Capítulo 12
Al recordar esas palabras, sus manos se tensaron por sí solas, apretando los puños con fuerza. Las uñas se le clavaron en las palmas y solo así logró recuperar el control. Para despejar la mente, se bebió de un trago un vaso de agua fría.
Ya no volvería a dejarse engañar por él. nunca, jamás. Con una vez había sido suficiente. Si caía dos veces, sería mejor volarse la cabeza por lo estúpido que sería.
Cuando terminara la lectura del testamento, Yujin se iría.
Era la conclusión más obvia, no tenía ningún motivo para quedarse allí. Entonces, no volverían a verse nunca más, solo tenía que resistir hasta ese momento.
Solo una vez más, lo vería una última vez.
Ese día se encontrarían en un lugar lleno de gente. No sería como verlo a solas en plena noche indefenso sobre una cama ¿Qué podría ser más seguro que eso? Perder el control a plena luz del día rodeado de tantas miradas sería propio de un animal.
Además, en una mansión tan grande, evitarlo era demasiado fácil. Winston, convencido de que todo estaba bajo control, decidió presionar al abogado para que acelerara la lectura del testamento y se juró a sí mismo no cruzarse con Yujin hasta ese día.
***
Después de asegurarse de que Winston había salido de la mansión, Yujin llevó a Ángela fuera de la habitación y se dirigieron a la cocina. Pidieron algo de comer y con un poco de pan y sopa regresaron al cuarto. Solo entonces pudieron saciar el hambre y conversar con tranquilidad.
“Papi ¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí?”
Después de bañarse y lavarse los dientes en el baño de invitados, Ángela hizo la pregunta. Yujin, sintiéndose inexplicablemente culpable, dudó antes de responder.
“Bueno… el dueño de esta casa falleció y dejó un testamento. Parece que mi nombre está en él, así que vinimos a escucharlo ¿Sabes qué es un testamento?”
Ángela asintió enseguida y respondió.
“Es cuando alguien muere y deja dinero. Entonces… ¿Nosotros también vamos a tener dinero?”
“Eh… sí, más o menos. No siempre es dinero, pero…”
Yujin se quedó un poco desconcertado por la respuesta tan directa de su hija, aunque al final no pudo negarlo. Después de todo, esa era la razón por la que estaban allí.
“Por eso tenemos que quedarnos hasta que lean el testamento, no debería tardar mucho”
“¿Cuánto tiempo es?”
“Bueno… no lo sé, pero intentarán hacerlo lo antes posible. Esperemos un poco ¿Sí?”
Seguramente todos, incluida la señora Campbell, estaban deseando que Yujin se marchara cuanto antes. Así que la lectura del testamento debía estar cerca.
Y más que nadie, Winston debía de quererlo. Seguro que incluso presionaría al abogado para terminar cuanto antes.
Antes de que el pecho le doliera más, Yujin se obligó a recomponerse. Concéntrate en por qué viniste aquí.
“¿Podremos comprar una casa con jardín? ¿Y tener un perrito?”
Ángela preguntó con los ojos brillantes. Yujin, una vez más, solo pudo responder con evasivas.
“Bueno… ya veremos…”
Puede que, al incluir su nombre en el testamento, Harold hubiera querido expiar sus culpas, pero no sería nada extraordinario. A Yujin le bastaría con recibir lo suficiente para aguantar tres meses.
Lo único que le preocupaba era Winston. Después de la humillación absurda de la noche anterior, Yujin tomó una nueva determinación; evitarlo a toda costa hasta la lectura del testamento. Solo imaginar volver a encontrárselo le resultaba insoportable. Por suerte, no era imposible; por las mañanas, bastaba con quedarse encerrado en la habitación hasta que él se fuera a trabajar; por las noches, en cuanto viera su coche entrar, podía esconderse de nuevo.
Y así lo hizo.
Afortunadamente, Winston salía antes de que Yujin despertara y regresaba después de que Ángela se durmiera. Gracias al esfuerzo de ambos por evitarse, no se cruzaron ni una sola vez. Y finalmente tres días después, llegó el día.
***
Desde temprano, lujosos sedanes comenzaron a llegar a la mansión, uno tras otro, con pequeños intervalos. Los miembros de la familia Campbell acudían para escuchar el contenido del testamento.
Tal como esperaba.
Tres días no era tanto tiempo. Comparado con la semana que había considerado posible, incluso había sido rápido. Sin duda, Winston había presionado al abogado, tal como había supuesto.
Por fin podría irse de allí.
La lectura del testamento no tomaría más de una hora. Después vendrían algunos trámites, pero seguro que también se resolverían rápido. El abogado haría todo lo posible para despachar a Yujin cuanto antes.
Así que sería como mucho ¿un día más?
Asomado a través de la pequeña ventana del pequeño cuarto, Yujin observó a las personas que bajaban de los coches tras rodear la enorme fuente en el centro del jardín y tragó saliva sin darse cuenta.
“Papi…”
Ángela, como si hubiera notado su nerviosismo, le tomó la mano con cuidado. Yujin apartó la vista de la ventana y le sonrió. Cada vez que pensaba en su hija, todo el miedo desaparecía y una nueva fuerza brotaba en su interior. Esta vez no era diferente. Apretó suavemente su mano y entonces llamaron a la puerta. Al dirigir la mirada hacia ella, tras un breve silencio se escuchó una voz femenina desde el otro lado.
“Señor Yujin Sol ¿Está listo? Lo acompañaré al despacho”
Por fin.
Tras una profunda respiración, Yujin se arrodilló, abrazó con fuerza a Ángela y besó su mejilla.
“Vuelvo enseguida, Angie”
“Si ¡Ánimo, papi!”
Sintió el pecho llenarse al escuchar el apoyo de su hija y salió de la habitación. Sin embargo, la sonrisa que llevaba en el rostro desapareció en cuanto cruzó al pasillo y cerró la puerta. La doncella, que lo esperaba a cierta distancia, se dio la vuelta sin expresión y comenzó a caminar. Yujin respiró hondo, con el rostro rígido, enderezó la espalda y siguió su paso con la mirada.
Vamos al campo de batalla.
Enseguida, avanzó con pasos largos y firmes por el pasillo, dispuesto a adentrarse en una jauría de bestias que parecía lista para despedazarlo… incluso si eso significaba ofrecerles el cuello voluntariamente.
La aguja del reloj avanzó un minuto más. Winston comprobó la hora en su muñeca y luego tomó la copa de vino que había dejado sobre la mesa auxiliar para llevársela a los labios. Mientras tanto, el resto de la familia Campbell, que ya esperaba en el despacho, intercambiaba miradas tensas y nerviosas. La señora Campbell, sentada con la espalda erguida como siempre y la mirada baja, por dentro no estaba menos inquieta que los demás.
Todos pensaban en lo mismo.
¿Qué le habría dejado Harold a Yujin?
¿Dinero? ¿Valores? Tal vez solo algún recuerdo sin importancia. Fuera lo que fuera, hoy todo terminaría. Convencida de que todo se resolvería sin incidentes desagradables, la señora Campbell contuvo su ansiedad y dirigió una cálida sonrisa a su hijo favorito.
“Cuando esto termine, estaba pensando en organizar una fiesta ¿Qué te parece?”
Como si esa frase hubiera sido una señal, Gordon intervino enseguida.
“Sí, ya va siendo hora de cambiar el ambiente en la casa y de anunciar formalmente que eres tú quien heredará la familia”
Aunque era el hijo mayor, no mostraba ni rastro de hostilidad ni descontento. No es que careciera de ambición, pero hacía tiempo que había renunciado a esto. Ni su padre ni su madre dieron jamás oportunidad alguna a los otros hijos y ni siquiera toleraban que mostraran deseos de aspirar a más. Por eso, ellos optaron pronto por dejar de lado la idea de heredar la familia y centrarse en obtener aunque fuera una mayor parte de las migajas. En cierto sentido, era una decisión sensata y por eso mismo, no tenía nada de extraño que todos, excepto Winston, hicieran lo posible por ganarse el favor de sus padres, dispuestos a hacer cualquier cosa que se les pidiera.
Winston, en cambio, desde pequeño había tenido un fuerte sentido de sí mismo y jamás retrocedía en aquello que consideraba correcto. Si eso no hubiera sido más que la obstinación torpe de un niño, sus padres lo habrían descartado sin dudar. Pero Winston siempre fue brillante y ese rasgo también contribuyó a que fuera el elegido. Por eso nunca tuvo necesidad de doblegar su voluntad para agradarles, solo hubo una ocasión en la que aquel hijo que siempre los complacía los decepcionó, pero aquel desvío desafortunado fue corregido de inmediato, así que en última instancia su elección no había sido un error.
Sin embargo, incluso ahora con Harold muerto y a punto de leerse el testamento, que el hijo mayor se alineara de esa manera con su madre, debía tener una razón distinta. Aun así, Winston decidió no profundizar en ello. Tanto antes como ahora, había algo más que ocupaba su mente.
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