Capítulo 27

Con una serie de sonidos agudos, las espadas salieron de sus vainas. Chu Yanchuan retiró la barrera que rodeaba el Sello Demoníaco, mientras que Jing Feirong levantó la mano para atrayendo el símbolo que estaba encima del sello hacia su palma. Privado de la restricción del símbolo, el Sello Demoníaco comenzó a temblar violentamente. Un leve rugido resonó desde las profundidades del Reino de los Demonios. Yu Cang miró a Jing Feiyun y dijo “Tercer príncipe, te pido que regreses al Palacio Celestial y convoques refuerzos.”

Una vez abierto el Sello Demoniaco, todo el reino de los demonios perdió su supresión más potente. Las fuerzas demoníacas se agitaron, decididas a ayudar a Chi Tuo. Jing Feiyun lo miró, no dijo ni una palabra y se dio la vuelta para abandonar el Pantano Marchito.

Tan pronto como salió de la barrera, el suelo tembló violentamente. Jing Feiyun tropezó y cayó de rodillas, al mirar atrás vio las llamas carmesí que se elevaban hacia el cielo. ¡El Sello Demoniaco se había roto! La entidad demoníaca Chi Tuo, encarcelada durante diez mil años, se esforzaba por liberarse, retenido únicamente por las cadenas que le ataban los pies que rozaban el suelo con un sonido chirriante y estridente.

“¡Son unos… malditos lunáticos!”, pensó Jing Feiyun apretó los dientes y se levantó dirigiéndose directamente al Reino Celestial sin mirar atrás.

Chu Yanchuan, Yu Cang y Hei Wuchang se colocaron en formación triangular, creando un sello que rodeará a Chi Tuo. Jing Feirong se elevó en el aire y clavó su espada en el pecho de Chi Tuo. La espada sagrada llevaba consigo sus milenios de cultivo, y su espíritu se entrelazaba con la esencia de la espada para iluminar el rostro helado de Jing Feirong. En esa fracción de segundo, sus miradas se cruzaron. Chi Tuo no mostró ningún signo de retroceder, sino que lentamente curvó los labios en una sonrisa inquietantemente siniestra, con sus pupilas carmesí parpadeando.

La expresión de Jing Feirong cambió abruptamente. Bajó la vista y vio que cuando la punta de la espada atravesó el pecho de Chi Tuo, simplemente se hundió en un vacío de pálido caos. Una fuerza irresistible surgió a través de la espada, arrastrándolo directamente a ese caos desconocido.

Un silbido pareció pasar junto a su oído. Jing Feirong abrió los ojos de golpe y se encontró tumbado en la cama del dormitorio.

”¿Su Alteza?” Una figura se incorporó lentamente a su lado. Jing Feirong se giró y vio a Chu Yanchuan, que parecía acababa de despertarse.

”¿Qué…?” Jing Feirong se frotó la cabeza, desconcertado ”¿Dónde estamos…?”

”¿Qué pasa?” Chu Yanchuan le acarició la mejilla con preocupación ”¿Te sientes mal?”

“No… no…” El propio Jing Feirong no sabía si estaba negando su malestar o rechazando la escena que tenía ante sí. Se levantó apresuradamente de la cama, sacudiendo la cabeza frenéticamente.

Esto no podía ser real. Estaba claramente en el Pantano Marchito ¿cómo podía encontrarse de repente de vuelta en su dormitorio? Esto no podía ser real.

Jing Feirong miró sus manos vacías, sintiéndose intranquilo. Quería encontrar la Espada Sagrada, miró a su alrededor, pero no podía detectar su presencia.

“Alteza…”

Jing Feirong abrió mucho los ojos al levantar la vista. La voz de Chu Yanchuan era suave como la seda, con un tono diferente a cualquier otro que hubiera oído antes. Su expresión también le resultaba desconocida. Se acercó y le agarró por los hombros. Aquel rostro normalmente frío ahora mostraba una expresión casi encantadora, con una mirada suave y seductora. Se inclinó hacia Jing Feirong como si no pesara nada, ladeó la cabeza y rozó con los labios la barbilla del otro. “¿Qué busca su Alteza?” preguntó

“Nada… nada…” respondió Jing Feirong, que intuía que algo no iba bien; su mente daba vueltas y sus pensamientos se enredaban sin remedio. Instintivamente, rodeó con los brazos a Chu Yancuan, las túnicas de este último estaban desabrochadas y su cintura era cálida y suave. Un calor lánguido soplaba sobre el cuello de Jing Feirong, amenazando con encenderlo.

“Duerme un poco más” Los dedos de Chu Yanchuan recorrieron la mejilla de Jing Feirong, descendiendo hasta su abdomen. El contacto era agudo y delicado, como una serpiente que se desliza. La visión de Jing Feirong se nubló; se esforzó por abrir los ojos, pero no veía nada. Solo oía la suave voz de Chu Yanchuan susurrando “¿Lo hacemos, Feirong…?”  

Recuperó la conciencia en un instante. Jing Feirong lo empujó con una mano, con los ojos claros y fríos. “¡Vete!”

Chu Yanchuan nunca lo había llamado por su nombre, siempre se dirigía a él como “Alteza” o “Quinto Príncipe”, algo que Jing Feirong nunca olvidaría.

“Su Alteza es realmente astuto” sonrió Chu Yanchuan con una sonrisa seductora, cuyos rasgos cambiaron y se transformó en Chi Tuo. La escena circundante se derrumbó, transformándose en la visión dentro del Sello Demoníaco que Jing Feirong había presenciado antes.

“Me trajiste a esta ilusión solo para ganar tiempo”, afirmó Jing Feirong con frialdad.

“En efecto” respondió Chi Tuo con una sonrisa siniestra. “Sin ti, el único dragón Místico ¿qué pueden hacerme los demás?”

Jing Feirong lo miró fijamente. “Si destruyo esta ilusión por completo, tu alma se perdería. Estoy dispuesto a ignorar las consecuencias, puedes probarlo si lo deseas”

Sin embargo, no estaba completamente seguro. No sabía cuántos espíritus demoníacos y cuánto cultivo había invertido Chi Tuo en esta ilusión. Destruirla exigiría una cantidad inmensa de cultivo y Jing Feirong no podía actuar de forma precipitada.  

“Ignorar las consecuencias… ¿lo dices en serio?” Chi Tuo señaló de repente hacia un punto concreto. “¿Incluso ignoramos esto?”

Jing Feirong siguió la dirección que él señalaba y no muy lejos vio una tenue luz roja parpadeando, rodeada por una pálida luz azul. Jing Feirong contuvo el aliento; era la mitad de su vena de dragón, junto con el alma y el espíritu de su papá.

Sin dudarlo, extendió la mano para agarrarla. Justo cuando sus dedos estaban a punto de tocarla, la vena de dragón, el alma y el espíritu desaparecieron de repente. El corazón de Jing Feirong latía con fuerza, detrás de él se oyó la voz de Chi Tuo “¿De verdad creías que el alma y el espíritu de Yu Linyun podrían permanecer intactos dentro del sello?”

Sin embargo, Jing Feirong solo podía mirar fijamente la oscuridad vacía que tenía ante sí, sin atreverse a seguir escuchando.

“¿Conoces el sabor del alma del dios antiguo?” preguntó Chi Tuo con una voz inquietantemente siniestra. “¿Sabes con qué ferocidad luchó cuando devoré su alma y su espíritu?”

Jing Feirong temblaba violentamente y se tapaba los oídos. Sus ojos se volvieron vidriosos mientras murmuraba “No lo digas… Cállate… Cállate…”

“Mátame hoy y él nunca volverá a renacer por toda la eternidad. Jing Feirong, piénsalo bien”

“¡Cállate! ¡Te dije que te calles!”

Jing Feirong gritó histéricamente, con los ojos inyectados en sangre y escamas de dragón negro brotando de debajo de su garganta. De repente, un destello cegador estalló cuando la Espada Sagrada buscó a su amo, aterrizando precisamente en las manos de Jing Feirong. Al borde del colapso, apenas capaz de pensar con coherencia, blandió la espada y giró hacia Chituo. Sin embargo, en el momento en que el filo se acercó a su objetivo, se detuvo abruptamente…

Yu Linyun estaba de pie frente a él, con sus ojos violetas tan fríos como el hielo y la mirada serena.

“Papá….” dijo Jing Feirong con la boca ligeramente entreabierta. Era la primera vez que se encontraba cara a cara con Yu Linyun, la primera vez que veía así a su papá. Las lágrimas brotaron de sus ojos y la voz de Jing Feirong se quebró con un tono ronco “Papá… ¿Es cierto lo que ha dicho?”

Sin embargo, Yu Linyun se limitó a mirarlo sin responder. Jing Feirong se acercó un paso, extendiendo la mano para tocarlo, pero Yu Linyun dio un paso atrás. Permanecieron a esa distancia hasta que Jing Feirong no se atrevió a avanzar más, aterrorizado de que Yu Linyun pudiera desaparecer.

“¿Qué te parece…?” resonó la voz de Chi Tuo desde todas las direcciones, teñida de una risa escalofriante. “Si vivo, Yu Linyun aún podría revivir. Si muero, él también morira de verdad”

“¿Qué eliges?” exigió Chi Tuo con crueldad. “¿Qué eliges?”

Otra elección… otra más… Hace siete mil años, el Emperador Celestial exigió a Chu Yanchuan que eligiera; los Seis Reinos o el Quinto Príncipe. Chu Yanchuan eligió y Yu Linyun eligió… Ahora él también debe elegir; si Chi Tuo vive, los Seis Reinos se enfrentan a la ruina; si Chi Tuo muere, su papá tampoco podrá vivir.

”¿Por qué… por qué tiene que ser así…?” Jing Feirong dejó caer las manos sin fuerzas a los lados, y la punta de su espada golpeó el suelo. Mirando fijamente el rostro de Yu Linyun, las lágrimas corrían por sus mejillas mientras decía “¿Por qué todo el mundo tiene que elegir…?”

Él no quería elegir. Prefería convertirse él mismo en la única opción, ofreciéndose a cambio, a cambio de la paz de todos los seres vivos, a cambio del renacimiento de su papá.

“No elegiré… No elegiré” Jing Feirong levantó la mano y presionó la espada sagrada contra su garganta. Con la voz ahogada por la emoción, declaró “Me sacrificaré yo en su lugar”

Cambiar su alma junto al espíritu de dragón por la muerte de Chi Tuo… Si quedaba algún rastro del alma de su papá dentro de Chi Tuo, su hermano mayor sin duda lo encontraría. Su papá aún podría… Por fin comprendió el estado mental en el que se encontraban Chu Yanchuan y Yu Linyun hacía siete mil años. Solo sacrificándose uno mismo se podía alcanzar verdaderamente una conciencia tranquila.

Jing Feirong cerró los ojos mientras las lágrimas le corrían por las mejillas; no albergaba ningún remordimiento, pero no podía soportar la separación. No podía soportar dejar atrás a sus hermanos mayores, no podía soportar irse… y separarse de su Majestad.

Esta noche todo había sido demasiado apresurado; aún no se había despedido de su Majestad.

La espada sagrada temblaba violentamente, reacia a dañar a su amo. Justo cuando Jing Feirong se disponía a usar su fuerza para suicidarse y dispersar su alma, alguien se acercó por detrás. Sus ojos llenos de lágrimas fueron cubiertos con delicadeza. La familiar y fresca fragancia lo envolvió y la voz de Chu Yanchuan era clara y tranquila, como un manantial que brota de la nada.  

“Alteza, no llores. Todo esto no es más que un demonio interior. No tenga miedo, yo elegiré por usted”

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