Capítulo 18
“Sí”
Su subordinado no era alguien que dijera tonterías. Eso significaba que la predicción de Luisen había vuelto a acertar una vez más. Aun así, no podía creerlo hasta verlo con sus propios ojos.
“Tengo que comprobarlo”
“Vayamos al campanario, es el punto más elevado de toda esta zona, así que desde allí se verá bien”
Carlton estuvo completamente de acuerdo con la sugerencia de Luisen. En realidad, Luisen la había hecho simplemente porque no quería perderse el impresionante espectáculo de la plaga de langostas ardiendo.
De cualquier forma, sus intereses coincidían, así que ambos se dirigieron hacia el campanario.
***
El campanario, el edificio más alto de la Casa Ducal.
Carlton y Luisen subieron hasta la cima. Para ser un campanario no era especialmente alto, pero el castillo se alzaba sobre una suave colina y todo lo que lo rodeaba eran llanuras. El cielo estaba despejado, por lo que se podía ver a gran distancia. El viento soplaba desde la dirección del río y las espigas de trigo maduras se inclinaban en largas ondulaciones siguiendo su curso.
Era un paisaje hermoso y pacífico, pero en el aire ya se respiraba el aroma de la guerra.
El cielo estaba completamente negro y en la tierra, los grupos de autodefensa reunidos de los pueblos cercanos formaban filas con una disciplina impecable.
La situación estaba al borde de estallar. Las palmas de Luisen comenzaron a sudar.
Y entonces, langostas y humanos chocaron de frente. En ese preciso instante, un fuego devastador brotó al unísono de las Llamas Sagradas. Las descomunales llamaradas decoraron el cielo despejado, ardiendo con un esplendor magnífico. Las langostas que iban a la vanguardia se convirtieron en cenizas y cayeron a la tierra como una lluvia densa.
Sin embargo, el enjambre de langostas no retrocedió. Se abalanzaron como un rebaño enfurecido, devorando a la gente a su paso.
Visto a través de los binoculares, el frente de batalla era un auténtico infierno.
Langostas gigantescas, del tamaño de un puño, volaban de un lado a otro golpeando las cabezas de los combatientes con impactos secos. Mordían la carne y desgarraban la ropa. El incesante y agudo zumbido de sus alas ensordecía los oídos y la vista se nublaba ante la marea de insectos que lo cubría todo. Era un escenario donde caer en un pánico absoluto habría sido lo más normal del mundo.
Aun así, la gente no cedió. Siguieron usando las Llamas Sagradas, quemando a las langostas una y otra vez. Las cenizas caían como lluvia pesada y el humo negro terminó por cubrir el cielo.
Sí ¡Eso es!
Luisen apretó el puño con fuerza. La sangre sureña que dormía en lo más profundo de su pecho comenzó a hervir.
Los que saqueaban contra los que protegían.
Las langostas contra los humanos.
La batalla entre ambas especies por la supervivencia continuaba con ferocidad. Aunque habían muerto innumerables langostas, su número seguía siendo abrumador. Las langostas no perdieron el tiempo lamentando la muerte de sus compañeras; divididas en decenas de enjambres, aprovecharon el viento y se dispersaron en todas direcciones.
Dejando atrás únicamente humo negro y olor a quemado, el primer enfrentamiento llegó a su fin.
Seguramente la batalla contra las langostas estallaría en algún otro lugar. Sin embargo, tras presenciar el combate de hoy, Luisen sintió que ya no había de qué preocuparse. La gente se había preparado con todas sus fuerzas y había luchado con el alma.
Luisen estaba convencido de la victoria de la humanidad.
“Jajaja”
Al disiparse la tensión, una risa escapó de sus labios de forma natural.
“¿No es realmente impresionante?”
Bajo la luz clara del sol, Luisen ssonrió con una frescura radiante. Carlton, por su parte, lo miró con expresión desconcertada.
“Sí… De verdad son langostas”
La verdad era que a Carlton las langostas no le importaban demasiado. Claro que era un espectáculo curioso, pero había algo que le resultaba mucho más fascinante; Luisen.
¿Cómo predijo esto? Nadie en el territorio sabía nada sobre las langostas.
Bajo el cielo despejado, Luisen parecía simplemente un joven señorito delicado, criado entre comodidades. Era hermoso, pero no daba la impresión de poseer una mente estratégica tan extraordinaria.
De verdad no lo entiendo.
¿Era inteligente o tonto?
¿Capaz o incompetente?
¿Altruista o egoísta?
De pronto, Carlton sintió una extraña inquietud en el pecho.
Luisen, riendo tan abiertamente ya no parecía una bonita estatua tallada con perfección. Parecía una persona viva y cuanto más pensaba que comprendía sus acciones y lo que ocurría dentro de su cabeza, más oscuro e indescifrable le parecía todo. Una intensa curiosidad comenzó a arrastrar a Carlton.
***
La guerra contra la plaga de langostas terminó con la victoria de la humanidad. Gracias a los preparativos realizados con antelación, los daños también fueron mínimos.
Hemos superado esta crisis sin problemas.
Según recordaba Luisen, ya no quedaban acontecimientos especialmente graves por delante, así que por fin parecía que podía relajarse.
Sin embargo, apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento cuando surgió otro problema.
Como era de esperar, el origen de ese problema era Carlton.
Al salir del despacho de Carlton, Luisen soltó un largo suspiro. Al verlo tan decaído y sin pizca de energía, como si le hubieran extraído hasta la última gota de fuerza, Ruger le preguntó preocupado.
“¿Se encuentra bien?”
“No, no estoy bien”
“¿Qué le ha dicho Carlton?”
“Dice que va a marchar hacia la casa Vinard”
En cuanto las langostas tocaron tierra, dos de las tres familias restantes enviaron a toda prisa emisarios de rendición. Luisen había esperado que la última también se rindiera, pero se mantenían en absoluto silencio sin dar señales de vida.
“¿Vinard…? ¿No queda lejos de aquí?”
“Sí, está lejos. Por eso dice que irá a atacarlos llevando solo a la caballería”
Aunque lo llamaba ‘expedición’, el territorio de la familia Vinard no era muy grande ni poderoso, por lo que era dudoso que llegara a desatarse una batalla real ¿No podían simplemente ignorar a esa única familia? Una vez que se definiera el rumbo de las cosas, la casa Vinard también se sometería dócilmente al primer príncipe. Sin embargo, parecía que Carlton no opinaba lo mismo.
“Y dice que yo también tengo que ir”
“¿Está loco?”
Ruger casi saltó del susto.
“¿A dónde pretende arrastrar al Duque? ¿A un campo de batalla? ¿Ha perdido la cabeza?”
“No lo sé…”
“¿Pero para qué se lleva al Duque si no le va a servir de nada? ¿Acaso pretende usarlo como escudo para convencerlos o algo así? ¡Sabe perfectamente que eso no funcionará!”
“Mira que tienes una forma de decir las cosas…”
A pesar de las bruscas palabras de Ruger, Luisen no pudo evitar estar de acuerdo.
“Pero es verdad, no creo que me lleve porque le vaya a ser de utilidad”
“¿Entonces, por qué?”
“Quizá lleva como rehén… ¿o solo quiere fastidiarme?”
“Maldito bastardo engreído. En serio, ese plebeyo se ha vuelto loco por estar en un puesto que le queda grande”
El rostro de Ruger se deformó con una profunda mueca de desprecio.
“Te he dicho que cuides lo que dices”
“¡Es que da una rabia…! Pero esto es un problema serio. Si solo van a llevar a la caballería, eso significa que el Duque también tendrá que montar a caballo.
“……”
En realidad, esa era la peor parte. La destreza de Luisen para la equitación era lamentable; no es que simplemente fuera malo, sino que era alarmantemente torpe. Si alguien no le sostenía las riendas, ni siquiera podía subirse al caballo y ni hablemos de galopar, le costaba trabajo incluso avanzar al paso.
¿Y ahora tenía que partir junto a la caballería de Carlton, famosa por su destreza? Incluso para Luisen aquello sonaba absurdo.
“¿Por qué no le dice simplemente que no sabe montar?”
“…Ya se lo dije”
Intentó explicarlo con tacto, diciendo que sus habilidades de equitación eran tan pobres que solo acabaría siendo un estorbo, pero Carlton ni siquiera le prestó atención. Era evidente lo que pensaba.
‘¿Un noble que no sabe montar? ¿Qué clase de mentira ridícula es esa?’
La expresión burlona de Carlton lo decía todo.
“Parece creer que estoy exagerando porque no quiero acompañarlo en la campaña”
“…¿Y ahora qué hacemos?”
“Estaré bien, supongo que solo tendré que seguirlos…”
Ruger quiso señalar que lo más difícil era precisamente seguirlos, pero se contuvo ¿De qué serviría decirlo? A esas alturas ya no había nada que pudieran cambiar.
Luisen y Ruger continuaron caminando por el pasillo en silencio, envueltos en una atmósfera extrañamente sombría. Entonces escucharon unas voces conversando animadamente en algún lugar cercano.
“Oye ¿No es increíble nuestro Lord?”
“¿Te refieres a cómo negoció las rendiciones con Carlton y los otros nobles? ¿Y además detuvo la plaga de langostas?”
Aquello captó inmediatamente su atención.
Luisen y Ruger se detuvieron y buscaron el origen de las voces. Más allá de una ventana, en un terreno abierto, varios sirvientes estaban reunidos charlando. Como estaban de espaldas a la ventana parecía que no se habían dado cuenta de que Luisen pasaba por allí.
“No lo parecía, pero creo que es realmente inteligente”
Ejem, Las comisuras de los labios de Luisen temblaron ligeramente.
Últimamente cada vez hay más gente que me ve con buenos ojos.
Cuando se cruzaban con él en los pasillos, lo saludaban cortésmente; los suspiros y los insultos descarados habían desaparecido. Los sirvientes más ancianos se conmovían al verlo y una de las doncellas incluso le había entregado tímidamente unas galletas hechas por ella misma.
Es bastante gratificante, se siente muy bien.
Los elogios siempre eran una delicia y lo eran aún más sabiendo que venían de personas que antes hablaban pestes de él. El orgullo florecía en su pecho en la misma medida en que había sufrido.
Sin embargo, otra voz interrumpió el ambiente con un abucheo.
“Bah, seguro que fue pura suerte”
“¿Cómo va a ser pura suerte? Nos previno contra el enjambre de langostas, gracias a eso logró que todos los Lords se rindieran y de paso, ese tal Carlton también se benefició y se marchará pronto. Así ya no podrá seguir menospreciando a nuestro Lord”
“Pero si ese hombre se la pasaba encerrado en el castillo ¿Cómo iba a saber lo de las langostas? Ni el administrador ni el tesorero tenían idea”
“Acaba de volver de la capital, seguro que oyó algo allí”
“¿La capital? Si allá se la pasaba borracho haciendo el ridículo. Estaba demasiado ocupado divirtiéndose con actrices”
“…¡Bueno, como sea, con esto dejó bien en alto el prestigio de nuestro Ducado!”
“¿No está solo reconstruyendo la autoridad que él mismo destruyó?”
Los dos sirvientes discutían acaloradamente, sin ceder un solo paso.
“¿Yo… me divertía con actrices…?”
“Sí ¿No lo recuerda?”
“Mmm”
Ruger lo observó con expresión sospechosa, pero Luisen evitó su mirada con toda naturalidad. Mientras tanto, la conversación de los sirvientes continuó.
“Aun así ¿No creen que nuestro Lord ha cambiado de repente?”
“El otro día discutí con unos soldados de Carlton y apareció para defenderme. Les dijo que, si tenían alguna queja sobre sus sirvientes, se la dijeran directamente a él”
“Ya no bebe, termina las comidas sin quejarse y tampoco pone pegas por cualquier cosa. ¿Cómo decirlo…? Se ha vuelto mucho más sencillo y accesible.
“Ya no bebe, se termina toda la comida sin quejarse y no se pone quisquilloso. Es como si se hubiera vuelto más… no sé, más accesible”
“Además, con lo salvaje que es Carlton cuando lo presiona, él se lo aguanta todo ¿De verdad era una persona tan paciente?”
—No, para nada. Antes tenía menos paciencia que mi hijo de cinco años. Dicen que las personas cambian ante las crisis y parece que es verdad”
Los sirvientes empezaban a notar, poco a poco, el cambio en Luisen. Desde detalles tan insignificantes como no quejarse de la comida, hasta su firmeza para soportar el trato injusto de Carlton con tal de proteger a sus sirvientes; su actitud se había convertido en una gran fuente de sorpresas para todos los que trabajaban en la mansión.
Sin embargo, donde había quienes veían el cambio con buenos ojos, también estaban los que opinaban lo contrario. Cuanto más mejoraba la reputación de Luisen, más se empeñaban algunos en llevar la contraria con los dientes apretados.
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