Capítulo 15

“Vaya, pero miren quién apareció ¿No es el Duque? como no venía por aquí, llegué a pensar que se había olvidado de alguien como yo”

Carlton se esforzó por sonreír mientras ocultaba su irritación. Sin embargo, Luisen volvió a bajar la mirada, como si ni siquiera valiera la pena tratar con él.

Por otro lado, Luisen estaba pasándolo fatal. Había evitado el contacto visual por puro miedo a que Carlton cambiara de actitud repentinamente y lo atacara, pero no podía dejar de fijarse en la daga que el hombre sostenía en su mano.

¿Y esa daga por qué la tiene? Dios, esto me está volviendo loco ¿Piensa lanzármela porque llegué tarde?

Una persona podía retrasarse un poco ¿No? No podía creer que no pudiera esperar ni un poco y lo aguardara con una daga en la mano. Luisen empezó a comprender por qué, a pesar de haber ayudado al príncipe a subir al trono, Carlton terminó siendo purgado. Con ese temperamento, hasta el propio príncipe le tendría miedo y querría deshacerse de él.

“……”

Ruysen tragó saliva con dificultad. Había corrido tanto que ya sentía sabor a sangre en la boca.

“… ¿Cómo podría olvidarlo? ¿Cómo iba a olvidar una petición suya?”

Habló lo más calmadamente posible. En parte porque sentía que si bajaba la guardia, empezaría a jadear de forma patética, y también porque no quería provocar a Carlton. Lo que no sabía era que esa actitud enfurecía aún más a Carlton. Luisen ignoraba por completo cómo lo veían los demás; en su mente, todavía se recordaba a sí mismo con el aspecto miserable de sus días como vagabundo.

La expresión de Carlton se volvió más feroz. Su mirada recorrió a Luisen de arriba abajo, como si buscara desesperadamente algo de lo que quejarse, hasta que se detuvo en sus manos.

¿Ah, sí? Entonces, ¿dónde están las llaves y los libros de contabilidad?

Ah. Cierto.

Solo entonces Luisen se dio cuenta de que había llegado con las manos vacías. Con las prisas, había dejado todo en el despacho del administrador

“Bueno… es que de pronto recordé algo urgente”

“¿De verdad existe algo más urgente que mi petición para el Duque?”

Luisen empezó a sudar a mares. No sabía dónde había aprendido Carlton esa manera de acorralar a alguien mientras sonreía, pero cada palabra se le clavaba en el pecho como una cuchilla. Creía que Carlton solo sabía blandir espadas, jamás imaginó que también tuviera semejante lengua afilada.

Luisen reprimió con todas sus fuerzas las ganas de salir corriendo de la habitación.

“Ejem… Bueno, la verdad es que se me ha ocurrido un excelente plan”

¿Dicho así, no sueno como un estafador? pensó Luisen. Antes de que Carlton pudiera soltar algún 

“Sé que te preocupa el asunto de obtener la rendición de los Lords del sur. Yo puedo resolver ese problema por ti”

¿No tienes curiosidad? ¿Qué te parece?

Luisen lanzó el anzuelo con expectación, pero la reacción de Carlton fue de total indiferencia.Todo en él decía que jamás se había preocupado por algo así.

“Conozco bien tu fuerza y la potencia de tus tropas, pero si existe una forma de hacerlos rendirse sin combatir ¿No sería ese un camino mucho más sencillo?”

“Supongo que sí, pero que el Duque se preocupe tanto por mí me resulta bastante sospechoso”

Qué tipo tan listo. No por nada era un mercenario que se había hecho a sí mismo y cuyo nombre quedaría en la historia. Si hubiera sido yo, pensó Luisen, en vez de sospechar habría aplaudido y pedido que me contaran el plan de inmediato.

Luisen hizo todo lo posible por mantener la compostura.

Mientras corría por los pasillos sintiendo que se le reventaban los pulmones, de pronto recordó algo del futuro.

Antes de su regresión, aprovechando el caos de la política interna, una plaga de langostas aterrizó en el sur sin previo aviso. En aquel entonces, los habitantes del sur volcaron todos sus recursos en la lucha contra los insectos. Después de todo, daba igual la política o el poder; primero había que sobrevivir para poder pensar en el futuro.

Con absoluta confianza, Luisen le dijo a Carlton.

“Difunde el rumor de que se aproxima una plaga de langostas. Si lo haces, los Lords del sur se apresurarán a rendirse. No tendrán energía para luchar contigo mientras se preparan para la guerra contra las langostas”

“…¿Langostas?”

¿Qué demonios estaba diciendo? Carlton dudó de sus propios oídos ¿Langostas? ¿Ese bicho que él conocía? ¿Esos insectos verdes del tamaño de un dedo que comen hierba?

“Sí, langostas” Luisen asintió

Carlton apretó con fuerza la daga.

“¿Se está burlando de mí?”

La guerra civil había terminado, el Ducado de Agnies había sido derrotado por Carlton y su infamia se había extendido una vez más por todo el reino; aun así, los Lords del sur no se habían inmutado. Durante su estancia en el castillo del Duque, Carlton había enviado varias amenazas exigiendo su rendición y el apoyo al Primer Príncipe. Sin embargo, aquellos hombres resistían considerando que agachar la cabeza ante un mercenario de origen humilde hería su orgullo.

¿Y esos hombres iban a rendirse solo porque llegaran unos cuantos insectos en masa? Carlton estaba estupefacto ¿Ahora se estaba burlando de él? La irritación empezaba a subirle, pero el rostro de Luisen era completamente serio.

“Hablo totalmente en serio¿Por qué razón me pondría a bromear contigo?

Si estaba tan aterrorizado que ni siquiera podía sostenerle la mirada ¿Cómo iba a estar bromeando? Antes le daba un infarto.

“Si habla en serio, entonces me decepciona todavía más ¿Eso es todo lo que se le ocurrió? La guerra no es un juego de niños”

Carlton incluso se burló de él. Al verlo así, Luisen chasqueó la lengua para sus adentros.

Ah, esta gente del Norte…

No entendían el verdadero terror de las langostas.

Tal vez pensaran que esos pequeños bichos no podían ser para tanto, pero una plaga de langostas podía devorar comida suficiente para decenas de miles de personas en un solo día; granos, hierba de los campos, árboles frutales, si podía comerse, ellas se lo tragaban todo.

Si perdías una lucha política te quitaban el poder y gran parte de tus riquezas, pero al menos te dejaban comida suficiente para sobrevivir. En cambio, si perdías contra una plaga de langostas, lo único que quedaba era una tierra baldía donde ni una brizna de hierba sobrevivía.

“Si no se responde adecuadamente a una plaga de langostas en esta época, se llega al invierno con las manos vacías. Muchísima gente moriría de hambre”

El poder de un Lords dependía de los impuestos y de la cantidad de habitantes de su territorio. Si dejaban avanzar a las langostas, disminuirían tanto los ingresos como la población. Aunque lograran soportar el invierno y llegara la primavera, no habría semillas que sembrar ni hombres para trabajar; el sufrimiento no tendría fin.

“Puede que para ti no sea gran cosa, pero para los Lords del sur está en juego el destino de sus territorios. Si tienen que elegir entre el peor de los males y el mal menor, elegirán el mal menor”

El peor de los males era enfrentarse a Carlton y ser aniquilados por las langostas mientras peleaban; el mal menor era rendirse ante él para poder concentrarse tranquilamente en prepararse contra la plaga.

En el momento en que aparecieran las langostas, Carlton dejaría de ser la mayor de sus pesadillas.

“¿Me está diciendo… que yo y mi ejército somos menos que unos malditos insectos?”

“Es una forma de hablar. El caso es que se rendirán sí o sí. Aunque, más que difundir simples rumores, sería mejor enviar un comunicado oficial a nombre de la Casa Ducal. Todo el mundo está pendiente de los movimientos de la Casa Ducal”

Por fin, Luisen llegó al verdadero punto de toda aquella larga explicación llena de rodeos.

Tal como Carlton había señalado con agudeza, Luisen no estaba preocupado por él en absoluto. Aunque Carlton estuviera rompiéndose la cabeza pensando en cómo resolver el problema, a Luisen eso no le importaba.

Si había empezado diciendo que quería ayudarlo, era únicamente por su propio beneficio.

Lo único que Luisen deseaba tanto antes como ahora, era vivir el resto de su vida disfrutando de lujos como Lord de una rica Casa Cucal, escondido tranquilamente en su tierra natal junto al peregrino manco y para lograrlo, no podía permitir que las langostas se llevaran ni un solo grano de trigo.

¡Había que prepararse para la guerra contra las langostas!

Por suerte, contaban con la gran obra maestra de la ingeniería mágica; la gloriosa invención conocida como la Llama Sagrada.

¡Con eso, reducirían a cenizas a esas nubes negras de langostas que llegaban cabalgando el viento!

Para lograrlo, era necesario enviar un comunicado oficial bajo el nombre de la Casa Ducal, pero estaba claro que Carlton no daría su permiso tan fácilmente. Cuanto más le suplicara Luisen, más arrogante se volvería Carlton y más disfrutaría viendo a Luisen consumirse en la ansiedad.

Por eso, Luisen quería que fuera el propio Carlton quien, por voluntad propia y para alcanzar sus propios objetivos, enviara el comunicado. Y de paso así podría cobrarle el favor de haberlo ayudado.

“Entonces ¿Qué te parece? ¿Harás lo que digo? Tú tampoco sales perdiendo ¿No?”

Era una propuesta que Carlton, ansioso por poner orden en el sur lo antes posible para regresar a la capital, no tendría más remedio que aceptar.

Je. Luisen Agnies… te has vuelto bastante listo si hasta eres capaz de tramar algo así.

Luisen se elogió a sí mismo mentalmente, atribuyéndole toda la gloria de su ingenio al Gran Santo.

Carlton lo observó en silencio un momento antes de hablar.

“He escuchado atentamente la opinión de su excelencia”

“Bien, yo mismo puedo ayudarte a redactar el comunicado”

“Ah, no hace falta que se moleste”

“¿……?”

“Porque no pienso hacer lo que usted propone”

“¡¿Qué?! ¿Por qué?”

¿Todavía cree que lo de las langostas es una broma? ¡Después de lo bien que se lo he explicado!

Luisen alzó la voz sin darse cuenta.

“No puedo confiar en sus palabras, mi Lord”

“¿Eh? ¡Pero te digo que se rendirán sí o sí!”

“Eso ya se verá… aunque más bien ¿Cómo decirlo? Todo esto me da la impresión de que al único que beneficia es al Duque”

“¿Qué?”

“Siento que tiene otras intenciones ocultas. Por ejemplo… enviar un comunicado oficial”

“Me pregunto si no tendrá alguna otra intención oculta ¿Quizás algo relacionado con el envío de ese comunicado?”

“…¿Y-yo por qué querría…?”

“¿O tal vez porque tiene miedo de lo que yo podría exigirle a cambio de permitirle enviar ese comunicado oficial?”

¿Cómo lo supo? Es como un demonio ¿Tendrá algún poder para leer la mente? pensó Luisen. Bueno, si Carlton realmente tuviera poderes sobrenaturales, no habría sido abandonado por el Primer Príncipe en su vida pasada, pero aun así…

Luisen entrecerró los ojos y examinó a Carlton de arriba abajo con sospecha.

“…No es así. Yo solo intento ayudarte con las mejores intenciones”

Luisen decidió insistir hasta el final.

Carlton soltó una pequeña risa burlona, como si aquello le pareciera ridículo.

“A mí también me gustaría confiar en usted, Duque, pero he pasado por demasiadas cosas en la vida y terminé convirtiéndome en alguien incapaz de confiar fácilmente en los demás…”

“¿Y entonces…?”

“Creo que podría confiar un poco más si me mostrara algo más de sinceridad”

“¿Y qué esperas de mí?”

“¿Qué es lo que quieres?”

“Haré lo que dice; difundiré los rumores sobre las langostas y esperaré la rendición de los Lords, pero a cambio, si algún Lord no se rinde a pesar de los rumores, tendrá que ayudarme con eso”

“¿Yo?”

Tanto Luisen como Carlton y prácticamente todo el mundo, sabían perfectamente que Luisen no tenía capacidad para ayudar en una guerra.

“Solo necesito que permanezca a mi lado”

“Espera… ¿Quieres decir que debo acompañarte cuando salgas de campaña?”

“Sí”

Carlton sonrió amablemente.

Un escalofrío recorrió a Luisen de pies a cabeza ¡Así que ese era su verdadero plan! ¡Llevarlo al campo de batalla para usarlo como escudo humano!

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