Capítulo 19

“Hay que elogiar lo que realmente merece elogio. Siendo sinceros, hasta ahora había sido demasiado. Si no reaccionaba a estas alturas, ya sería un completo idiota”

“Oye, pero aun así…”

“Sinceramente ¿Habríamos tenido que pasar por tantas penurias si no fuera por el Lord? Todo esto es su propio karma. Incluso abajo, en el pueblo…”

Sin poder aguantar más, Ruger intervino.

“¡Malditos bastardos!”

En cuanto Ruger abrió la ventana de golpe, los sirvientes huyeron a toda prisa.

“Les vi perfectamente las caras a todos. No lo voy a dejar pasar”

“Pero si ni siquiera te sabes sus nombres”

“Bueno, eso es verdad, pero…”

“Déjalos. En su ausencia, la gente habla mal hasta del rey ¿Qué más da?”

“Pero…”

Ruger siguió los pasos de Luisen, mirándolo de reojo para tantear su reacción.

“No les preste atención, Duque. Dicen cosas más crueles solo porque ahora hay gente que habla bien de usted. Todos los demás no dejan de llenarlo de elogios”

“Ya te dije que no me importa”

“Es verdad. Todos dicen que el Lord restauró la autoridad de la Casa Ducal”

“Ah, sí”

Ruger seguía intentando consolarlo una y otra vez. Luisen, ya un poco fastidiado, le respondía con desgano. No lo decía por cumplir; a Luisen realmente no le afectaba en lo absoluto.

Si hubiera sido en el pasado, ya estaría llorando desconsoladamente mientras bebía…

Louisen lo estaba sobrellevando con serenidad. En momentos como este, se notaba con claridad cuánto había cambiado. Al verlo actuar con esa indiferencia, como si fuera alguien que ya había pasado por mil batallas, una sombra de ansiedad cruzó por el rostro de Ruger.

 

***

 

En medio de esa atmósfera de inquietud, se fijó la fecha de la partida hacia la campaña. Luisen se estrujó los sesos buscando una forma de no ir, pero todos sus intentos resultaron en vano.

Y así, llegó la noche anterior a la campaña. La noche avanzaba y él seguía sin poder conciliar el sueño, cuando un visitante inesperado llamó a su puerta.

 

Capítulo 3. Jamás imaginé que acabaría así.

 

Un hombre de mediana edad y de una complexión tan grande que le sacaba una cabeza entera a Louisen.

Era el capitán de los caballeros de la Casa Ducal. Sin embargo, tenía un aspecto muy distinto al habitual. Siempre había estado orgulloso de su barba gris y la mantenía cuidadosamente arreglada, pero ahora estaba descuidada y desordenada en todas direcciones. Era posible percibir claramente todo el sufrimiento que había soportado durante ese tiempo.

“¿Capitán? Ah, pasa primero”

¿Qué ocurría?

Louisen estaba desconcertado, pero aun así lo invitó a entrar. Como ya era tarde, había enviado a Ruger a descansar, así que era el único que se encontraba en la habitación. Los dos se sentaron frente a frente en la mesa.

A la luz de las velas, las arrugas grabadas en el rostro del capitán parecían aún más profundas. Al verlo tan envejecido y agotado, Louisen lo observó con una sensación extraña. Resultaba sorprendentemente inquietante encontrarse vivo y frente a frente con alguien que había muerto hacía mucho tiempo.

Tras vacilar un momento, el capitán habló.

“Su aspecto ha mejorado mucho”

“…¿De verdad?”

Louisen se tocó el rostro con incomodidad, no estaba seguro. Por alguna razón, escuchar algo así le daba vergüenza.

“Entonces ¿Qué te trae por aquí?”

“He oído que partirá mañana”

“Así es. Ya te enteraste”

“Deberíamos acompañarlo, pero lo siento mucho”

El capitán inclinó profundamente la cabeza.

“No hace falta disculparse. Carlton no lo habría permitido”

“……”

Quizás, si Luisen hubiera dicho que se llevaría a los caballeros o si los caballeros hubieran insistido en acompañarlo, Carlton no se habría negado rotundamente. Sin embargo, prefirió no mencionar esa parte. El capitán de los caballeros parecía consciente de ello, pues su rostro reflejaba cierta incomodidad.

Tras un momento de incómodo silencio, el capitán sacó una pequeña bolsa de su uniforme. Dentro había una pulsera de platino de acabado pulido.

“Tiene un hechizo protector. Si agita el brazo que lleva la pulsera, podrá usarla como un escudo”

Luisen rebuscó en sus viejos recuerdos y recordó una pulsera que el capitán atesoraba con el alma. Había sido un regalo del anterior Duque como recompensa por una gran hazaña que el capitán había logrado. Él la limpiaba y le sacaba brillo todos los días, cuidándola como su mayor orgullo.

“¿De verdad está bien que me des esto?”

“Espero que no tenga que usarla, pero nunca se sabe. Me disculpo por no tener nada más que ofrecerle ahora que parte hacia un lugar tan peligroso”

“No te preocupes, no es necesario…”

“De todos modos, no me sirve de nada tenerla guardada aquí”

“……”

La llama de la vela vaciló ante un suspiro que no se supo de quién provino. Contemplando las sombras parpadeantes, Luisen se humedeció los labios secos. Con bastante dificultad, finalmente se animó a pronunciar las palabras que había querido decirle al capitán durante muchísimo tiempo.

“Lo siento mucho, de verdad”

Los caballeros que el capitán había formado con tanto esfuerzo fueron enviados al Segundo Príncipe y ahora ni siquiera se sabía si seguían vivos o muertos. Aun así, nunca se había quejado ante Louisen y había estado dispuesto a luchar en el frente para protegerlo. Sin embargo, Louisen había vuelto inútiles incluso esos sacrificios; en la vida anterior fue con su huida nocturna, esta vez con su rendición. Aunque la elección actual era la mejor para él, el capitán no tenía forma de saberlo.

Tras permanecer un momento en silencio, el capitán habló con una voz pesada.

“Somos los caballeros de nuestro Lord. No deberíamos atrevernos a albergar descontento por la forma en que decida utilizarnos”

“……”

“Pero, siendo sincero… no puedo hacerlo. Como caballeros de la Casa Agnies, todos sentimos un profundo orgullo. Me duele que usted no lo comprenda, mi Lord”

El hecho de que no hubieran sido rivales para Carlton, que la batalla en la que estaban dispuestos a morir se volviera insignificante por la rendición de Luisen, y que este hubiera actuado de forma arbitraria sin intentar siquiera persuadirlos.

Todo aquello les hacía sentir que Luisen no confiaba en ellos. Por eso, su orgullo estaba herido; se sentían decepcionados y resentidos.

“Sé que odia este lugar, mi Lord. Y que se siente incómodo con nosotros, sus vasallos, pero aun así… ¿No podría habernos intentado convencer un poco más?”

“… Estaba demasiado desesperado”

Era un problema que Luisen no había podido evitar; en aquel momento, esa fue la mejor opción que tuvo. Parecía imposible reducir la distancia entre sus puntos de vista. Un breve silencio cayó entre ambos.

Luisen podría haber salido de la situación con palabras dulces para apaciguarlo, pero no lo hizo. Precisamente por eso, su disculpa se sintió más sincera. El silencio se prolongó unos instantes hasta que el capitán se puso en pie. Sus movimientos fueron directos, como si su único propósito real hubiera sido entregar la pulsera.

“He hablado de cosas innecesarias. Me retiro ahora”

El capitán salió de la habitación. Luisen soltó un suspiro al ver su actitud cortés y perfecta hasta el momento de cerrar la puerta.

El capitán todavía guardaba resentimiento hacia Luisen. Sin embargo, no podía dejar que su Lord partiera hacia un lugar tan peligroso sin más, por lo que había venido a entregarle su posesión más preciada.

“Qué hombre tan terco…”

Precisamente por ser así, era natural que esta situación lo hubiera herido más que a nadie. Para Louisen también era doloroso contemplar a un viejo servidor consumido por tantas preocupaciones, si tan solo hubiera sabido antes la clase de personas maravillosas que lo rodeaban, si él hubiera sido alguien más digno del título de Duque de Agnies. 

No tenía sentido imaginar posibilidades que nunca existieron, pero aun así Louisen no pudo librarse de aquella amarga sensación.

Así transcurrió en silencio una noche más sin poder dormir.

 

***

 

Como siempre, el tiempo siguió avanzando y llegó la mañana. Louisen terminó de prepararse con una determinación solemne mientras Ruger lo ayudaba.

Se puso una cota de malla sobre la camisa y encima, un abrigo de cuero resistente e impermeable para no mojarse con la lluvia. También se ciñó la espada a la cintura. No olvidó colocarse en la muñeca derecha la pulsera que le había dado el capitán Aunque el equipo se veía tosco, todo era armamento de la más alta calidad hecho a la medida de Luisen, por lo que se ajustaba perfectamente a su cuerpo.

Debido a sus facciones delicadas y a su piel clara, Luisen no parecía un caballero. Sin embargo, aquel atuendo tan estilizado hacía resaltar aún más su porte de joven noble.

Cuando llegó al terreno despejado donde habían acordado reunirse, Carlton y sus hombres ya estaban allí reunidos.

“Jajajaja”

Todos estallaron en risas por algún chiste que habían hecho. El ambiente era tan relajado que parecía que se iban de caza en lugar de a la guerra.

“Parece que hizo bien en no ponerse la armadura de placas ¿Verdad?”

Ante el susurro de Ruger, Louisen asintió. Al principio, había planeado llevar una lanza y una armadura de placas que le cubriera todo el cuerpo. Pensaba que al ir a una batalla ese era el nivel mínimo de protección para estar a salvo.

Pero, al pensarlo mejor, Louisen nunca había recibido entrenamiento formal de caballero, así que no podía moverse correctamente con una armadura de placas y mucho menos montar a caballo con ella. Con lágrimas en los ojos, tuvo que renunciar a la idea.

Aunque los subordinados de Carlton eran caballeros, no se parecían en nada a la imagen típica de soldados armados de pies a cabeza. Incluso era raro ver a alguien que llevara una cota de malla. La mayoría vestía armaduras de cuero resistente con placas de hierro reforzando únicamente las zonas vitales.

Las armaduras de placas eran costosas y su mantenimiento requería mucho dinero; además, eran tan complejas que uno no podía ponérselas ni quitárselas solo. Teniendo eso en cuenta, era lógico que aquellos hombres, que eran prácticamente mercenarios, no estuvieran equipados formalmente.

“Incluso con lo que llevo puesto ahora parezco demasiado arreglado comparado con los demás. Si hubiera venido con la armadura de placas, habría sido el hazmerreír de todos”

Ruger asintió.

No, más bien, el problema era otro ¿Por qué diablos la gente que se iba a la guerra parecía no tener ningún sentido del peligro?

Es un contraste interesante; Luisen está muerto de miedo y preparándose como si fuera al fin del mundo, mientras que los mercenarios de Carlton actúan como si fueran a un picnic.

Por más que los mire, parecen estar yendo a un entrenamiento.

Comenzó a sospechar seriamente ¿Y si el ataque contra la familia Vinard no era más que un ejercicio para que los hombres no perdieran práctica? La duda fue creciendo poco a poco.

La actitud entusiasmada de Carlton solo alimentaba aún más esa sospecha. Ahora que lo pensaba, había dicho que dejarían atrás a la infantería y que solo llevarían a un pequeño grupo de caballería.

Cuando sus miradas se cruzaron, Carlton se acercó.

“Duque. Ya vamos a partir”

“Espero no terminar siendo un estorbo”

“Con que nos siga sin problemas será suficiente”

“……”

Después de decir eso, Carlton montó a caballo con una habilidad impecable. La manera en que tiró de las riendas para cambiar la dirección del animal era tan natural que parecía formar una sola entidad con él, era un nivel que Louisen no podría alcanzar ni aunque pasara diez años practicando únicamente equitación. Montado sobre el caballo, Carlton tenía una presencia tan impresionante que cualquier hombre podría admirar.

Yo también monté a caballo desde que era niño, entonces ¿Por qué…?

¿Sería esa la diferencia entre alguien con talento y alguien sin él? Louisen se sintió abatido.

“Duque, es hora de montar”

“A-ah… Asegúrate de sujetarme bien”

“Por supuesto”

Con la ayuda de Ruger, Louisen consiguió montar a caballo a duras penas. Al elevarse su campo de visión, sintió un mareo repentino. Se aferró a las riendas con tanta fuerza como si fueran su única línea de vida y el caballo, que pareció notar su ansiedad, soltó un relincho suave y sacudió la cabeza.

Uf…uff…

Louisen soltó un gemido.

“¡Avanzaremos a toda velocidad! Supongo que aquí no hay ningún idiota que haya olvidado cómo montar a caballo en este tiempo ¿Verdad?”

¡Aquí! ¡Aquí hay uno!

Luisen se moría de ganas de levantar la mano, pero como había demasiados ojos mirándolo, no se atrevió a hacerlo.

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