Capítulo 25

Tras completar su patrulla por la Región del Sur, Jing Feirong llegó a la Región del Norte. De pie frente a la barrera del Pantano Marchito contempló fijamente desde lejos el Sello Demoníaco, dentro del cual estaban aprisionados el alma y el espíritu de su papá.

Se oyeron pasos detrás de ellos cuando Yu Cang se acercó a Jing Feirong “Su majestad ya le informó a Su Alteza”

“Mhm” Jing Feirong asintió con la cabeza y luego sonrió “Solía preguntarme por qué una Deidad Suprema como su Majestad serviría como un subgeneral en el Inframundo. Ahora me doy cuenta de que simplemente estaba protegiendo a mi papá.”

Miro a Yu Cang “¿El Rey del Inframundo también conocía a mi papá?”

“En nuestra juventud, el Primer Principe y yo fuimos guiados en nuestra formación por las dos Deidades Supremas.”

“Así que su majestad y mi papá pueden considerarse sus maestros. No es de extrañar…”

No es de extrañar que haya habido más de siete mil años de una determinación inquebrantable por rescatar a Yu Linyun. 

“Si no hubiera entrado en el reino ilusorio y descubierto estos acontecimientos pasados, ¿Cuándo pensabas informarme?” preguntó Jing Feirong.

“Ninguno de nosotros tenía una certeza absoluta” respondió Yu Cang. “Si no fuera porque el alma de su Majestad se estaba debilitando, no habría confiado el símbolo y la barrera a su Alteza tan prematuramente”

Jin Feirong pensó que ya era bastante tarde. Mientras Chu Yanchuan sostenía su inestable alma, esperando a que se hiciera lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a Chi Tuo, sufría el tormento de no poder extraer el alma de Yu Linyun antes, qué agonizante debía de ser eso. Debería haber compartido la carga antes, pero Chu Yanchuan no era así.

Jing Feirong se quedó en silencio por un momento antes de decir “Debo regresar”  

Su repentino anuncio dejó a Yu Cang sin palabras. Tras un momento de vacilación, respondió “De acuerdo.”  

Entonces Jing Feirong se secó las comisuras enrojecidas de los ojos y continuó “Echo de menos a su Majestad, debo regresar”

Yu Cang: ”…..”

Jing Feirong regresó al Palacio Celestial, pero se encontró con el Emperador Celestial en el camino. Desde aquel día en que recibió quinientos latigazos, esta era la primera vez que se reencontraban. Una sola mirada a él despertó en Jing Feirong un recuerdo incesante de los acontecimientos de hacía más de siete mil años: su padre, el Emperador, había estado decidido en utilizarlo para destruir al demonio, mientras que su papá había arriesgado su vida para rescatarlo.

Por el bien de todos los seres de los Seis Reinos, la distinción entre el bien y el mal a veces no tenía sentido. Sin embargo, nadie podía juzgar con la imparcialidad absoluta de una balanza. Dejarlo ir no era tarea fácil.

Su padre no era muy diferente de hace muchos años, salvo por un cambio en su expresión y su mirada. Su rostro seguía siendo tan apuesto y altivo como siempre, pero Jing Feirong se dio cuenta de repente de que nunca había visto sonreír a su padre. Al menos, nunca había sido testigo de esa misma calidez dirigida hacia Yu Linyun en el Reino Ilusorio.

Sus miradas se cruzaron por un momento, justo cuando el Emperador Celestial abrió la boca para hablar, Jing Feirong lo rodeó en silencio y siguió caminando, sin mirar atrás.

Tan pronto como Jing Feirong entró en el patio, vio a Chu Yanchuan, que estaba agachado arrancando con delicadeza un nenúfar del estanque. Al verlo regresar, Chu Yanchuan se enderezó se ajustó las mangas y dijo “Su Alteza ha regresado”

Solo entonces Jing Feirong sintió verdaderamente la realidad de su matrimonio; su compañero divino lo estaba esperando para que regresara a casa.  

“Mhm” Jing Feirong se acercó, miró el nenúfar del estanque y preguntó “¿Qué está haciendo su Majestad?”

“No tengo nada que hacer, así que eche un vistazo”

Jing Feirong no dijo nada, simplemente extendió los brazos para abrazar a su Majestad. Al notar su bajo estado de ánimo, Chu Yanchuan le acarició la cabeza y le preguntó “Alteza, ¿estás cansado?”

“No” Jing Feirong sorbió por la nariz y hundió la cabeza en el hueco del cuello de Chu Yanchuan. “Creo que su Majestad es el que está cansado.”

Chu Yanchuan se quedó en silencio y Jing Feirong continuó “La culpa, la impotencia, la espera infructuosa, la anticipación… cada una de ellas pesa mucho”

A eso se sumaba el anhelo infinito, el alma vacilante, la reacción violenta del símbolo. El colapso podía llegar en un instante y acabar con todo, apretar los dientes y aguantar no era más que una lenta tortura, una píldora amarga imposible de tragar.

Chu Yanchuan contemplaba la infinita extensión del cielo más allá de los muros del patio, con la mente perdida en sus pensamientos. Los dioses lo veneraban; nadie podía comprender sus pensamientos más íntimos. Sin embargo, Jing Feirong intentaba desnudarlo, centímetro a centímetro, hurgando en sus viejas heridas, tocando sus puntos débiles. Chu Yanchuan nunca admitiría su cansancio así que Jing Feirong habló por él.

Una profunda quietud flotaba en el aire, solo rota por el ocasional canto de los pájaros que pasaban por encima. Jing Feirong inhaló la fresca fragancia que permanecía en la piel de Chu Yanchuan y le dio un beso en el cuello. Poco a poco, los besos ascendieron desde la nuez de Adán hasta la mandíbula y luego a lo largo de la curva de la mejilla. Finalmente, tomó suavemente los labios de Chu Yanchuan y los lamió con su lengua.

Junto al estanque de lotos, bajo un árbol cargado de flores de peral, Jing Feirong abrazó a Chu Yanchuan por la cintura mientras se besaban. Sus labios se unieron, sus lenguas se entrelazaron y ambos hombres se sintieron conmovidos por el deseo. Sin embargo, Chu Yanchuan empujó ligeramente a Jing Feirong, respirando suavemente mientras murmuraba “Alteza, ahora no quisiera…”

No quería hacerlo porque aún no se habían divorciado. Cada vez que lo hacían el símbolo transfiere una parte de su poder a Jing Feirong. Chu Yanchuan teme que eso pueda volverse en su contra. Además, su alma se ha debilitado tanto que ha alcanzado un umbral crítico; incluso el espíritu del dragón podría tener dificultades para salvarlo.

Jing Feirong lo miró fijamente y dijo “Entonces nos besaremos hasta que Su Majestad quede satisfecho”  

Jing Feirong tenía la intención original de esperar hasta que Chi Tuo fuera derrotado antes de asumir el símbolo y soportar su reacción. Necesitaba asegurarse de que su cultivo fuera suficiente para enfrentarse a Chi Tuo, por lo que no podía arrebatar precipitadamente el símbolo restante de las manos de Chu Yanchuan; no sabía qué implicaría la reacción, cuándo comenzaría ni qué consecuencias traería. Una vez derrotado Chi Tuo, el Sello Demoníaco ya no necesitaría el símbolo para su supresión. Para entonces, tal vez se podría encontrar una solución.

Pero no podía esperar más. Se negaba a dejar que su Majestad soportara ni un momento más de agonía. Supuso que el Espíritu de Dragón tenía un efecto estabilizador sobre el alma de Chu Yanchuan. Por lo tanto, decidió actuar; el Espíritu de Dragón para Chu Yancuan, el símbolo para él mismo.

Antes de que Chu Yancuan pudiera volver a hablar, Jing Feirong lo tomó en sus brazos y lo llevó al dormitorio.  

Ese día, Jing Feirong no atormentó a Chu Yanchuan, mantuvo una sola postura durante todo el acto e incluso no le dejó ninguna marca de mordida a su Majestad. Sin embargo, por extraño que pareciera, aunque miraba fijamente el rostro de Chu Yanchuan, las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos ¿Por qué a pesar de abrazarlo con tanta fuerza seguía sintiendo esa inquietud que lo carcomía?

Siempre siento como si mis manos estuvieran vacías, anhelando agarrar algo más.  

En cambio, Chu Yanchuan recorrió con los dedos las heridas de la espalda de Jing Feirong, le rodeó la cintura con las piernas mientras respiraba con dificultad “Alteza, simplemente disfrútelo”  

“Cuando estoy con su Majestad soy muy feliz” dijo Jing Feirong con voz entrecortada.  

Sus lágrimas caían gota a gota sobre el hombro de Chu Yanchuan, con un calor abrasador.

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