Capítulo 20

En algún momento, Ruger, ya montado en su caballo, se acercó al lado de Louisen. Como correspondía a un sirviente de la nobleza, montaba con gran destreza.

“Me quedaré a su lado para ayudarlo. El camino es llano, así que no debería haber problemas”

“Sí. Confío en ti…”

El grupo comenzó a avanzar.

Limítate a seguirlos en silencio ¿Qué podría pasar?

Respirando hondo, Louisen hizo avanzar a su caballo. En ese momento, Louisen aún no sabía…

…que ni siquiera sería capaz de hacer algo tan sencillo como seguir al grupo sin llamar la atención.

 

***

 

En pleno centro del pueblo.

En el camino solo quedaban Luisen y Ruger. Hacía ya mucho tiempo que el grupo de Carlton había desaparecido rápidamente a lo lejos.

En otras palabras, Luisen se había quedado atrás incluso antes de poder salir del territorio del castillo.

“Ah…”

Louisen soltó un largo suspiro.

Ruger lo miró con expresión de apuro. Luisen tampoco tenía ninguna solución en particular, así que se limitó a suspirar.

¿De verdad montaba tan mal…?

Al principio todo había ido bien.

El grupo había empezado avanzando despacio. Aunque con cierta inseguridad, Louisen lograba seguirles el ritmo.

Quizá todos estaban demasiado emocionados por salir del castillo después de tanto tiempo o tal vez el problema era que no había ningún obstáculo delante y el camino estaba completamente despejado. Carlton y sus subordinados comenzaron a aumentar la velocidad poco a poco y cuando Louisen se dio cuenta, ya iban lanzados al galope.

Con su torpeza para montar, era imposible que Louisen pudiera seguir el ritmo de unos guerreros experimentados.

Aunque al salir iba encabezando el grupo, poco a poco fue quedándose atrás, hasta terminar completamente separado de el.

Tengo que alcanzarlos como sea. No sé con qué excusa intentará meterse Carlton conmigo y sobre todo… ¡Qué vergüenza!

Por más que quisiera apresurarse, su cuerpo no respondía y la frustración lo consumía por dentro. Louisen empezó a apremiar al caballo de mala manera y molesto por el trato, el animal simplemente se detuvo de golpe.

“Vamos, caballo ¿Qué te pasa? Tenemos que darnos prisa ¿Sí?”

Louisen sacudió las riendas, lo animó con los pies e hizo cuanto se le ocurrió, pero el caballo solo resopló con desdén.

Mientras tanto, Carlton y sus hombres seguían alejándose cada vez más. Louisen los llamó desesperadamente, pero su voz quedó ahogada por el estruendo de los cascos y nadie giró la cabeza. Estaba seguro de que ya se habían olvidado por completo de él.

Solo Ruger permaneció al lado de Louisen, sin olvidar su deber.

“Vamos, vamos ¿Sí? Vamos a alcanzarlos cuanto antes”

Ruger bajó de su caballo e intentó hacer que el de Louisen se moviera, pero al final levantó las manos en señal de derrota.

“Así no va a funcionar, no creo que este caballo se mueva ni un centímetro. Está realmente enfadado”

“Me dijeron que era el más dócil y tranquilo de todos los caballos de la Casa Ducal”

“Ya veo…”

“Supongo que hasta él debe de estar harto de tener que cargar conmigo”

Louisen volvió a suspirar. Ruger lo miró con preocupación. Para entonces, ni siquiera se alcanzaba a ver la silueta del grupo de Carlton.

“¿Qué hacemos?”

“¿Qué más podemos hacer? Tendremos que seguirlos a pie”

Si seguían caminando, tarde o temprano se darían cuenta de que él había desaparecido y regresarían a buscarlo ¡O mejor aún, si se olvidaban de él por completo y continuaban directo hasta el territorio de Vinard, se lo agradecería! 

En cualquier caso, lo importante era demostrar que había intentado seguirlos. Tenía que dejar claro que quedarse atrás no había sido intencional. Además, no podían quedarse plantados en medio del pueblo.

Luisen se bajó del caballo.

Aquel caballo insolente se alegró de que Luisen se bajara de su lomo y recuperando una docilidad casi mágica, se dejó guiar sin resistencia en cuanto Ruger tomó las riendas.

Luisen, Ruger y los dos caballos comenzaron a caminar a lo largo del camino. .

Ahora que lo pienso, desde que regresé nunca había recorrido de verdad los alrededores fuera del castillo.

Las pocas veces que había salido había sido únicamente para hacer recados para Carlton, limitándose a dar vueltas dentro del castillo. Incluso cuando fue a rendirse ante Carlton, había utilizado el camino del bosque, así que hacía muchísimo tiempo que no veía el pueblo.

Pensé que nunca volvería a verlo.

El pueblo situado al pie del castillo había desaparecido junto con la fortaleza cuando esta ardió en llamas. Aunque había pasado muchos años lejos de allí, quizá por tratarse de su tierra natal, aún lo recordaba con total claridad.

Allí está la floristería ¿Verdad? Y al lado la tienda de tabaco… La frutería debía de estar por esta zona…

Mientras miraba a su alrededor, sumido en la nostalgia, Louisen cruzó la mirada con una mujer que permanecía junto a la ventana de un edificio de dos plantas. Ella no lo saludó ni intentó esconderse; simplemente se quedó observándolo fijamente. Quizá por el profundo hundimiento de sus cuencas, su mirada resultaba inquietantemente intensa.

¿Quién será?

No la conocía. Aunque en la capital Louisen había tenido relaciones amorosas bastante escandalosas, nunca había tenido ninguna aventura en su propio territorio. Aun así, por alguna razón, se sintió culpable y se detuvo.

Entonces comprendió el origen de la extraña sensación que lo había estado incomodando desde hacía rato. Hasta ese momento había estado demasiado pendiente del caballo para darse cuenta, pero había algo claramente fuera de lugar.

¿Por qué está todo tan silencioso?

La gran avenida que conectaba la ciudad exterior con la interior era uno de los lugares más concurridos del pueblo. Siempre estaba repleta de gente, caballos y carruajes. En toda su vida, Louisen jamás la había visto tan desierta.

No había ni una sola persona en la calle. Aparte de Louisen y Ruger, no había nadie más. Aquello no tenía sentido, por mucho que las puertas del castillo estuvieran cerradas, la gente seguía viviendo dentro del pueblo. Sin embargo, no se oía el menor ruido cotidiano. Era como una ciudad fantasma completamente abandonada.

¿Qué está pasando…?

Mientras la inquietud se apoderaba de Louisen, Ruger se acercó a su lado y habló con expresión grave.

“Duque, creo que será mejor que vuelva a montar”

“¿Eh?”

Ruger estaba mirando hacia algún lugar. Siguiendo su mirada, cargada de cautela, Louisen vio a varias personas de pie.

La gente que se había escondido en los callejones y dentro de las casas empezó a salir una tras otra y a acercarse a Louisen. Sus cuerpos carecían de toda vitalidad y estaban cubiertos de suciedad. Tenían las mejillas hundidas y el rostro demacrado. Sus ojos, hundidos y enrojecidos, daban una impresión aterradora.

“¿Qué les ha pasado a estas personas?”

Murmuró Louisen.

El ducado de Agnies era una tierra próspera. Incluso los aldeanos más humildes tenían un aspecto saludable y su bienestar se reflejaba en su apariencia. Entre todos ellos, los habitantes del pueblo situado al pie del castillo eran los más acomodados, pues vivían más cerca de la residencia del Lord. Eran personas que jamás habían conocido el hambre.

Aunque las puertas del castillo hubieran permanecido cerradas durante un tiempo, el invierno todavía no había llegado. Debían de tener suficientes provisiones y suministros almacenados, así que aquello no debería haber supuesto un problema inmediato. 

Uno de los aldeanos dio un paso al frente y preguntó.

“Señor… ¿Usted es el Lord, verdad?”

Louisen no pudo responder que sí de inmediato.

El ambiente es extraño…

Parecía que un motín pudiera estallar en cualquier momento. Todos los aldeanos estaban llenos de ira, lo mejor sería averiguar primero qué había ocurrido en el pueblo y actuar con más cautela.

Mientras Louisen meditaba cuidadosamente qué responder, Ruger se adelantó y se colocó delante de él. Extendió un brazo para protegerlo y gritó.

“¡Así es! ¡Este es el Duque Louisen Agnies! ¿Cómo se atreven a bloquearle el paso sin saber ante quién están?”

¡Esto es un desastre! ¡Ruger, cállate!

“No se preocupe. Ahora que saben que es el duque, se apartarán”

¡No, no! ¡El problema es precisamente que ya saben quién soy!

Louisen se llevó una mano a la cabeza.

“¡Es el Lord!”

¡El Lord está aquí!”

¡El Lord ha salido del castillo!”

El alboroto creció y en un instante, la gente comenzó a reunirse a su alrededor. La escena resultaba tan amenazadora que Louisen se pegó aún más al lado de Ruger.

“¡¿Qué creen que están haciendo?!”

Desconcertado por aquella reacción tan distinta de la que esperaba, Ruger terminó respondiendo a gritos.

“¡Somos habitantes de este pueblo! ¡Tenemos exigencias que hacerle al Lord!”

“¡Hay cosas que queremos preguntarle al Lord!”

“¡Si tienen alguna petición, sigan el procedimiento correspondiente!”

Ruger los rechazó de plano.

Ni siquiera le dio tiempo a Louisen de decir que al menos los escucharan.

“¿El procedimiento? ¿Has dicho el procedimiento?”

“¡Aunque hablemos, nunca nos escuchan!”

“¡Cuando ustedes saquearon los almacenes de nuestras casas, acaso siguieron algún procedimiento!”

“No, espera un momento ¿Qué has dicho?”

Cuando Louisen preguntó, las decenas de personas empezaron a gritar al mismo tiempo, lanzando cada una sus propias acusaciones.

“¡Devuélvannos lo que se llevaron!”

“¡Se llevaron toda la comida, dejaron de repartir raciones y encima no podemos salir del castillo! ¡¿Quieren que muramos todos?!”

“¡Fuera del castillo los campos están llenos del trigo recién cosechado, mientras aquí dentro nos estamos muriendo de hambre!”

Los clamores de los aldeanos hicieron que el aire pareciera estremecerse. Llantos, gritos, innumerables voces se mezclaban unas con otras, creando un caos absoluto.

¿De qué están hablando? ¿Cómo que se mueren de hambre?

¿De verdad la gente del pueblo se estaba muriendo de hambre? No ¿Pero por qué demonios? ¿Qué era eso de que saquearon sus almacenes y qué significaba eso de las raciones?

Luisen estaba completamente desconcertado.

Qué había pasado en el pueblo por esta época. Qué se había hecho para la guerra. No lo recordaba. No es que lo hubiera olvidado con el paso del tiempo, sino que para empezar, jamás le había prestado atención, por lo que no tenía la más mínima idea.

“Explícamelo con más detalle. Es que yo… yo no sé nada…”

Quien detuvo a Luisen cuando intentaba dar un paso al frente fue Ruger.

“Duque, no se mueva. Es peligroso. Yo me encargaré. No hay necesidad de que trate personalmente con unos rufianes como estos”

“¿Qué? ¿Nos acabas de llamar rufianes?”

Un hombre, fuera de sí por la ira, se lanzó hacia Ruger intentando agarrarlo por el cuello de la ropa. Ruger lo redujo con facilidad y lo arrojó de un empujón hacia delante. Para alguien entrenado en las artes marciales como él, un simple aldeano no representaba ninguna amenaza.

Ojalá todo hubiera terminado ahí. Indignado porque un simple aldeano se hubiera atrevido a amenazarlo, Ruger acabó sacando el arco y apuntó directamente al hombre.

¡¿Se ha vuelto loco?!

Louisen, horrorizado, sujetó el brazo de Ruger.

“¡No me detenga! ¡¿Cómo se atreve un simple plebeyo a atacar a un noble?!”

“¡Deja de decir tonterías y baja ese arco! ¡¡Son los habitantes de mi territorio!!”

Louisen logró arrebatarle el arco a Ruger, pero ya era demasiado tarde.

“¡El sirviente del Lord intentó matar a un habitante del territorio!”

“¡No, no es así!”

A estas alturas, ya nadie estaba dispuesto a escuchar las palabras de Luisen. La paciencia de la multitud, que se había mantenido tensa como una cuerda, se rompió por completo de un golpe. La acción de Ruger sirvió de detonante y la furia se propagó de forma incontenible.

Al perder la razón y desatarse la rabia, la multitud comenzó a agitarse. La situación se distorsionó en un abrir y cerrar de ojos.

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