Capítulo 32
Pasó un tiempo y Yu Linyun fue a la montaña Yunzi para visitar a Chu Yanchuan. Al entrar en el patio, vio a Jing Feirong y a Chu Yanchuan sentados en los escalones, tejiendo un grillo con hierba. El mimado Quinto Príncipe estaba prácticamente sentado sobre el regazo de su Majestad, abrazándolo con fuerza. Chu Yanchuan tejía el grillo con absoluta concentración, mientras Jing Feirong se entregaba por completo a sus mimos; le acariciaba las orejas, jugueteaba con las puntas de su cabello y luego le besaba la mejilla. Estaba tan apegado a él que no dejaba de buscar su atención y hasta su voz sonaba suave e infantil “Su Majestad, dentro de unos días vayamos al mundo mortal a divertirnos. Quiero ver cómo hacen pelear a los grillos, ¿Sí?”
Con esa actitud tan empalagosa no parecía un dragón, sino más bien una oruga; sentía que no podría vivir ni un solo instante si su Majestad no le prestaba atención. Solo Chu Yanchuan era capaz de no encontrarlo molesto; asintió con la cabeza y dijo “Está bien”
Yu Linyun dejó escapar una leve tos.
Jing Feirong se sobresaltó y se levantó casi a tropezones, dando un par de pasos en falso. Al ver a Yu Linyun, lo llamó desconcertado “Papa”
Chu Yanchuan levantó la vista y cruzó una mirada con Yu Linyun, ambos sonrieron levemente. Yu Linyun acarició la cabeza de Jing Feirong y dijo.
“Quisiera salir a caminar un rato con Yanchuan”
“Está bien”
Chu Yanchuan dejó el grillo de hierba, se puso de pie, se acomodó las mangas y caminó hasta quedar frente a ellos.
Ahora Jing Feirong se sobresaltaba por cualquier cosa. Sujetó la mano de Chu Yanchuan y le preguntó a Yu Linyun
“¿Adónde van?” Luego giró la cabeza hacia Chu Yanchuan y preguntó “Cuando regreses… ¿seguirás queriéndome?”
“Iremos al Gran Salón del Yuanshi Tianzun para consolidar un poco más el espíritu primordial de Yanchuan” respondió Yu Linyun “¿Por qué no vas al Reino Inmortal? He oído que últimamente algunos demonios errantes están causando problemas”
Como su papá ya lo había dicho de esa manera, Jing Feirong asintió de inmediato y se dispuso a salir. Sin embargo, Chu Yanchuan lo sujetó del brazo, bajó la cabeza y le ató con cuidado la cinta del puño derecho de la manga. Lo hizo con tanta atención y delicadeza que, de no haber estado Yu Linyun presente, Jing Feirong sin duda se habría abalanzado sobre su Majestad para robarle varios besos.
Los espiritus primordiales de ambos seguían extremadamente debilitadas. Permanecieron sentados con los ojos cerrados en meditación dentro del Gran Salón de Yuanshi Tianzun durante media hora. Cuando Yu Linyun abrió los ojos, preguntó “¿Puedes soportar a Feirong?”
Aquel pequeño dragón tan dependiente, infantil, frágil y llorón preocupaba a Yu Linyun. Temía que, recién vuelto a la vida, Chu Yanchuan no fuera capaz de soportarlo de golpe.
“No hable mal del Quinto Príncipe a sus espaldas ”Chu Yanchuan respondió sin siquiera abrir los ojos.
Yu Linyun sonrió “Hablar un poco de mi hijo menor no cuenta como hablar mal de él”
Chu Yanchuan levantó la mano y se frotó la frente antes de preguntar “¿Siguen sin encontrarlo en el Pantano Marchito?”
“No. Feize y yo hemos ido a buscar varias veces, pero no encontramos ningún fragmento espiritual que contenga tus recuerdos”
Tras un momento de silencio, Yu Linyun dijo “Si algún día llegara ese momento y recuperases tus recuerdos… no sé si seguirías estando con Feirong”
“¿Por qué dice eso?” Chu Yanchuan frunció ligeramente el ceño.
“Porque no sé si realmente amas a Feirong. Me preocupa que, por culpa de eso, vuelva a salir herido”
Chu Yanchuan abrió los ojos. Permaneció en silencio un momento, con las pestañas bajas, antes de decir “No hace falta preocuparse por eso”
“Me gusta mucho el Quinto Príncipe tal y como es ahora. Si recupero mis recuerdos, supongo que me gustará aún más”
El Quinto Príncipe, que no podía estar sin su Majestad ni un solo instante, el Quinto Príncipe cuyo corazón y ojos estaban colmados únicamente de su Majestad. Aquellos ojos llenos de apego y sinceridad, aquel abrazo tan cálido y genuino. Chu Yanchuan no encontraba razón alguna para no quererlo. Imaginaba que en el pasado tal vez no había sido bueno expresándose o quizás por diversas razones no había podido decirlo en voz alta. Ahora estaba completamente en blanco por dentro y por fuera, pero al ver al Quinto Príncipe, sentía que todos los deslumbrantes paisajes del mundo se reflejaban en sus ojos e incluso él mismo se impregnaba de ese resplandor desbordante.
Yu Linyun asintió “Entonces está bien. Vamos”
Al salir del gran salón, se ‘encontraron por casualidad’ con el Emperador Celestial. Este hizo una reverencia a Chu Yanchuan.
“Su Majestad”
Chu Yanchuan lo miró con expresión impasible, sin decir una palabra. Yu Linyun entonces le preguntó “¿Te resulta familiar?”
“No” respondió Chu Yanchuan “Pero, por alguna razón, no tengo muchas ganas de hablar con él”
Ni siquiera el digno Emperador Celestial supo cómo ocultar su incomodidad.
Yu Linyun habló “Los recuerdos de Yanchuan…”
Antes de que pudiera terminar, el Emperador Celestial respondió de inmediato “Tengo una vena de dragón ¿La quieres?” Como si aquella vena de dragón fuera mercancía de un puesto callejero, algo que pudiera sacar y vender en cualquier momento.
“Extraer una vena de dragón supone perder un cuarenta por ciento del cultivo. Qué generoso es el Emperador Celestial” dijo Yu Linyun con indiferencia “¿No teme dejar a los Seis Reinos sin gobernante?”
“Si la noche de la gran batalla no hubiese estado ante Yuanshi Tianzun sino en el Reino Celestial, su Majestad no habría…” El Emperador Celestial bajó la mirada; aquella noche realmente no se encontraba en la Corte Celestial. Tras recibir el mensaje, se dirigió a toda prisa hacia el Reino Demoníaco, sin imaginar que a mitad de camino un oficial divino vendría a informarle; Chi Tuo había sido aniquilado, pero el Tercer Príncipe había liderado a los generales celestiales hasta las fronteras de Kuze para brindar apoyo, sufriendo pérdidas devastadoras; el Quinto Príncipe estaba gravemente herido y su Majestad había perecido.
En una sola noche, el mundo cambió de forma drástica. Desde entonces, no se volvió a saber nada del Quinto Príncipe; Jing Feiyun y Jing Feiyan, habiendo recuperado sus recuerdos, rompieron lazos con él. El Rey del Inframundo, Yu Cang, presentó voluntariamente su renuncia… De entre tantas y tantas cosas, solo al saber que el alma de Yu Linyun aún se conservaba, el Emperador Celestial volvió a sentir, aunque fuera un poco, lo que significaba estar vivo.
“No hace falta la vena de dragón. Usa el Sello Imperial del Emperador Supremo para buscar a fondo tanto en el Reino Demoníaco como en el Reino Celestial. A ver si encuentras algo” dijo Yu Linyun.
El Emperador Celestial asintió “De acuerdo”
Chu Yanchuan le dijo un “muchas gracias” y se retiró junto con Yu Linyun. Sin embargo, el Emperador Celestial lo llamó con cierto nerviosismo “Linyun”
Yu Linyun volvió la cabeza. En el etéreo reino divino, sus túnicas púrpuras caían como la seda y sus pupilas púrpura proyectaban un leve frío; por un instante, fue como volver a verlo por primera vez. El Emperador Celestial se quedó perplejo y dijo en voz baja “Las flores de cerezo de la montaña Wangyue han florecido ¿Querrías ir a verlas conmigo?”
“No sé si aún lo recuerdas… Antes te gustaban mucho los dulces de melocotón blanco de la montaña Wangyue”
Yu Linyun conservó una expresión serena y dijo “No lo recuerdo. Tampoco es necesario que el Emperador Celestial vuelva a mencionarlo”
Jing Feirong, sosteniendo una hierba cola de zorro entre los dientes, estaba reclinado sobre el alféizar de la ventana en el torreón más alto del Monte Duanyi. El interior de la habitación era un bullicio total, con Jing Feize, Jing Feiyun, Jing Feiyan y Bai Wuchang jugando al mahjong.
“¿Cómo está Yu Cang?” Preguntó Jing Feize.
Hace más de cuatrocientos años, Yu Cang intentó renunciar a su cargo, pero no lo consiguió. Aunque devolvió su placa de identificación, el Emperador Celestial nunca nombró a un nuevo Rey del Inframundo. Los asuntos del Inframundo eran demasiado importantes para permanecer un solo día sin alguien al mando. Los Diez Reyes Yama se turnaron para convencer a Yu Cang y al final, prácticamente lo obligaron a regresar al trono del Inframundo. Incluso Bai Wuchang y Hei Wuchang tuvieron que seguir desempeñando sus funciones. El pobre Yu Cang ya había quedado gravemente herido durante la batalla del Sello de Supresión Demoníaca y aun así, tenía que soportar que los diez veteranos supervisaran constantemente su trabajo. Estaba débil y enfermizo, agotado física y mentalmente; permanecer en el Palacio del Inframundo era para él como estar encarcelado.
Antes de que Bai Wuchang pudiera responder, Jing Feiyun habló primero.
“Murió”
Bai Wuchang sonrió con aire despreocupado “Si el Tercer Príncipe dice que mi señor ha muerto, entonces ha muerto”
“Entonces ¿El tercer hermano ahora es viudo?” dijo Jing Feiyan
Jing Feiyun le lanzó una feroz mirada. Sin el menor temor, Jing Feiyan le sacó la lengua antes de volver la vista hacia la ventana.
“Rongrong ¿No vienes a jugar?”
“……”
Jing Feirong no le hizo caso. Masticaba distraídamente la raíz de una cola de zorro mientras miraba fijamente hacia el exterior, sin que nadie supiera qué estaba observando.
“Hace un mes que no ve a su Majestad. El pobre niño se volverá loco” suspiró Jing Feiyan “Yo tampoco he visto a papá desde hace mucho tiempo. También lo extraño”
La última vez, tras regresar de aquel viaje con Yu Linyun, Chu Yanchuan le informó fríamente a Jing Feirong que entraría en cultivo aislado durante un tiempo, sin fecha fija de retorno. Temiendo que Jing Feirong se sintiera solo en la Montaña Yunzi, Chu Yanchuan le sugirió que fuera a quedarse a la Montaña Duanyi y le prometió que cuando terminara su aislamiento iría personalmente a buscarlo.
En aquel momento, Jing Feirong lloró hasta quedarse afónico, abrazando a su Majestad y pidiéndole que se cuidara bien y que no olvidara que había un pequeño dragón esperándolo en casa Al día siguiente de la partida de Chu Yanchuan, Jing Feirong fue a la Montaña Shuliang y palpó cuidadosamente de arriba abajo aquel árbol divino; este había recuperado su verde aspecto original, pero en su interior no quedaba ningún espíritu primordial; Chu Yanchuan no estaba cultivando allí.
Había pasado un mes. Ni su Majestad ni su papá aparecían. Jing Feirong enfermó de añoranza y vivía completamente distraído. Mientras exterminaba demonios, estuvo a punto de cortar de un espadazo la cabeza de Jing Feiyun, lo que provocó que su tercer hermano lo reprendiera furioso.
“No sé si Sus Altezas ya se enteraron. el Emperador Celestial fue convocado ante Yuanshi Tianzun y castigado” dijo de pronto Bai Wuchang mientras jugaba con una ficha de mahjong.
Jing Feiyun “No lo sé, no tengo idea”
“¿Por qué motivo?” preguntó Jing Feiyan.
“Dicen que utilizó sin motivo el Sello Imperial para rastrear e inspeccionar a fondo los Seis Reinos, aparentemente en busca de algo” respondió Bai Wuchang.
“Oh” Jing Feiyan soltó una leve risa “Probablemente esté buscando su conciencia que perdió hace mucho tiempo”
Jing Feirong bajó la mirada. Pensó en lo vasto y vacío que era el Palacio Celestial y en cómo su padre había estado allí solo durante estos últimos cientos de años; debía de sentirse un poco solitario.
El viento sopló, haciendo balancear la hierba de cola de zorro. Jing Feirong se la sacó de la boca y al desviar la mirada, vio repentinamente una figura de pie al final de la larga escalinata de la montaña.
A pesar de la gran distancia, Jing Feirong sintió como si ya estuviera contemplando directamente sus ojos. Se quedó atónito por un instante, lleno de incredulidad, y luego sin dudarlo, saltó por la ventana y descendió volando.
Al aterrizar, solo unos pocos pasos los separaban. Jing Feirong miró a Chu Yanchuan; su corazón latía desenfrenadamente, no solo por reencontrarse tras una larga separación, sino porque en esos ojos volvió a ver todo aquello que lo había enamorado hacía cientos de años.
Una mirada tan serena, desapegada y concentrada, brillante como la luna tras las nubes, resplandeciente como el celaje de la tarde; entre las miles de maravillas de este mundo, ninguna podía compararse con cada una de las veces que su Majestad lo miraba.
“Quinto Príncipe” lo llamó Chu Yanchuan mientras lo miraba. Solo había pasado un mes sin verse, pero a Chu Yanchuan le pareció que habían transcurrido muchos años… y en efecto habían pasado muchos años, tal como cuando estuvo atrapado solo en la ilusión en aquel entonces. Conocía el final y sabía que debía marcharse de forma firme y limpia, sin dejar añoranzas, pero aun así no pudo evitar, con cierta egoísmo y codicia, querer decirle al Quinto Príncipe que él era aquel árbol divino.
No quería que el Quinto Príncipe lo olvidara, por lo que en el último momento lo dijo, a pesar de que nunca antes había tenido la intención de mencionarlo.
Él era solo un dios que había vivido durante muchísimo tiempo, preparado desde hacía mucho en el transcurso de los siglos para sacrificarse en cualquier momento. Chu Yanchuan siempre creyó que podría enfrentarse a la muerte sin vacilar, que no sería más que otra forma de existir. Sin embargo, cuando llegó ese momento, descubrió que él también sentía apego y nostalgia por quedarse.
La ardiente mirada del joven, su sonrisa pura, sus abrazos llenos de intimidad, cada vez que lo llamaba ‘Su majestad’…
Resulta que yo tampoco quería dejarlo ir. En el momento en que su espíritu primordial se disipaba, Chu Yanchuan pensó; así que este es el sabor de esta sensación.
Resulta que, al pensar que nunca volveríamos a vernos, yo también sentiría un pesar tan grande.
Con los ojos enrojecidos, Jing Feirong corrió hacia su Majestad; el viento hacía flotar las mangas de su túnica. Extendió sus brazos y abrazó con fuerza a Chu Yanchuan, escondiendo el rostro en su cuello y dejando escapar un suspiro tembloroso antes de decir con la voz quebrada por el llanto “Su Majestad”
“Te extrañé tanto, te extrañé muchísimo”
Su Majestad finalmente había regresado sano y salvo. Jing Feirong sollozó con un toque de desconsuelo “De ahora en adelante, no puedes volver a separarte de mí”
“Ya no lo haré” Chu Yanchuan le acarició el cabello y dijo suavemente “Gracias por esperar por mí durante tanto tiempo, su Alteza”
La luz del sol poniente se refleja en las aguas frías de los arroyos; entre las montañas nevadas superpuestas, aún se alzan miles de nubes.
Notas del autor:
¡Se terminó! Muchas gracias por acompañar la novela hasta el último capítulo, por todos sus comentarios y por su apoyo. Mañana comenzaré a publicar mi otra novela, Vegetación Salvaje ¡Si el destino nos vuelve a reunir, nos veremos de nuevo!
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