Capítulo 25

"No parece que se haya golpeado la cabeza..."

Murmuró para sí y dejó a Luisen con cuidado sobre el sofá. Luego retrocedió varios pasos, como si quisiera mantenerse alejado de él.

"¿Qué le pasa?"

Luisen frunció el ceño por un instante y entonces recordó el aspecto que debía tener. Su cuerpo apestaba a sudor y después de haber rodado por el suelo, estaba cubierto de polvo y tierra. Tal vez se había raspado las palmas al caer, porque tenía sangre seca y su ropa estaba tan desgarrada por todas partes que parecía hecha jirones.

Bueno, con este aspecto cualquiera querría apartarse.

Había estado tan concentrado en lo ocurrido en el pueblo que ni siquiera se había dado cuenta del estado en el que se encontraba.

"Había olvidado que tengo un aspecto lamentable. Será mejor que me lave antes, ¿No?"

Ante la respuesta completamente desencaminada de Luisen, Carlton volvió a vislumbrar lo que pasaba por su cabeza.

Así que este hombre. Este duque, que no sabía si era ingenuo o simplemente tonto, ¡Se había creído por completo aquella absurda y vulgar broma de que debía ofrecerle su cuerpo!

"No"

Carlton respondió con expresión seria.

"¿Dices que sería mejor que no me lavara?"

Cuando Luisen preguntó con una expresión extraña, Carlton se puso aún más serio. ¿Siempre había sido tan difícil hacerle entender algo?

"¡No!"

"Entonces ¿Qué quieres decir?"

"Me va a volver loco. Ya le dije que no hace falta, que puede dejarlo. Para empezar, eso de que me ofreciera su cuerpo fue algo que dije para burlarme de usted, duque. No hablaba en serio"

"¿Te estabas burlando de mí?"

"Sí. No soy semejante basura. Jamás imaginé que el duque se lo tomaría en serio"

"Si no fue en serio ¿Por qué irías tan lejos?"

"Bueno, por una lucha de orgullo o algo así..."

"Pero ¿No dije que haria cualquier cosa? ¿De que me sirve tener una lucha de orgullo contigo?"

"Los nobles normales siguen luchando por orgullo incluso cuando tienen una espada contra el cuello"

¿Es así?

Luisen repasó sus recuerdos y pensó que, en efecto, probablemente todos eran de ese tipo. Incluso con Luisen, un gran Lord, a veces había quienes se atrevían a buscar pelea sin ningún temor; con Carlton, debía de haber sido todavía peor.

Al fin y al cabo, tenía un carácter tan difícil que se había descontrolado por su odio hacia los nobles y había terminado siendo abandonado por el primer príncipe...

Luisen decidió aceptar más o menos aquella explicación. En realidad, para él no importaba si la exigencia de Carlton había sido sincera o solo una burla.

"Entonces ¿Ya te basta para saber que hablaba en serio?"

Preguntó Luisen.

"...Sí. Es suficiente"

Carlton respondió con cierta incomodidad.

¿Eso es todo lo que tienes que decir?

De verdad se habían detenido por muy poco. Si Carlton no lo hubiera frenado, Luisen habría terminado quitándole los pantalones. Y después... habría ocurrido lo que cualquiera podía imaginar. A pesar de que habría sido una situación bastante humillante, Luisen no parecía darle ninguna importancia.

"Entonces ¿Me darás permiso?"

Los ojos de Luisen brillaron llenos de esperanza. Aquel azul intenso resplandecía tanto que Carlton recordó un arroyo bajo la luz del sol de verano.

¿De verdad va a dejarlo pasar así? ¿Acaso es una persona de gran corazón o simplemente un ingenuo?

De pronto, el pálido rostro de Luisen empezó a parecerle tan inquietante como dejar a un niño solo junto al agua.

Normalmente nadie llega tan lejos ¿Verdad?

Luisen era demasiado imprudente y Carlton terminó llegando a la conclusión de que no tenía sentido intentar predecir lo que haría. Tendría que ceder.

Antes que dejar que haga a mis espaldas alguna otra locura inimaginable... será mejor tenerlo a la vista y vigilarlo.

No le agradaba hacer lo que Luisen quería, porque sentía que de algún modo estaba dejándose arrastrar por él, pero Carlton eligió la opción que le causaba menos inquietud.

"Está bien. Hagamos lo que usted quiera, Duque"

Después de pensarlo mucho, Carlton finalmente le dio permiso.

"¿De verdad?"

"Sí. Pero, tal como aseguró, tendrá que encargarse usted mismo tanto de los suministros como de la mano de obra"

"¡Por supuesto!"

Luisen sonrió. Por un instante, la habitación pareció iluminarse como si hubieran encendido una vela más. Su sonrisa despreocupada era luminosa y resplandeciente. Carlton pensó que, al menos, ese rostro era digno de contemplarse.

"¿Qué piensa hacer?"

Carlton sintió curiosidad por saber en qué se apoyaba Luisen para sonreír con tanta confianza.

"Los detalles tendré que hablarlos con mis vasallos. Yo no sé gran cosa, después de todo"

"¿No tiene ya algo pensado? ¿Qué piensa hacer con la escasez de alimentos?"

"Hay algo que quiero comprobar sobre eso... Te lo diré más adelante. No te preocupes. No voy a ocultarte nada. Entonces, iré de inmediato a ver al administrador"

Luisen habló con confianza y salió de la habitación.

"Dice que no me preocupe, pero ahora estoy todavía más intranquilo"

Carlton contempló en silencio la espalda de Luisen mientras se alejaba. Empezó a preguntarse qué otra idea disparatada estaría pasando por aquella cabeza redonda y bonita.

 

En cuanto Luisen salió, los subordinados de Carlton entraron en la habitación como si hubieran estado esperando ese momento. Todos miraban alternativamente a Carlton y el interior de la habitación con rostros llenos de cosas que querían decir. No podían soportar la curiosidad por saber qué había ocurrido después de que ellos salieran.

"El Duque acaba de salir"

Uno de los subordinados se atrevió a hablar con cautela. Hizo rodar los ojos de un lado a otro, pero solo con el aspecto de la habitación y el rostro de Carlton era imposible saber si había ocurrido algo entre ellos o no.

Pero a Carlton no le interesaba en absoluto la curiosidad de sus subordinados.

"Retrasaremos la partida. Dejen que el Duque haga lo que quiera. Y vigilen al duque, al administrador y al capitan de los caballeros. Si ven algo sospechoso, infórmenme. En especial al Duque de Agnies"

"¿A dónde va?"

"Al campo de entrenamiento"

Carlton dijo únicamente lo que tenía que decir y salió de la habitación. Sus subordinados quedaron aún más consumidos por la curiosidad. La expresión rígida de Carlton estimuló su imaginación y sus sospechas no hicieron más que crecer.

"Entonces ¿El capitán y el duque lo hicieron o no?"

"Está diciendo que dejemos que el Duque haga lo que quiera. Si no hubieran hecho nada, no hablaría así"

"Vaya... esos dos..."

Los sirvientes que entraron a limpiar la habitación también alcanzaron a escuchar los murmullos de los subordinados de Carlton. Por lo que se decía, Carlton había hecho cierta clase de petición, ambos habían pasado un tiempo a solas y después de aquello, Carlton había accedido a la solicitud de Luisen, así que las sospechas parecían bastante razonables.

Y así, en lugares que Luisen y Carlton desconocían, un rumor sospechoso comenzaba a extenderse poco a poco.

 

***

 

Luisen se dirigió directamente a la sala de reuniones. Como el mayordomo general había reunido a los vasallos siguiendo sus órdenes, ya había gente esperándolo allí.

Cuando Luisen entró en la sala, todos los vasallos se sobresaltaron. Su estado era realmente grave. El resistente abrigo de cuero estaba rasgado, tenía el cuerpo cubierto de polvo y tierra y su delicado cabello estaba completamente revuelto. Tenía sangre seca pegada en las palmas y a través de los pantalones rotos se veía que se había raspado las rodillas.

"¡Duque!"

"¿Se encuentra bien? Nos dijeron que había pasado dificultades en el pueblo al pie del castillo ¡Por Dios!"

Habían oído del mayordomo general lo ocurrido durante el disturbio en el pueblo, pero no imaginaban que Luisen hubiera resultado herido de aquella manera, así que todos quedaron atónitos.

Luisen había sido criado entre algodones. Ni siquiera le permitían correr por miedo a que se lastimara y solían cargarlo en brazos para protegerlo. Verlo ahora después de haber pasado por semejantes penurias les oprimía el corazón, por mucho que fuera un Lord poco confiable que se hubiera buscado aquello por sí mismo.

"¡Le está sangrando la mano, mi Lord! ¡Llamen primero a un médico! ¿Dónde está el médico personal? ¿Eh?"

"Traeré hierbas medicinales por ahora. Por todos los cielos. ¿No le arde? ¿Le duele alguna otra parte? Ah, primero siéntese"

Era una sobreprotección tan familiar. Los vasallos del ducado tenían la tendencia de sobreproteger a Luisen de manera inconsciente y por pura costumbre. Como hacía tanto tiempo que no experimentaba algo así, Luisen no sabía qué hacer y se quedó completamente desconcertado.

"Todos, cálmense un poco. Con tanto alboroto, nuestro Lord ni siquiera puede hablar"

Solo cuando el mayordomo intervino finalmente con esas palabras la situación se tranquilizó. Hizo que la sala quedara en silenci, todas las miradas se dirigieron hacia él y de manera natural, le cedieron la palabra.

"Todos conocen ya la situación ¿Verdad?"

"Sí"

Luisen recorrió con la mirada los rostros de los vasallos.

"Debí haberme ocupado yo primero de todo esto, lo siento. Pero ustedes tampoco están libres de culpa. Todos saben que soy un Lord incompetente, así que ¿De verdad podían soltar todas sus responsabilidades de golpe? Por mucho que me guardaran rencor"

"……"

Las cabezas de los vasallos se inclinaron pesadamente. Conocían las circunstancias de la gente de la ciudad al pie del castillo y aun así, habían decidido ignorarlas pensando algo como "tal vez así nuestro Lord reciba una buena lección y entre en razón", por lo que no dejaba de ser vergonzoso. Y ahora que Luisen era quien se disculpaba primero y además les señalaba su error, no podían ni levantar la cabeza.

"No reprendan a los habitantes por lo que ocurrió hoy. Tanto ustedes como yo cometimos errores. Dejemos atrás lo sucedido y hagamos todo lo posible por superar esta crisis"

"Sí, mi Lord"

"Así lo haremos"

"Ya conseguí el permiso de Sir Carlton. Así que a partir de ahora comiencen a preparar el reparto de suministros para la ciudad al pie del castillo"

"¿De verdad? ¿Ese hombre realmente le dio permiso?"

"Sí"

Luisen asintió con firmeza.

"No podemos tocar los alimentos que le entregamos a Sir Carlton. Tendremos que arreglárnoslas únicamente con los nuestros"

"Entonces, si tenemos que alimentar a toda la gente que hay dentro del castillo, no nos durarán ni unos cuantos días"

"Hay muchas personas atrapadas dentro. Si abrimos las puertas del castillo y empezamos a comprar alimentos en las zonas cercanas, podríamos resolverlo fácilmente..."

"Sir Carlton no abrirá las puertas. Yo me encargaré de encontrar una solución para la falta de alimentos. Por ahora, calculen cuántos días podemos aguantar con lo que tenemos y también cuánta mano de obra necesitaremos."

¡Su Lord, que siempre había parecido un niño y en quien apenas podían confiar, había conseguido el permiso de aquel temible Carlton por el bien de los habitantes de su territorio! Todos quedaron sorprendidos y profundamente impresionados al verlo ponerse al frente y guiarlos.

"Habrá que pensarlo bien. No podemos permitirnos desperdiciar nada"

"Sí. Entonces... ¿Qué hacemos con la mano de obra?"

"Si movilizamos a todos los sirvientes del castillo y también a los caballeros, podremos mantenerlo en funcionamiento, aunque sea por muy poco"

"Volveré a reunir a los que antes se encargaban de la seguridad del castillo. También buscaremos a los soldados que permanecieron aquí después de que el ejército fuera disuelto"

Una vez que Luisen les dio unas pocas indicaciones, los vasallos continuaron hábilmente la reunión entre ellos. Quedaba en evidencia la experiencia que habían adquirido administrando el territorio durante muchos años sin un Lord que los dirigiera. La culpa que sentían hacia la gente de la ciudad al pie del castillo, junto con la imagen digna y resuelta que Luisen mostraba ahora, avivó aún más su entusiasmo.

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