capitulo 1
PRÓLOGO
“¿De quién es la niña?”
Una voz escalofriante le atravesó los oídos de repente. Yujin se estremeció y volvió a la realidad. La pistola seguía apuntándole. El rostro frío e inflexible de Winston, los ojos llenos de desprecio que lo miraban desde arriba, nada había cambiado. Al darse cuenta de que se había dejado llevar por una absurda ilusión, Yujin sintió que una ola de pánico lo invadía y por un momento, no supo qué hacer. Ni siquiera encontró las palabras para responder y Winston se burló como si lo esperara.
“Por supuesto, no puedes responder.”
Una risa escapó de la comisura de los labios retorcidos de Winston como un breve suspiro.
“Un promiscuo como tú ¿Que vas a saber sobre quién es el padre de la niña?”
Por un instante, sintió como si algo afilado se le clavara en el corazón. Yujin, con el rostro pálido, solo pudo quedarse mirando a Winston.
Eres tú.
Abrió la boca para decirlo, pero ningún sonido salió. Sus palabras, cargadas de una verdad desesperada, se quedaron atrapadas en su garganta, sin encontrar salida.
Eres tú, Winston.
Yujin se quedó paralizado por la conmoción, incapaz de articular palabra. Winston sonrió con aire burlón, con voz cargada de sarcasmo.
“Cariño, en este mundo, nadie sabe mejor lo sucio que eres”
1
Cough, cough.
La tos seca y violenta resonó en la habitación, pero el abogado permaneció de pie, con la espalda recta y la expresión impenetrable. El hombre jadeaba, con el pecho subiendo y bajando rápidamente, antes de desplomarse exhausto. Un leve y persistente rastro de sus feromonas aún flotaba en el aire, un aroma que lo había elevado a esta posición, le había concedido todo, pero que cruelmente le había negado lo único que más deseaba.
Pero ahora, ese aroma ya no era embriagador ni abrumador. Simplemente flotaba apenas perceptible, lo justo para hacerse notar. Era casi idéntico al aroma de la muerte. Un sonido húmedo y entrecortado escapó de la garganta del hombre mientras jadeaba. Cough, cough. Respiraba con dificultad y hablo con una voz ronca.
“No… me queda mucho tiempo ¿verdad?”
Un sonido burbujeante y áspero siguió a sus palabras.El médico que lo atendía, de pie junto a la cama, lo miró en silencio. El abogado, que había esperado a que cesara la tos, dejó pasar un momento antes de hablar
“¿Está listo?”
Ante la tranquila pregunta, el hombre tosió dos veces más antes de asentir. Como si lo tomara como una señal, el médico comenzó a hacerle una serie de preguntas. Después de escuchar las respuestas del hombre, se volvió hacia el abogado y habló.
“El Sr. Campbell está plenamente consciente. Sus niveles de feromonas también es más bajo de lo habitual”
Se sabía que los alfas extremos sucumbían ocasionalmente a la abrumadora intensidad de sus propias feromonas y sus mentes se disolvían bajo la tensión. Pero a pesar de su frágil cuerpo, la mente de Harold Campbell permanecía lúcida.
“Por supuesto, es la primera vez en mi vida que mi mente está tan clara.”
El abogado y el médico miraron en silencio al propietario de la mansión, que había respondido como si estuviera esperando ese momento, con voz firme como el acero. Harold Campbell solo tenía poco más de setenta años. Sin embargo, le quedaba poco tiempo de vida.
Dado el rasgo propio de los alfa extremos, con una inmunidad más alta que la de la gente común, un envejecimiento más lento y una esperanza de vida mucho mayor, algo así era inusual. Quizá fuera el precio por haber nacido como el único miembro de la familia con un rasgo casi cercano a una mutación. Las feromonas que lo habían dominado durante décadas finalmente se habían rendido ante su huésped moribundo.Y el hombre, por primera vez en su vida, sintió una sensación de liberación. Pronto también sería libre de este cuerpo enfermo y pesado.
Otro ataque de tos sacudió su cuerpo. El abogado, tras confirmar que todo, incluidas las declaraciones del médico se estaba registrando correctamente, comenzó a hablar.
“Este testamento ha sido redactado de acuerdo con los deseos explícitos del Sr. Harold Campbell. El Dr. Wilson ha confirmado que está en pleno uso de sus facultades mentales. Para verificar aún más la validez de este testamento, otros dos médicos han realizado evaluaciones psiquiátricas y han proporcionado documentación oficial de sus conclusiones. Estos certificados de verificación se adjuntan al testamento. Ahora, Sr. Harold Campbell, proceda a leer su testamento en voz alta”
El abogado que había recitado mecánicamente las mismas frases formularias innumerables veces para diferentes clientes, cambiando solo el nombre y algunas palabras menores cada vez, le entregó a Harold el testamento redactado previamente y se hizo a un lado. Harold recuperó el aliento, luchó por incorporarse y, apoyando la espalda en la gran almohada, logró hablar.
“Yo, Harold Campbell, he redactado este testamento en pleno uso de mis facultades, al encontrarme al borde de la muerte. Este documento se ejecutará sin problemas bajo la supervisión legal del abogado McCoy”
Tras pronunciar estas largas frases, le sobrevino otro ataque de tos seca y rápida. Tras luchar por recuperar el aliento, reanudó la lectura.
“Camilia, que has estado conmigo toda la vida, tú me regalaste a nuestros cuatro hijos, un tesoro para mí.”
Con una voz firme y clara, Harold comenzó a enumerar la herencia que dejaría a cada uno.
A su esposa, Camilia, le otorgaba un millón de dólares en efectivo cada mes hasta el día de su muerte. Sin embargo, si volvía a casarse, los pagos serían suspendidos.
A Catherine, su única hija y primogénita, le dejaba diez millones de dólares en efectivo y todos los caballos de la familia.
A Gordon, el mayor entre los varones y su segundo hijo, le otorgaba diez millones de dólares en efectivo, así como la villa y las tierras de Malibú.
A Jason, el tercero hijo, le concedía cien mil dólares en efectivo cada mes, pero con la condición de que continuará recibiendo tratamiento médico por su adicción. Si interrumpía el tratamiento o volvía a consumir sustancias ilícitas, sería internado inmediatamente en un hospital especializado para recibir tratamiento intensivo y los pagos serían suspendidos hasta que le den de alta.
Harold apenas logró pronunciar estas palabras, ya que su discurso se vio interrumpido por una tos seca. Hizo un gesto débil hacia el médico, pidiendo agua. El doctor le entregó rápidamente un vaso que Harold bebió hasta la última gota antes de exhalar con agotamiento. Solo entonces volvió a hablar, con voz ronca.
“Y Winston, mi querido hijo menor”
El hijo al que más quería. El que más se le parecía. De todos sus hijos, Winston era el más excepcional, el único que había heredado el mismo rasgo genético que el propio Harold. Al imaginar esos penetrantes ojos violetas, idénticos a los suyos, su voz tembló ligeramente.
“Para ti …”
2
Yujin va a regresar.
Cuando la noticia llegó por primera vez, la familia Campbell se sumió en el caos. Lady Catherine, que se desmaya a la menor provocación, volvió a perder el conocimiento, esta vez durante 34 segundos. Su esposo George, que la recostó en el sofá y le abanicaba el rostro con un pañuelo, apenas logró contener las palabrotas que querían escapársele. Con gran esfuerzo, solo consiguió soltar un “¡Maldición!”
Camilia Campbell, siempre decidida y serena, mantuvo la espalda recta y conservó la compostura. Pero en el fondo, deseaba poder desmayarse como su frágil hija. Su estado de ánimo estaba completamente destrozado.Gordon, dio un paso al frente y alzó la voz para ser el primero en hablar.
Georgina, la hija de Catherine, que aún era una adolescente, se sentó apartada del alboroto y bebió su té con gran interés mientras observaba cómo los adultos se desmoronaban. Como era de esperar, su tío mayor, Gordon, dio un paso al frente y alzó la voz para ser el primero en hablar.
“¿Por qué demonios tiene que venir ese inutil vulgar? ¡Después de mancillar el nombre de la familia, ahora se aparece!”
Desde el sofá, Lady Catherine, todavía presionando una mano contra su frente en un dramático gesto de angustia, añadió su propio comentario amargo.
“La sola existencia de ese chico es una vergüenza para la familia”
Georgina pensaba que lo más vergonzoso no era él, sino su abuelo, que a esa edad había metido en la casa como amante a un muchacho asiatico muchísimo más joven. Pero, con sensatez, no expresó en voz alta semejante opinión y simplemente llevó en silencio la taza de té a sus labios.
Hacía muchísimo que no escuchaba el nombre “Yujin”. Ni siquiera tenía claro si habían pasado cinco o seis años desde que él abandonó la mansión. Era el tipo extraño que vivía en el edificio anexo, eso era todo lo que ella recordaba de él. Cuando fue más mayor escuchó que era un pariente tan lejano que ni siquiera valía la pena calcular el grado de parentesco y lo único seguro era que nadie en la familia lo había considerado jamás parte de ella.
La verdad es que era el amante secreto de Harold, el antiguo patriarca de la familia Campbell.
Durante todo el tiempo que permaneció en la mansión, fue alguien a quien nadie dio la bienvenida, y cuando se marchó, todos celebraron con brindis su partida.
Y ahora, ese mismo hombre regresa. Era natural que nadie estuviera contento. Esa escoria que por fin habían logrado sacar de su vista reapareciera de pronto, cualquiera sentiría lo mismo. Georgina observaba con interés a los adultos, que incluso dejaban ver su repulsión, mientras fingía beber tranquilamente su té. Frente a su hija, que aún era adolescente, George fue incapaz de contener la ira y estalló.
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