capitulo 12
“Permítame servirle una copa, duque”
“Ah, sí”
Carlton sonrió mientras llenaba la copa de Luisen.
Al verlo actuar con tanta cortesía, Luisen volvió a darse cuenta de que aquel día había logrado algo extraordinario.
Después de enfermar, morir, regresar al pasado y rozar la muerte varias veces, había conseguido corregir el mayor arrepentimiento de su vida.
¡Incluso había logrado que el temible Carlton se mostrara dócil y obediente!
La sensación de haber conseguido todo aquello con sus propias manos lo llenó de orgullo.
Tal como había dicho el santo, Carlton no era ni un fantasma ni un monstruo; era solo una persona. No precisamente alguien común, pero sí alguien incapaz de escapar a las reglas de la sociedad. Un momento imponía terror como si fuera a matar a alguien, y al siguiente estaba sirviéndole vino con toda deferencia.
Siendo completamente sincero, hasta le parecía un poco ridículo.
Así que Carlton no era para tanto.
En el mismo instante en que ese pensamiento cruzó fugazmente su mente, la sonrisa de Carlton desapareció. Su rostro se endureció y en sus ojos estalló una furia volcánica.
¿Eh?
Antes de que Luisen pudiera reaccionar, Carlton se movió con mayor rapidez. Lo agarró del cuello de la ropa y lo lanzó violentamente sobre la mesa.
¡Bam!
La mesa se partió en dos y la vajilla estalló en pedazos con un estruendo ensordecedor. Si el impacto había bastado para destrozar un mueble sólido, el golpe que recibió el cuerpo de Luisen fue brutal. Gimió de dolor, no entendía qué estaba pasando; por qué le dolía tanto, qué acababa de ocurrir.
Con el rostro inexpresivo, Carlton tomó una botella y vació el vino sobre su cabeza.
“Ugh… ¿Qué… qué significa esto? ¿Sabes siquiera quién soy?”
“El duque de Agnies, claro. El distinguido gran Lord.”
“Si lo sabes, entonces…”
“¿Y qué?”
La brillante luz de la lámpara proyectaba densas sombras sobre el rostro de Carlton, ya no quedaba rastro de su sonrisa. En sus ojos solo brillaban un odio feroz y una intención asesina.
“Escucha. Cada vez que veo a alguien como tú, me entran ganas de arrancarle las extremidades. Basuras nacidos nobles, que se pasan la vida pavoneándose y mirando por encima del hombro a gente como yo ¿Sabes? Me hice mercenario precisamente para aplastar a tipos como tú”
Eran palabras dignas del mercenario que había ganado renombre en la guerra civil. Así que el rumor era cierto, el primer príncipe lo había reclutado después de verlo destrozar cráneos de nobles en el campo de batalla.
Luisen jamás habría querido confirmar aquello de esta manera. Tenía miedo, un miedo puro y paralizante. Si Carlton decidía matarlo, no tendría la menor posibilidad de defenderse. Nadie podría salvarlo.
Los sirvientes que atendían el banquete habían desaparecido sin que se diera cuenta y los subordinados de Carlton observaban en silencio. En el instante en que él diera una orden, aquellos hombres que hacía apenas unos momentos reían y brindaban sacarían sus espadas sin vacilar y repetirían las masacres del pasado.
“Aun así, como me da pena desperdiciar el mérito que he acumulado, estoy intentando contenerme y portarme bien contigo”
La mano de Carlton se cerró alrededor del cuello de Luisen. Era áspera y dura; parecía capaz de retorcerle sin esfuerzo aquel cuello delgado. Dentro de su agarre, el pulso de Luisen retumbaba con fuerza.
¡El Asesino de Nobles!
Frente a él estaba Carlton. El mismo del que había huido toda su vida, el caballero oscuro que algún día vendría a matarlo.
El cuerpo de Luisen empezó a temblar sin control. Los recuerdos de su reciente regreso en el tiempo se desvanecieron y un miedo antiguo se apoderó de él por completo. En un instante, volvió a ser aquel Lord que abandonó sus tierras para huir, un fugitivo perseguido.
Tengo miedo. Sálvame. Ah… al final ha venido a matarme. Santo, por favor… sálvame de él.
Rezaba con desesperación en lo más profundo de su pecho, pero allí no había ningún santo que pudiera ayudarlo.
“Será mejor que me tengas un poco más de miedo, Duque”
Con una cortesía casi escalofriante, Carlton añadió
“¿Lo entiende?”
Una respuesta, tenía que responder. Luisen forzó su mente rígida a reaccionar. Asintió una vez, dos y luego incontables veces.
Solo entonces Carlton lo soltó y como si nada hubiera pasado, volvió a sonreír y a comportarse con la misma cortesía de antes.
Desde ese día, Carlton no volvió a amenazarlo abiertamente. Pero el recuerdo de aquel banquete reavivó el miedo profundo que Luisen apenas había logrado enterrar tras conocer al santo. Y ahora, sin nadie que lo calmara, no le quedaba más que tragarse ese temor él solo.
Qué tipo tan siniestro… en vez de blandir una espada, debería dedicarse a la adivinacion.
Bueno, era cierto que por un instante, mientras aceptaba la copa, había pensado en menospreciarlo. Puede que se le hubiera notado en la cara, pero estaba seguro de que había sido solo un momento fugaz, un pensamiento que cruzó su mente sin importancia y aun así, lo había notado.
Aunque lo hubiera notado ¿No es lo normal dejarlo pasar? Pero Carlton no dudó ni un segundo; lo estrelló contra la mesa sin vacilar. Si Luisen no hubiera sido el Duque de Agnies, seguramente le habría partido la cabeza con la botella que tenía en la mano.
Está loco. En serio… al menos podría avisar antes de lanzarme.
Precisamente porque no se sabía cuándo podía cambiar, resultaba aún más aterrador. Ahora cuando estaba frente a Carlton, Luisen bajaba la mirada.
Respirando hondo para sí mismo, una y otra vez, Luisen preguntó con cautela
“E-entonces… ¿qué ocurre?”
“He visto que en algún lugar de los almacenes del norte hay un arsenal, pero con el mapa no logro ubicarlo ¿Sabe dónde está?”
“…”
Luisen no tenía ni idea. Ese tipo de cosas las gestionaban los sirvientes ¿No?
“Si hay algo útil, me gustaría llevármelo. Preferiría que usted mismo lo averigüe recorriéndolos”
“…Solo en el norte hay más de cinco almacenes…”
“Así es, tendrá que moverse con diligencia. Mi falta de capacidad solo consigue causarle molestias, Duque”
“Ayer estuve cargando sacos de grano en los almacenes del sur… y aún me duele la espalda…”
“Tiene razón. Si al menos los vasallos de la Casa Ducal gozaran de buena salud, no tendría que esforzarse tanto.
“Ja… ja… ja…”
Luisen dejó escapar una risa incómoda.
¿En serio vas a ponerte así conmigo?
Tanto Carlton como Luisen sabían perfectamente que los vasallos estaban fingiendo estar enfermos. Sacar el tema a propósito era una amenaza clara; ‘si no obedeces, no dejaré en paz a tus vasallos’. Por eso, aunque temblara de miedo, Luisen no tenía más opción que dejar lo que estuviera haciendo y acudir en cuanto Carlton lo llamaba.
Los vasallos, en realidad, estaban en una especie de huelga para expresar su descontento con Luisen. Le habían dicho que se las arreglara solo y lo estaban cumpliendo al pie de la letra, encerrados en sus habitaciones sin hacer absolutamente nada.
Habían perdido la guerra, pero precisamente por eso había montones de cosas que resolver. El problema más urgente era entregar provisiones y armas a Carlton, además de pagar indemnizaciones de guerra.
Luisen había ido a verlos para convencerlos. Ni siquiera lo dejaban entrar; se limitaba a golpear puertas cerradas. Les suplicó, los amenazó, intentó asustarlos diciendo que Carlton los mataría a todos, pero no sirvió de nada.
Desde el administrador hasta el último funcionario, nadie volvió al trabajo.
Así que, cuando Carlton le lanzaba tareas, aunque fuera claramente para fastidiarlo, Luisen no tenía más remedio que aceptar.
Al fin y al cabo era culpa suya.
“Entonces… ¿dónde están las llaves?”
“Dicen que las tiene el administrador… pero también podría no ser así, no lo sé”
Primero tenía que encontrar la llave. Luisen se levantó sin fuerzas, pero a diferencia de cuando había entrado, salió de la habitación a paso apresurado.
***
Luisen busco la dichosa llave, recorriendo el lugar de un lado a otro hasta que le sudaron las plantas de los pies.
Existía un enorme edificio principal, el castillo Ducal, pero además existían innumerables construcciones alrededor. Todo ello estaba rodeado por una muralla interior y bajando un poco la colina se extendía una gran ciudad.
Solo el recinto interior ya era inmenso. Como predominaban las zonas llanas, los edificios eran bajos pero amplios. Fue primero a la habitación del encargado de almacenes y luego a una sala donde guardaban exclusivamente las llaves. Ni siquiera sabía que existía un cuarto solo para eso.
Pero allí no estaba la llave de los almacenes del norte. Tras rebuscar un buen rato, encontró por fin un registro que indicaba que el administrador se la había llevado. No pudo evitar soltar un suspiro vacío.
“Ah…”
Había nacido y crecido en ese castillo y aun así todo le resultaba nuevo. No sabía nada. Con que alguien le hubiera dicho que revisara el registro junto a la puerta, se habría ahorrado tanto buscar a ciegas.
Tengo que lograr que los vasallos cambien de actitud…
En realidad, Carlton no le encargaba tareas verdaderamente importantes o difíciles. Lo del almacén… ¿Para qué necesitar una llave? Si quisiera, podría haber derribado la puerta sin problema. Eso de que no podía tocar la propiedad de Luisen sin permiso… sonaba más bien a excusa para hacerlo trabajar.
El verdadero problema vendría después de que Carlton se marchara.
La temporada de cosecha ya estaba terminando y pronto llegaría el invierno. Aunque los inviernos del sur eran más suaves que en otras regiones, seguían siendo duros. Incluso preparándose bien, era una época difícil.
En invierno será la ceremonia de coronación del primer príncipe y tendré que ir a la capital… así que antes debo dejar el territorio en orden.
Luisen ya había comprendido que su poder provenía de su territorio y ahora estaba decidido a protegerlo como se debía.
Si quiero traer al Santo al territorio, tengo que hacerlo bien. No puedo seguir mostrando este lado lamentable.
El Santo de Luisen. Un peregrino manco, sin nombre.
Encontrarlo y traerlo a su territorio para devolverle todo lo que había hecho por él; ese era ahora otro de sus objetivos.
Cada vez que pensaba en ese peregrino, le dolía el pecho. Aquel hombre lo había salvado cuando no tenía nada, cuando era miserable y él no había podido ofrecer nada a cambio. Ahora, en cambio, estaba decidido a entregarlo todo para corresponderle.
Al día siguiente de rendirse, le había preguntado a Ruger cómo encontrar a alguien, pero con el castillo bloqueado por Carlton, no podía hacer nada.
Ánimo. Tengo que hacer que Carlton se vaya cuanto antes, solo así podré encontrar al Santo.
Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para comentar y formar parte de la conversación TokkiNovel 💜
Aún no hay comentarios. Sé la primera personita en comentar 💜