Besa a la escoria
CAPITULO 4
‘Fuera de mi vista ahora mismo, asqueroso…’
El grito grosero del hombre resonó en sus oídos como una alucinación y luego se desvaneció. Yujin juntó las manos detrás de la espalda como si estuviera sumida en profundas reflexiones. Era un hábito para ocultar su inquietud; escondiendo sus manos temblorosas abrió la boca en su lugar, con el rostro fingiendo tranquilidad.
“¿Qué dice exactamente el testamento? Usted debe saberlo.”
“El testamento está en poder de nuestro abogado principal, el Señor McCoy. El contenido del testamento se dará a conocer ante todos los herederos en la fecha señalada, ese es el procedimiento habitual.”
El abogado recitó sus palabras como si fuera un libro de texto, lo que hizo que Yujin hiciera una mueca. Andarse con rodeos no funcionaría con un hombre como este. Decidió ser directo.
“Como puede ver, en estas circunstancias no tengo ni siquiera para el transporte; no tengo un solo centavo. Además, me despidieron del trabajo y necesito encontrar otro cuanto antes ¿De verdad hay algún beneficio para mí en ir hasta allí?”
“Oh, por supuesto. No tiene que preocuparse.”
El abogado se rió a carcajadas, como si las preocupaciones de Yujin fueran totalmente infundadas. Era algo tranquilizador, pero Yujin no confiaba lo suficiente en este hombre como para sentirse aliviado de inmediato. Por supuesto que no lo haría, al fin y al cabo, solo se conocían desde hacía diez minutos. El abogado miró su reloj de pulsera, que costaba tanto como el alquiler anual del destartalado departamento en el que vivía Yujin, y continuó.
“Ahora que le he transmitido el mensaje, me voy. Pero permítame repetirlo; acuda en un plazo de tres días. Si no asiste a la lectura del testamento, sus derechos de sucesión podrían ser revocados. Por su propio bien, no cometa ese error. Se arrepentiría el resto de su vida.” to.k.ki.no.ve.l
Aunque no había nadie alrededor que pudiera escuchar, bajó la voz como si compartiera un secreto.
“El Señor McCoy mencionó que hay algo en él que le será muy beneficioso.”
Con ese comentario críptico, el abogado sacó su billetera una vez más. Yujin observó cómo el hombre apoyaba su maletín en su muslo y firmaba un cheque encima de él.
“Con esto podrá comprar lo que necesite durante su estancia y cubrir los gastos del viaje. No hace falta que lo devuelva; se lo cargaré aparte a la empresa.”
Estaba claro que el hombre ya había adivinado la situación de Yujin. Sin dudarlo, le entregó el cheque garabateado apresuradamente y bajó las escaleras hacia el aparcamiento, donde le esperaba su coche. Yujin se quedó allí parado durante un largo rato, viendo cómo el motor del coche rugía al arrancar y desaparecía en la distancia.
Eso había sucedido exactamente tres días antes. En el momento en que regresó a la iglesia y vio el rostro de su hija, tomó una decisión; volvería a esa mansión. Porque en ese momento, más que nada, necesitaba dinero desesperadamente.
El dinero del abogado había cubierto sus necesidades inmediatas. Compró ropa para que la niña se vistiera durante su estancia en Delight, algunos artículos de primera necesidad, un billete de tren y comió tortitas con su hija en un restaurante. Con el dinero restante, preparó ropa para presentarse a la lectura del testamento. Se registró en un motel barato, se duchó y pasó allí la noche. A la mañana siguiente, temprano, llevó a su hija aún somnolienta a un cibercafé, comprobó la recepción de un correo electrónico que había enviado antes y se subió al tren inmediatamente. Y así, finalmente llegó aquí.
“¡Ah, por aquí!”
Al salir de la estación, vio al abogado junto a un coche aparcado, hablando por teléfono. En cuanto vio a Yujin, le hizo un gesto con la mano. Yujin se obligó a mantener la mirada fija en el hombre, decidido a no dejarse perturbar por lo que le rodeaba, tomó la mano de su hija y se acercó. Cuando llegó, el abogado terminó su llamada y Yujin fue el primero en saludarle.
“Hola, gracias por venir a recogernos.”
“No es nada. Al fin y al cabo, no hay otra forma de entrar en esa mansión.”
El abogado negó con la cabeza y abrió personalmente la puerta trasera del coche. Después de ayudar a su hija a entrar y cargar el equipaje en el maletero, Yujin hizo lo mismo.
“Papá, ¿estás bien?”
Angela le susurró la pregunta con su vocecita mientras le agarraba del brazo. Yujin esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.
“Estoy bien, Angie. No te preocupes”
Le acarició suavemente la cabeza, Angela siguió con una expresión seria, pero guardó silencio y enderezó la postura obedientemente. Yujin le abrochó el cinturón de seguridad y luego se puso el suyo. Le temblaba tanto la mano al encajar la hebilla que se le resbaló tres veces, pero por suerte logró hacerlo justo antes de que el auto arrancara. Yujin estaba conteniéndose, fingiendo estar lo más tranquilo posible para no inquietar a la niña, aunque en el fondo lo único que quería era arrancarse el cinturón que lo oprimía y escapar de aquel pedazo de metal de inmediato.
Pero el coche acababa de ponerse en marcha. Yujin estaba atrapado en su interior, obligado a aguantar varias horas. Hasta que llegaran al infierno llamado ‘Delight’.
“No tienes buen aspecto. ¿Estás bien? Preferiría que no vomitaras en mi coche.”
El abogado miró a Yujin por el espejo retrovisor. Yujin luchó por mantener la compostura y respondió con el tono más ligero que pudo.
“Es por el mareo. No se preocupe.”
“Ah ¿Tienes medicina? Si tienes, tomala. Ten esto.”
El abogado, que sostenía el volante con una mano y con la otra intentaba abrir la guantera para sacarle una botella de agua, vio cómo Yujin negaba con la cabeza apresuradamente, rechazando la oferta.
“No es necesario, estoy bien. Gracias”
El abogado miró por encima del hombro y murmuró con una expresión claramente reacia.
“No tienes buen aspecto… Por favor, no vomites. Si necesitas hacerlo, solo tienes que decirlo y me detendré.”
“Si.”
Yujin respondió rápidamente y luego cambió de tema.
““Usted es el asesor legal de la familia Campbell ¿Verdad? Qué inesperado. Parece tener bastante experiencia, y aun así ha venido a verme personalmente y hasta ha venido a recogerme.”
“Bueno, es porque se trata de un encargo de la familia Campbell.”
Respondió el abogado de forma sencilla.
“En realidad, este tipo de asuntos suelen asignarse a abogados recién incorporados, pero la familia Campbell es el cliente más importante de nuestro bufete. Por eso, para ejecutar el testamento sin contratiempos y de manera perfecta, me asignaron a mí. Ahora mismo, lo más importante para nosotros es cumplir la voluntad del señor Campbell sin dejar ningún cabo suelto. Todos los abogados están concentrados en ello y haciendo lo mejor que pueden… por supuesto, bajo la dirección del señor McCoy.”
McCoy era el abogado principal y director del bufete donde trabaja Brown. Yujin había visto su rostro alguna vez. Probablemente el testamento estaba bajo la custodia de McCoy. Y seguramente sería él quien lo anunciaría.
Yujin recordó al abogado de cabello totalmente blanco a quien Harold llamaba a menudo cuando había que resolver asuntos complicados. Aquel hombre, alto y extremadamente delgado, tenía los pómulos tan marcados que su expresión resultaba aún más severa.
¿Qué habría pensado ese hombre cuando se enteró de que debía buscarme para la ejecución del testamento?
Según Brown, el testamento se había redactado tres meses antes de la muerte de Harold, poco después de que este sufriera un colapso repentino. Solo McCoy conocía su contenido exacto. Brown se encargaba de supervisar todo el proceso y de asegurarse de que todo estuviera preparado para cuando se leyera el testamento.
En la familia, la única persona que podía convocar directamente al director del bufete McCoy y darle instrucciones era Harold. El resto de los familiares tenían que comunicarse a través de la secretaria de McCoy o hacer sus consultas a otro abogado y probablemente el sistema siguiera siendo el mismo ahora.
Si así era, entonces con Harold fallecido, la persona que ahora ocupaba su lugar sería…
“El señor Winston Campbell.”
Brown habló como si hubiera estado esperando a que Yujin hiciera la conexión.
Una oleada de náuseas recorrió el cuerpo de Yujin. Se tapó la boca apresuradamente y golpeó el apoyacabezas; Brown se sobresaltó y detuvo el auto de inmediato en el arcén.
En cuanto el coche se detuvo, Yujin salió corriendo y se inclinó mientras tenía arcadas. Afortunadamente, no había comido nada desde la mañana, solo unas tazas de té negro. Solo logró escupir saliva mezclada con un amargo jugo gástrico. Aún inclinado, respiraba entrecortadamente, intentando recuperar el aliento.
“¿Estás bien?”
Brown se detuvo a cierta distancia, preguntando como si temiera ser testigo de algo que no debía. En lugar de responder, Yujin levantó la mano en un gesto tranquilizador. Después de permanecer de pie bajo el frío viento, apenas calmando sus nervios, regresó al coche. Brown abrió una botella de plástico y se la ofreció. Esta vez no la rechazó, la tomó y bebió el agua.
“¿Te encuentras mejor?
Yujin apenas logró asentir con la cabeza en respuesta.
“Lo siento por las molestias.”
La voz que Yujin logró sacar estaba temblando por completo. Brown interpretó aquella reacción a su manera y adoptó una expresión aparentemente considerada. to.k.ki.no.ve.l
“Después de pasar todo el día en tren y ahora en un coche, es normal que esté agotado. Lo entiendo perfectamente.”