Capítulo 29
Como en este capítulo aparecerán los cinco hermanos, repasemos una vez más el orden de sus nombres:
Hermano mayor: Jing Feize (se enfrentó al Emperador Celestial y se marchó al Reino Inmortal para convertirse en Gran Comandante)
Segunda hermana: Jing Feihan (se enfrentó al Emperador Celestial y abrazó el camino budista)
Tercer hermano: Jing Feiyun (el Emperador Celestial selló sus recuerdos y terminó teniendo un romance con el Rey del Inframundo)
Cuarta hermana: Jing Feiyan (el Emperador Celestial selló sus recuerdos y se obsesionó con perseguir al amor de su vida en el mundo mortal)
Hermano menor: Jing Feirong (No tiene esposa; un viudo joven y solitario)
Habían transcurrido ya cuatrocientos veintiséis años desde la batalla del Sello de Supresión Demoníaca.
La antigua Deidad Suprema Chu Yanchuan había perecido en el Pantano Marchito. Aquella orgullosa e indomable deidad de juventud eterna, el Quinto Príncipe del Clan Dragón, también murió aquella noche y jamás regresó al Reino Celestial.
Cuando terminó aquella batalla, el Emperador Celestial, que acababa de regresar a su palacio, montó en cólera. Ordenó capturar y llevar ante la Corte Celestial a Jing Feize, Jing Feiyun, Yu Cang y a Hei Wuchang y Bai Wuchang. Solo había una persona cuyo paradero no lograban encontrar; Jing Feirong.
“¡Abrieron el Sello de Supresión Demoníaca por su cuenta y liberaron a Chi Tuo! ¡Ahora miren el resultado! ¿Están satisfechos?”
Nadie respondió. Yu Cang levantó una mano, descolgó de su cintura la placa que simbolizaba su cargo como Rey del Inframundo, se inclinó respetuosamente, la dejó sobre el suelo y saludó al Emperador Celestial. Después se dio la vuelta y abandonó el salón en silencio. Hei Wuchang y Bai Wuchang lo siguieron sin decir una palabra.
Jing Feiyun contempló la espalda de Yu Cang durante un instante antes de volver la mirada hacia el Emperador Celestial.
Con tono sereno preguntó “Cuando papá se sacrificó para reforzar el sello, no quedaste satisfecho. Ahora que Su Majestad destruyó su propia alma para exterminar al demonio… padre ¿Por qué sigues enfurecido?”
El Emperador Celestial quedó inmóvil por un momento y la sorpresa se dibujó en su rostro.
En ese instante, una ráfaga de viento irrumpió desde el exterior. Las puertas del salón se abrieron de golpe. Jing Feiyan permanecía jadeando junto a la entrada, con los ojos ligeramente enrojecidos. A su lado estaba su segunda hermana, Jing Feihan, envuelta en una serena aura budista, tan apartada del mundo como si no perteneciera a él.
Jing Feiyun y Jing Feiyan acababan de recuperar esa misma noche los recuerdos que habían permanecido sellados durante tanto tiempo acerca de Yu Linyun.
Jing Feiyun ya sabía que el alma de Yu Linyun había sido salvada, por lo que su corazón estaba algo más tranquilo.
Jing Feiyan, en cambio, estaba consumida por la indignación. De no haber sido porque Jing Feihan la encontró a las puertas de la Corte Celestial y logró calmarla, probablemente habría derribado el Palacio Lingxiao con sus propias manos.
“¿Dónde está Jing Feirong?”
Tras un largo silencio, el Emperador Celestial formuló la pregunta en voz baja.
“El cultivo del quinto hermano quedó completamente destruido. Si Su Majestad no nos hubiera hecho perder el tiempo arrestándonos, hace mucho que habríamos ido a tratar sus heridas” respondió Jing Feize.
“Entonces… sobre esa vena de dragón… ¿Acaso… había algo?”
Era extraño que el Emperador Celestial vacilara al hablar. Sabía desde siempre que la vena de dragón permanecía dentro del sello. Sin embargo, después de que Jing Feiyun y Jing Feiyan recuperaran sus recuerdos, comprendió que todos habían arriesgado la vida para abrir el sello por una razón mucho más importante.
Jing Feize asintió con franqueza “La había” Entonces cambió de tono “Pero eso no tiene nada que ver contigo”
Las pupilas del Emperador Celestial se contrajeron de golpe. Lentamente, Jing Feize sacó de su manga una esfera espiritual perfectamente redonda. Dentro de ella se encontraban media vena de dragón… y una hebra del alma azul resplandeciente del antiguo Venerable Divino. Jing Feiyan tropezó al dar un paso al frente y se aferró a la manga de su hermano mayor, mirando fijamente la cuenta espiritual, al cabo de un instante, rompió en llanto y murmuró entre lágrimas con voz ahogada.
“…Padre”
“Es…”La voz del Emperador Celestial era ronca mientras descendía del trono con pasos vacilantes “¿Linyun…? “
“Sí” respondió Jing Feihan.
Luego tomó la esfera espiritual de las manos de Jing Feize y miró al Emperador Celestial antes de decir.
“El alma de papá será custodiada por nosotros cuatro, turnándonos hasta el día de su resurrección. No será necesario que el Emperador Celestial intervenga”
El Emperador Celestial apretó los puños con fuerza y estaba a punto de hablar cuando Jing Feize dijo, marcando cada palabra.
“Estoy seguro de que eso es lo que habrían querido Su Majestad, Feirong… y también papá”
Los cuatro abandonaron el salón, dejando al Emperador Celestial completamente solo, de pie como una figura marchita en medio del gran palacio. El Palacio Lingxiao era extraordinariamente espléndido y al mismo tiempo, estaba desoladamente vacío.
Cuatrocientos años no pasaron de prisa; el alma de Yu Linyun, protegida por la vena de dragón, fue nutrida por turnos por la energía divina, budista, inmortal y la devoción del mundo mortal, fortaleciéndose y consolidándose día tras día. Jing Feirong no regresó a la Corte Celestial. Habiendo perdido todo su cultivo, ya no podía desempeñarse como general ni marchar a la batalla. Tras recuperarse durante un año en la colina de bambú, recuperó lentamente su audición. Más tarde partió hacia el Reino Inmortal y se estableció en el monte Duanyi de Jing Feize; en su día a día, practicaba la espada y exterminaba demonios junto a los discípulos del Reino Inmortal, acumulando poco a poco su cultivo de nuevo.
Aunque se decía que vivía en el monte Duanyi, el lugar que Jing Feirong frecuentaba era el monte Shuliang. Solía adormilarse recostado contra aquel árbol sagrado sin hojas, con la espada sagrada a la espalda, mientras la escarcha y la nieve le cubrían hombros y cuerpo. En más de una ocasión soñó con Chu Yanchuan; soñaba que Chu Yanchuan salía del árbol sagrado y le acariciaba suavemente la cabeza. Aunque no podía ver su rostro con claridad y aunque no pronunciaba una sola palabra, Jing Feirong aún se sentía profundamente satisfecho y feliz.
Por eso, cada vez que despertaba de un sueño y contemplaba el desierto helado que se extendía sin fin, una abrumadora desesperación y un vacío inmenso se desbordaban en el corazón de Jing Feirong. Hubiera preferido no soñarlo para evitar el doloroso contraste entre el sueño y la realidad; sin embargo, tampoco podía evitar anhelar esos sueños, pues eran la única manera que le quedaba de volver a ver a Chu Yanchuan.
Sobrevivía a duras penas aferrándose a sueños ilusorios; no se atrevía a terminarse aquella bolsa de melocotones blancos confitados, guardándola una y otra vez. Tampoco quería que aquella linterna de flores se arrugara o desgastara, por lo que lo protegía con esmero usando su aura de dragón. Había ido al Palacio Yunzi de Chu Yanchuan, pero allí no quedaba nada; Chu Yanchuan era como el viento, que jamás dejaba rastro tras de sí. A veces, Jing Feirong se sumía en el desconcierto, preguntándose si su Majestad verdaderamente había existido alguna vez.
Sin embargo, Jing Feirong aún recordaba aquel rostro y guardaba en su memoria todo lo que habían vivido juntos. La persona a la que había amado ¿Como podría haber sido una ilusión?
Sintió unos toques suaves en el hombro; Jing Feirong abrió los ojos con la mirada perdida. Ante él continuaba desplegándose aquel paisaje nival tan familiar que había contemplado durante más de cuatrocientos años, pero era la primera vez que alguien lo despertaba.
Jing Feirong giró la cabeza bruscamente. Al ver el rostro de Jing Feize, la sorpresa y la alegría que habían destellado en sus ojos se desvanecieron al instante y dijo con cansancio
“…Hermano”
“Papa ha despertado” Jing Feize se agachó a su lado y repitió con suavidad “Feirong… papa ha despertado”
Jing Feirong se quedó atónito durante un largo rato. Luego, extendió los brazos para abrazar el tronco del árbol, apoyó la frente contra la madera y cerrando los ojos con un leve sollozo en la voz, murmuró “Su Majestad, mi venerado padre ha regresado…”
En el monte Duanyi, tras cruzar el largo corredor, Jing Feirong llegó a la entrada del estudio, empujó la puerta y entró. Jing Feiyan sollozaba en silencio, mientras que Jing Feihan y Jing Feiyun estaban de pie frente al escritorio. En ese momento, Jing Feirong experimentó una extraña calma. Caminó hacia ellos y contempló a Yu Linyun sentado en un sillón; vestía con ropajes púrpuras y sus ojos también eran púrpuras, su rostro lucía frío como la escarcha. Debido a su reciente resurrección, su semblante revelaba cierta debilidad y cansancio, pero su mirada emanaba una profunda calidez.
De camino hacia allí, Jing Feize le había contado a Jing Feirong que su papá había perdido la mayor parte de sus recuerdos. Apenas conservaba vagas memorias de su hijo menor, Jing Feirong.
Tras casi ocho mil años de separación, Jing Feirong parpadeó. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas. Se acercó, se arrodilló junto a los pies de Yu Linyun, levantó la vista hacia él y lo llamó con voz ronca “Papa”
Yu Linyun bajó la mirada. Extendió la mano y le acarició suavemente el cabello, sin decir nada.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control. Jing Feirong apoyó la frente sobre las rodillas de Yu Linyun.
Debería haber estallado en un llanto desconsolado, liberando todo el sufrimiento y el dolor que aquella larga prueba le había dejado en el alma, pero solo dejó escapar un sollozo contenido. Mientras Yu Linyun acariciaba su cabello, era como si hubiera regresado al día de su nacimiento, cuando su papá lo sostenía en brazos y lo calmaba con dulzura. Por un instante, Jing Feirong sintió la ilusión de haber vuelto al principio de todo, como si estuviera viviendo un sueño apacible.
Mucho tiempo después, Yu Linyun preguntó “¿Dónde está Yanchuan?” Era el amigo íntimo que lo había acompañado desde sus inicios; aunque Yu Linyun solo tuviera recuerdos de un solo día, jamás olvidaría a Chu Yanchuan.
Jing Feirong levantó la cabeza y tras un largo silencio, dijo con la voz ahogada por los sollozos.
“Ya no está”
Tu mejor amigo, mi amado, ya no está.
Yu Linyun miró atónito a Jing Feize y este último dijo con voz amarga.
“Su Majestad pereció en la gran batalla de hace cuatrocientos años para exterminar por completo a Chi Tuo”
El viento de la montaña atravesó la estancia, sumiendo la habitación en un absoluto silencio. Yu Linyun bajó la mirada en silencio y tras un largo rato, dejó escapar un suspiro tan leve como profundamente agotado.
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