Capítulo 24

Carlton fulminó con la mirada a Luisen, que se había quedado sin palabras y continuó hablando.

"Sinceramente, no entiendo por qué de repente está actuando así, mi Lord. Hasta ahora se había quedado de brazos cruzados ¿No? Entonces ¿Por qué justo el día de mi partida viene a fingir que acaba de enterarse y dice que volverá a repartir las provisiones? ¿No le parece sospechoso incluso a usted?"

"......Porque de verdad acabo de enterarme"

"No ha pasado ni un mes desde que firmó esos documentos ¿Me está diciendo que ya lo olvidó?"

"No. No es que lo haya olvidado. Es que no lo sabía"

"¿No lo sabía?"

"Es que...... yo...... no sé leer muy bien"

Luisen comenzó a explicarle con todo detalle lo poco que leía y cómo, hasta entonces, se había limitado a firmar lo que le ponían delante sin siquiera revisar el contenido. Incluso Luisen, que normalmente no conocía la vergüenza, sintió que el rostro se le encendía de humillación.

"Entonces ¿Firmó lo que le dijeron sin saber siquiera qué contenían los documentos?"

Luisen asintió.

Qué sensación tan miserable, la de no ser capaz ni de comportarse como una persona decente.

De verdad no quería decirlo, pero si era para demostrar su inocencia, podía soportar cualquier vergüenza.

"¿Qué tengo que hacer para que creas que hablo en serio?"

"Quién sabe"

"Haré lo que quieras. Incluso puedo hacerte una promesa sobre el futuro ¿Quieres que vuelva a arrodillarme?"

Luisen se dejó caer de inmediato de rodillas. Al verlo, los subordinados de Carlton soltaron una exclamación ahogada.

¡Uno de los únicos cuatro grandes Lords del reino se había arrodillado otra vez ante Carlton, un mercenario de origen humilde!

Si aquello llegaba a saberse, la autoridad de Luisen caería por los suelos y se convertiría, sin duda, en el hazmerreír de todo el mundo.

Sin embargo, Luisen no parecía sentir la menor vergüenza. En su rostro había una firme determinación que decía que haría lo que fuera con tal de salvar a los habitantes de su territorio. Era una imagen de una nobleza digna de aparecer únicamente en las novelas, algo imposible de encontrar en estos tiempos.

El hermoso Luisen arrodillado y frente a él, Carlton, de aspecto feroz, vaciando su copa mientras lo contemplaba desde arriba.

La escena de ambos parecía la de un villano que amenazaba con las vidas de los habitantes del territorio y un santo que se sacrificaba ante una exigencia injusta.

El que se había equivocado era Luisen. También le correspondía a Luisen hacerse cargo de las consecuencias.

Entonces ¿Por qué siento que yo soy el malo?

Carlton se irritó.

"¿Lo que sea? Entonces ¿Cree que bastará con ponerse de rodillas? Tendría que ofrecerme hasta su cuerpo para demostrarme que habla en serio"

"¿Mi cuerpo?"

Apenas terminó de preguntar, Luisen comprendió a qué se refería Carlton.

Es decir, entrégame tu cuerpo. Eso era lo que quería decir.

Los ojos de Luisen temblaron como si estuvieran sacudidos por un terremoto. Al verlo vacilar, Carlton se sintió de repente de excelente humor.

Solo lo había dicho para humillar a Luisen. No era una propuesta que esperaba que aceptara.

Ya lo sabía. Por mucho que finja ser una buena persona hablando de mostrar misericordia y todo eso, al final lo más importante para él sigue siendo él mismo.

No sería capaz de soportar semejante humillación.

Carlton esperó tranquilamente a que Luisen armara un escándalo, acusándolo de haberlo insultado.

Ya que estamos, debería meter también a Luisen en prisión. Estaría perfecto allí junto con los habitantes que él mismo envió a la muerte y con su sirviente.

Sin embargo, la agitación de Luisen tenía un significado completamente distinto al que Carlton imaginaba. Sabía que Carlton solo había dicho aquello para humillarlo, pero ¿Y si aceptaba?

A cambio de pasar una sola noche con él, podría alimentar a todos los habitantes del pueblo situado al pie del castillo.

Ya había atendido hasta a cuatro por unas cuantas monedas de cobre....... Esto sí que es un negocio redondo ¿No?

Al final, ser noble sí tenía sus ventajas, hiciera lo que hiciera. Incluso el precio de una sola noche marcaba una diferencia así de grande. Ya no había nada más que pensar. Luisen respondió con gusto.

"Está bien"

Todos los presentes en la habitación se hicieron, al unísono, la misma pregunta en lo más profundo de sus corazones.

¿Qué fue lo que acabo de escuchar?

Todos dudaron de sus propios oídos. Incluso Carlton lo miró como si no pudiera creerlo.

"¿Qué dijo?"

Carlton volvió a preguntar.

"He dicho que está bien. Si con eso vas a creer que hablo en serio ¿No te dije que haría cualquier cosa?"

Luisen estaba completamente tranquilo. No parecía estar soportando la humillación ni tampoco estar enfadado. Se mostraba tan natural e indiferente como alguien a quien acabaran de decirle que tenía que pagar para comprar pan.

Al final, Luisen incluso se desató la abundante tela que le envolvía el cuello. El cuello de la camisa se abrió, dejando al descubierto la blanca piel de su nuca. Sus movimientos fueron decididos, sin la menor vacilación.

Cof, cof.

Uno de los subordinados de Carlton tosió torpemente de la impresión. Como correspondía a hombres de Carlton, sus subordinados eran imprudentes y se pasaban por alto sin miramientos la solemnidad de las diferencias de estatus, pero aun así comprendían lo extraordinario que era lo que estaba ocurriendo.

Los principales subordinados de Carlton eran todos antiguos mercenarios, de origen plebeyo o incluso inferior. Para ellos, un gran noble como Luisen era alguien que existía por encima de las nubes.

No es cualquier noble insignificante, sino un gran Lord y está arrodillado frente al capitán quitándose la ropa ¿Esto está pasando de verdad?

Estrictamente hablando, solo se había desabrochado el cuello, pero para Carlton y sus hombres aquello resultaba tan impactante como si se hubiera desnudado por completo.

¿D-De verdad está bien hacer esto?

Los subordinados de Carlton miraron una vez a Luisen y luego a Carlton. La expresión de Carlton tampoco era precisamente normal. Una obstinada intensidad ardía en su rostro.

¡Esto era malo!

Carlton odiaba perder cuando se le encendía el temperamento. Una vez que consideraba una situación como una pelea, lo dejaba todo de lado y luchaba en serio. Que su oponente fuera un noble no suponía ninguna diferencia. No, más bien era de los que insistían en imponerse incluso en la más insignificante lucha de orgullo.

Aquella tenacidad era precisamente lo que había convertido a Carlton en quien era, pero siempre que ponía esa expresión terminaba provocando algún desastre. Sus subordinados palidecieron.

Tal como habían imaginado, Carlton estaba lleno de obstinación hasta la coronilla.

Así que quieres enfrentarte conmigo ¿Eh?

Carlton no confiaba en Luisen.

Luisen había respondido que sí con demasiada facilidad y entusiasmo. Si de verdad tuviera intención de ofrecer su cuerpo ¿Habría podido contestar con tanta facilidad?

Carlton pensaba que no.

Seguro creyó que, si aceptaba ofrecerme su cuerpo, yo me sorprendería y lo detendría. Le demostraré que no soy alguien tan fácil de manejar.

Para empezar ¿Qué noble de este mundo ofrecería su propio cuerpo con tal de salvar a los habitantes de su territorio?

¿Qué clase de personas eran los nobles? Todos estaban impregnados hasta los huesos de arrogancia y de un sentimiento de privilegio. Eran personas que exprimían a los habitantes de sus tierras para llenarse el estómago y encima, consideraban que aquello era lo natural. Por sus venas corría sangre malvada y egoísta.

Estaba claro que hacía todo aquello para exhibirse después ante la gente y decir que, como Lord, había llegado hasta ese extremo por sus súbditos.

Bien. Veamos quién gana

"Todos fuera"

"¿Eh?"

Los subordinados de Carlton preguntaron. Carlton, sin apartar los ojos de Luisen, habló con claridad.

"Si quieren quedarse a ver cómo luce desnudo alguien tan distinguido, adelante"

"N-No, gracias"

Los subordinados de Carlton se levantaron a toda prisa. Salieron de la habitación casi huyendo y hasta cerraron la puerta con firmeza, como si temieran que alguien pudiera retenerlos.

Ahora solo quedaban Carlton y Luisen en la habitación. Luisen mantenía la mirada baja con su habitual expresión indiferente. Carlton, en cambio, tenía un semblante tan feroz que parecía dispuesto a abalanzarse sobre él y despedazarlo.

"Tendrá que demostrar su sinceridad ¿No?"

"De acuerdo"

Ante la presión de Carlton, Luisen avanzó lentamente sobre sus rodillas.

Luisen avanzó presionando la alfombra con las rodillas. Sus zapatos se arrastraban pesadamente y cada vez que sus piernas se rozaban entre sí, resonaba el roce de la tela. Aquel pequeño sonido ponía a Luisen todavía más nervioso y arañaba los oídos de Carlton.

Poco a poco.

Con una lentitud casi desesperante, la distancia entre ambos fue reduciéndose.

Carlton se limitó a observarlo, esperando que Luisen se hartara y se pusiera de pie diciendo que ya no podía seguir con aquello. Sin embargo, bajo su mirada, Luisen sentía como si una fuerza irresistible lo arrastrara hacia él.

Esto me va a volver loco.

Luisen sentía que el pecho le temblaba tanto que podía morir. Había sido fácil lanzarse con decisión, pero ahora que tenía a Carlton justo delante, se le secaba la boca ¿Qué tan brusco sería Carlton? Si ya le aterraba simplemente cruzar la mirada con él, ahora tendría que hacer algo todavía más íntimo. Al miedo se sumó la preocupación de si sería capaz de soportarlo y la boca se le secó aún más.

El sonido de su corazón fue haciéndose cada vez más fuerte.

Pum, pum.

Aun así, Luisen no retrocedió. No quería volver a huir. Se había prometido que haría cualquier cosa, así que no iba a dejarse vencer por algo como aquello.

Finalmente, las rodillas de Luisen llegaron hasta las puntas de los pies de Carlton. Luisen apoyó una mano sobre su rodilla.

Joder ¿Hasta dónde piensa llegar?

Carlton soltó una maldición para sus adentros. Aunque se repetía que aquello no era más que una lucha de voluntades, una sensación vertiginosa lo recorrió.

Había pasado mucho tiempo absteniéndose y además había bebido. Se encontraba justo en el estado perfecto para perder la razón. Tener a Luisen, un noble impecable, sentado obedientemente a sus pies resultaba tremendamente estimulante. Que pudiera sentirse así frente al duque de Agnies significaba que, sin duda, había llevado una vida demasiado contenida.

Cuando Luisen extendió la mano hacia la cintura de los pantalones de Carlton, este sintió el impulso de pensar ¡Al diablo con todo!

Al no conseguir deshacer el nudo de los pantalones, Luisen alzó la vista hacia Carlton, desconcertado. Sus miradas se entrelazaron.

"No es que no quiera hacerlo, es solo que esto no se me da bien..."

Los ojos de Luisen se contorsionaron como si estuviera a punto de llorar. Tenía las manos tan rígidas que ni siquiera podía deshacer un simple nudo. Su voz temblaba débilmente y todo su cuerpo delataba que no sabía qué hacer. La presión que sentía se transmitió a Carlton sin que pudiera ocultarla en lo más mínimo.

¿Qué demonios? ¿Habla en serio?

Una intensa intuición atravesó la mente de Carlton. Él confiaba muchísimo en su instinto animal y actuó de inmediato.

Sujetó la mano de Luisen.

"Ah, yo estaba intentando hacerlo..."

Sin importar cómo interpretó Luisen la acción de Carlton, terminó apartando la mano a la fuerza para volver a intentar desatar el nudo de sus pantalones.

"Ya basta"

"¿Eh?"

Carlton metió las manos debajo de los brazos de Luisen y lo levantó de un tirón. Antes de que pudiera siquiera soltar una exclamación de sorpresa, Luisen fue arrastrado hacia arriba con la ligereza de una hoja de papel.

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