Capítulo 16

El dulce aroma que se extendió a su alrededor hizo que el ceño entre sus cejas se marcara aún más profundamente.

No fui el único; los demás también se dieron cuenta.

El olor de las feromonas había sido tan intenso y aún así Yujin no mostró ninguna reacción. Como si hubiera tomado la desesperada determinación de no reaccionar jamás a las feromonas de Winston. Al recordar aquello, Winston se sintió todavía más desagradable.

Su padre estaba ahora bajo tierra. A estas alturas, desenterrar la tumba para hacer una prueba genética era absurdo. En lugar de eso, decidió utilizar otro método. Sacó el teléfono móvil y marcó un número. Pronto una voz respondió desde el otro lado. Sin rodeos, Winston fue directo al asunto.

“Averigua la fecha de nacimiento de la hija de Yujin”

“Entendido”

Después de escuchar la respuesta, Winston colgó. Una vez más, el silencio se apoderó del lugar.

Jamás saldrá como tú quieres.

Apoyó un brazo sobre el reposabrazos, colocó el pulgar bajo el mentón y acarició lentamente su labio inferior con el índice. El sol ya se había inclinado en el horizonte y la oscuridad comenzaba a asentarse en el salón, pero él permaneció sentado en el mismo lugar, inmóvil, hundido en sus pensamientos.

 

***

 

¿Cómo puede ser tan frío?

Yujin continuó deambulando por la habitación mientras se mordía la uña del pulgar. Incluso después de escuchar una revelación tan impactante, Winston ni siquiera parpadeó. Le pareció un hombre despiadado, de sangre fría, alguien que no tenía ni sangre ni lágrimas en las venas.

Habían pasado varias horas desde que regresó a su habitación, pero la imagen de Winston que había visto en el estudio seguía aferrada a su mente y se negaba a desaparecer.

Winston Campbell ya no tiene nada que ver con mi vida.

Eso era lo que pensaba incluso mientras venía hacia aquí, así que ¿Cómo habían acabado las cosas de esta manera? Cuanto más lo pensaba, más absurdo le parecía ¿Qué demonios estaba pensando Harold al dejar semejante testamento? ¿Y luego decía que me amaba? ¿Que lo sentía?

Si realmente fuera así, no debería haber dejado ese tipo de testamento.

Le resultaba completamente imposible comprender las verdaderas intenciones de Harold. Si de verdad amaba a Yujin y quería disculparse, habría bastado con dejarle una simple suma de dinero en efectivo.

Pero en lugar de eso, decidió detonar una bomba de proporciones descomunales. 

Entonces recordó la propuesta de la señora Campbell y el arrepentimiento lo invadió. Habría sido mejor aceptar el dinero y marcharme de aquí para siempre.

Pero ya era demasiado tarde. Ya había escuchado el contenido del testamento y no había forma de volver atrás. Si no se casaba con Winston, Yujin no recibiría ni una sola moneda. Después de haber llegado hasta aquí, terminaría en la calle junto a su hija sin obtener nada a cambio.

Ni siquiera esperaba una parte tan grande.

Tampoco una cantidad de dinero tan descomunal. Con que fuera suficiente para pagar unos tres meses de alquiler habría bastado. Al recordar su propio pasado, cuando en su momento llegó a depender de Harold  y a verlo como a un padre, se sintió aún más triste y resentido.

Harold ¿Cómo pudiste ser tan cruel conmigo hasta el final?

Le resultaba increíble que lo hubiera traicionado otra vez. Llegó al punto de querer preguntarle por qué lo odiaba tanto.

¿Que me amabas? No me hagas reír.

Si realmente lo hubiera amado de corazón ¿Cómo pudo hacerle algo así? Y para colmo, por segunda vez.

“Papi, papi”

Con los ojos llenos de lágrimas por la frustración, se los frotó a toda prisa al escuchar la voz de Angela. Cuando se giró, con un ligero retraso, la expresión de ansiedad de su hija apareció de inmediato ante su vista. Solo entonces Yujin se dio cuenta de su error, forzó una sonrisa apresurada y se agachó.

“Sí, Angie. Lo siento ¿Papi te asustó?”

Al ponerse de rodillas para mirarla a los ojos y preguntarle, Angela dudó por un momento y luego se abrazó con fuerza a su cuello. Mientras envolvía con sus brazos ese pequeño cuerpo, Angela le dijo.

“Papi ¿Qué pasa? ¿Nuestros nombres no estaban en el testamento?”

A veces, Yujin se preocupaba de que por culpa del trabajo su hija terminara viendo demasiada televisión. También esta vez, al escuchar a la niña demostrar unos conocimientos que sin duda había sacado de algún drama, tragó un suspiro y respondió:.

“No, sí estaban. También nos van a dejar dinero”

No era una mentira. Aunque tampoco le estaba contando toda la verdad. Su perspicaz hija se apartó un poco y preguntó con expresión extrañada.

“Entonces ¿Por qué estás triste?”

¿Cómo debía responderle? Tras pensarlo unos instantes, Yujin escogió cuidadosamente sus palabras.

“Hay una condición para recibir el dinero. Estoy pensando cómo resolverla”

“¿Es difícil?”

“Mmm… ¿Un poco?”

No era un poco. Era completamente imposible. Casarse con Winston y tener un hijo suyo ¿No habría sido mejor que simplemente dijeran que no les dejarían ni un centavo de la herencia?

Mientras la desesperación volvía a apoderarse de él, Angela habló con los ojos brillantes.

“Papi, no te preocupes. Yo te ayudaré”

¿Ayudarlo? ¿Cómo? Era algo que nadie más podía resolver por él, pero el cariño que encerraban aquellas palabras era tan hermoso que Yujin no pudo evitar estrechar a su hija entre sus brazos.

“Gracias, Angie. De verdad me haces sentir mucho más tranquilo”

La niña también rodeó su cuello con los brazos y apoyó la cabeza en su hombro. En el mundo solo se tenían el uno al otro. Antes, ahora y siempre.

Winston pensará en algo.

 

Le parecía increíble e indignante que el único hombre en quien podía apoyarse fuera precisamente él, pero no había otra opción ¿Acaso no lo había visto con sus propios ojos? A aquel hombre que, sin ocultar su desprecio, le había lanzado palabras insultantes sin el menor reparo. Yujin recordó una vez más cuánto lo odiaba Winston y decidió depositar su esperanza justo en ese odio. Winston tampoco aceptaría sumisamente un testamento tan absurdo. Lo único que Yujin podía hacer ahora era esperar a que él hiciera una propuesta.

Pasaron dos días. Una tarde, tras cenar temprano y bañar a la niña antes de lo habitual, Yujin regresó a la habitación y como siempre, se dispuso a leerle un cuento, cuando de pronto llamaron a la puerta.

En un instante, el rostro de Winston cruzó por su mente. Apenas media hora antes, Yujin había visto desde la ventana cómo el auto de él regresaba a la propiedad. Era un momento inesperado, pero no se le ocurría ninguna otra razón para que alguien llamara a la puerta de la habitación donde se hospedaban él y su hija.

Tratando de mantener la compostura lo mejor posible, recompuso su expresión y abrió la puerta. Como era de esperarse, era la sirvienta quien estaba allí de pie.

“El señor Campbell solicita verlo”

Por fin. Yujin respiró hondo una vez antes de mirar a Angela.

“Iré un momento, Angie”

“Sí, papi ¡Lo haras bien!”

Tras besar la mejilla de su hija, que agitaba un puño en el aire para animarlo, Yujin le dedicó una sonrisa radiante y salió al pasillo. En cuanto cerró la puerta y se dio la vuelta, la criada camino delante de él. Mientras la seguía en silencio, intentó calmar a la fuerza el corazón que tardíamente comenzaba a latir con violencia. Era algo que había estado esperando, pero cuando finalmente llegó el momento, no pudo evitar ponerse nervioso. Tampoco ayudaba que la situación se hubiera presentado tan de repente, sin darle tiempo para prepararse mentalmente.

¿No era algo que tarde o temprano iba a suceder?

Aunque no le agradaba admitirlo, Yujin reconoció a regañadientes que quizá esa preparación mental nunca llegaría. Si pudiera, se marcharía ahora mismo de aquella mansión abrazando a Angela y no volvería a mirar atrás. Por supuesto, eso era imposible.

Esta vez intentaré aceptar su propuesta.

Rechazar el sobre que le había ofrecido la señora Campbell había sido una auténtica estupidez. Está bien, pensó Yujin. Basta con aprender de los errores del pasado y no volver a cometerlos.

Si el final es bueno, todo habrá valido la pena.

Se repitió a sí mismo aquellas palabras que siempre tenía presentes y tomó una decisión; Haré lo que diga Winston. No soy tan estúpido como para repetir mis errores y volver a arrepentirme. De pronto, un recuerdo del pasado cruzó por su mente y sin darse cuenta, apretó los puños para luego relajarlos lentamente.

Ya he cometido más que suficientes estupideces en mi vida.

Caminando en silencio, llegó casi sin notar al estudio. Era el mismo lugar donde se había leído el testamento. La sirvienta llamó a la puerta de forma mecánica, esperó un momento, la abrió y se hizo a un lado. Yujin inhaló profundamente, exhaló y entró. El sonido de sus propios zapatos resonaba con una fuerza inusual. Tras dar tres o cuatro pasos dentro de la habitación se detuvo. En el instante en que sus ojos se encontraron con los del hombre que estaba frente a él sin quererlo contuvo el aliento.

Aquel hombre, de una estatura imponente que superaba los dos metros, lo observaba apoyado sobre el borde de un enorme escritorio de madera maciza. Llevaba traje, pero se había quitado la chaqueta; en su lugar, un chaleco envolvía su robusto pecho.

Seguía siendo increíblemente musculoso y tan enorme como siempre. De repente, aquel estudio que era lo suficientemente amplio como para que diez personas se sentaran separadas, se sintió asfixiante y estrecho. Justo cuando Yujin recordó que aquel hombre que parecía llenar toda la estancia había sido el capitán del equipo de fútbol americano en la preparatoria, escuchó el sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas.

Ahora, estaban completamente solos en el estudio.

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