presionando la sien de Yujin, murmuró

“Eres una cualquiera”

A pesar de la humillación, Yujin no pudo replicar. Sobre todo, porque el miedo era tan intenso que ni siquiera lograba sentir rabia. Forzó saliva en su boca seca y consiguió hablar

“Es cierto que vine por dinero, pero…”

El cañón se hundió un poco más contra su sien. Sobresaltado, Yujin terminó confesándolo a toda prisa, dominado por el pánico

“Tengo una hija”

Con la voz temblorosa, al borde del llanto, terminó suplicando.

“Mi hija está durmiendo en otra habitación. Por favor… no puedo morir aquí”

Yujin deseó con todas sus fuerzas que aún quedara en él un rastro de compasión. Hace mucho tiempo, Winston había sido alguien capaz de mostrar misericordia. Tanto como para acercarse a un niño abandonado al que toda la casa despreciaba y llegar a enamorarse de él.

Aferrándose a esa última esperanza, Yujin alzó la vista hacia él y congelo.

Por primera vez, el rostro de Winston, que hasta entonces no había hecho más que burlarse y humillarlo, se quedó sin expresión.

“…¿Una hija?”

Murmuró, con una voz completamente desprovista de cualquier rastro de risa. Un silencio sofocante cayó entre los dos.

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