Las circunstancias de un Lord caido
CAPITULO 4
“Además, ni el Primer Príncipe ni Carlton tienen intención de matarnos, lo que desean es nuestra rendición. Bastará con que la Casa Ducal muestre que se somete ante el príncipe”
“¡Si lo que el Primer Príncipe busca es precisamente nuestra sumisión, con mayor razón no debemos retroceder! ¡Aquí está en juego el honor que poseemos como gobernantes del sur!”
“¡¿Acaso el honor nos da de comer?!”
“¡¿Son esas palabras dignas del Lord de la Casa Ducal de Agnies?! ¡¿El dueño de estos Campos Dorados huyendo aterrorizado ante un simple carnicero al servicio de un príncipe?!” tOk.ki.no.vel
El mayordomo general estalló en cólera.
“No quise decir eso. Miedo… sí, lo tengo, pero esta es una decisión por el bien de todos”
Si el Primer Príncipe decidía abandonar a la Casa Ducal, Carlton destrozaría el ducado con una crueldad despiadada. Y entonces no sería distinto del futuro que había experimentado Louisen.
“…Cuando insistió en que debíamos apoyar al Segundo Príncipe, dijo exactamente lo mismo. Que era una decisión por el bien de todos ¿Y cuál fue el resultado? Perdimos soldados, riquezas y terminamos convertidos en traidores ¡Le advertí una y otra vez que no se involucrara en la política de la capital!”
Louisen cerró la boca. En lo que respectaba a ese asunto, sinceramente no tenía nada que decir. Todo había sido provocado por su propia incompetencia y su despreocupación. La guerra civil, la lucha por el trono, Louisen nunca se había detenido a pensarlas seriamente ni una sola vez.
Había vivido dejándose llevar, como si simplemente flotara con la corriente. Incluso convertirse en un allegado del Segundo Príncipe ocurrió sin una reflexión profunda; era su pariente y de tanto andar a su lado, terminó ocupando ese lugar.
“¿No será que simplemente está asustado, mi Lord? ¿Acaso no está pensando en rendirse ahora mismo para, al menos, mendigar que le perdonen la vida? Ya que las cosas han llegado a este punto ¿No podría al menos asumir la responsabilidad de ser el Lord de estas tierras?”
“Ya basta ¿Qué sentido tiene hablar de eso ahora? Sigamos haciendo las cosas como hasta ahora, nosotros nos encargaremos. Mi Lord, será mejor que regrese. Continúe bebiendo el vino que estaba tomando o quizá debería lavarse un poco, el olor a alcohol se extiende”
Más que la reprimenda del mayordomo general, fueron las palabras del tesorero, en las que no quedaba ni la más mínima expectativa, las que se le clavaron en el pecho. Los vasallos ignoraron a Louisen y retomaron la conversación que mantenían antes de que él apareciera.
Ante las recriminaciones, Louisen no pudo decir ni una sola palabra. Todo tenía una razón, quería decir. Lo decía para salvarlos a todos. Pero la sinceridad de Louisen no llegó a nadie en la sala del consejo.
El único que parecía mostrarle algo de simpatía, el mayordomo general, se acercó a él.
“Nuestro joven amo. Parece que está muy asustado; será mejor que regrese a su habitación a descansar. Los mayores de la Casa Ducal se encargarán de todo aquí”
Aún lo llamaba joven amo. Aunque habían pasado más de veinte años desde que Louisen se convirtió en Lord del territorio, para el mayordomo seguía siendo simplemente el joven amo, no un Lord en quien confiar y a quien seguir; no era solo problema del mayordomo, en toda aquella sala de reuniones no había ni una sola persona que realmente creyera en él como su Lord.
Una sensación de frustración e impotencia cayó sobre Louisen al mismo tiempo. A diferencia de cuando había salido lleno de ímpetu, ahora tuvo que regresar a su habitación arrastrando los pies, sin haber logrado nada y solo con el orgullo herido. tOk.ki.no.vel
***
Aunque, es lo que me merezco…
Un suspiro se le escapó sin darse cuenta. No podía ni siquiera quejarse de que los vasallos habían sido irrespetuosos, porque Louisen nunca había ejercido de verdad como Lord, ni siquiera a su edad.
Se convirtió en duque a los seis años, cuando sus padres murieron. El mayordomo general actuó como regente y Louisen recibió educación para convertirse en un gran Lord. La enseñanza del mayordomo era extremadamente estricta, pero Louisen siempre asistía a regañadientes, casi arrastrado. A menudo escapaba al desván para evitar al tutor privado y nunca hubo nada; ni estudios, ni artes marciales, ni política, en lo que se aplicara con constancia o seriedad.
Cuando creció y alcanzó la mayoría de edad, dejó todos los asuntos del territorio en manos de sus vasallos y se quedó en la capital, entregado al lujo y al placer. Gastaba como agua el dinero que llegaba desde sus tierras y solo se rodeaba de malas compañías.
Su reputación era pésima, y provocaba problemas constantemente. Sabía gastar dinero, pero ni siquiera sabía de dónde salía. No le interesaban ni su territorio ni su casa. Si todos hacen bien su trabajo ¿Para qué tengo que trabajar yo? pensaba. Incluso cuando surgían problemas en el territorio, miraba hacia otro lado. Prefería mil veces la brillante capital antes que ese pueblo rural que olía a estiércol. Mientras Louisen se divertía en la capital, quienes realmente cultivaban y sostenían el territorio eran sus sirvientes.
Y entonces, de manera torpe, se metió en la lucha por el trono. Arrancó de raíz los cimientos del territorio para apoyar al Segundo Príncipe y terminó derrotado. Por su mala forma de actuar, ni siquiera había logrado construir una red de aliados; además, su relación con el Primer Príncipe era mala, hasta el punto de que lo habían señalado como ejemplo para escarmiento. Había nacido con un linaje excepcional, pero no sabía cómo aprovecharlo. Ignoraba por completo la política y carecía de perspicacia, por lo que siempre terminaba siendo utilizado por otros.
En una palabra, Louisen era el tipo de Lord que estaría mejor si no existiera; uno al que todos deseaban que, por favor, se quedara quieto sin hacer absolutamente nada.
Y ahora ese mismo tipo aparece de repente en plena batalla diciendo que nos rindamos… Si fuera yo, también le diría que se largara
Aun así, la gente había sido buena con él; no lo echaron, ni lo insultaron, ni le escupieron. Al recordar todas las humillaciones que había sufrido antes de regresar en el tiempo, un sincero sentimiento de gratitud hacia sus dóciles sirvientes empezó a brotar en su interior. Eran personas tan buenas ¿Por qué en el pasado siempre se había enfadado creyendo que lo despreciaban?
Desde que nació estaba acostumbrado a que lo trataran con deferencia y había vivido creyendo que eso era lo normal. En aquel entonces no entendía que, si te elevan, también hay responsabilidades que debes asumir.
El Santo tenía razón. Nada en esta vida es gratis. Si uno come, tiene que pagar el precio.
Por eso, aunque fuera ahora, Louisen quería empezar a cumplir con su parte. Y el deber de un Lord en una situación de batalla como esta debía ser salir al frente, salvar a los habitantes del territorio y proteger el futuro de sus tierras.
Pero para eso tengo que rendirme… Y como los sirvientes no me escuchan, no puedo enviar un emisario de rendición… ¿Cuántos días más podremos resistir?
Si su memoria no le fallaba, al menos esta noche lograrían superarla. Pero lo que pasaría mañana por la noche ya era otra historia. Aunque los vasallos decían que estaban resistiendo bien, Louisen no creía que Carlton estuviera usando toda su fuerza.
Podrán llamarlo loco, pero en lo que respecta a habilidad, Carlton es muy capaz
Aunque Carlton perseguía abiertamente a los nobles y la mayoría de ellos lo consideraban su enemigo, había podido ganarse por completo la confianza del Primer Príncipe y ascender sin freno gracias a su habilidad casi sobrenatural para dirigir ejércitos y a su extraordinaria fuerza en combate.
Louisen recordó el primer combate de aquel día en que la Casa Ducal fue sitiado. Había visto a Carlton una vez, desde la distancia. Vestido con una armadura negra, parecía el caballero de la muerte salido de un antiguo cuento.
Cada vez que blandía su lanza, los soldados que lo rodeaban en varias capas caían uno tras otro, abriendo un camino y hasta los caballeros fuertemente armados salían despedidos. Louisen había permanecido mucho tiempo en la capital y había visto a muchos caballeros famosos por su habilidad, pero en toda su vida nunca había visto a alguien tan aterrador. Incluso sin estar en el campo de batalla, bastaba para helarle la sangre.
¿Y si voy yo mismo? Ah… pero ahora que el combate está en pleno auge, tampoco podría atravesar las líneas para llegar hasta él
Lo más probable era que muriera atrapado en la lucha antes siquiera de poder encontrarse con Carlton para rendirse. Sumido en sus pensamientos, Louisen empezó a caminar de un lado a otro por la habitación con evidente inquietud. Observándolo con expresión ansiosa, Ruger volvió a insinuar, con cautela, la idea de huir en plena noche.
“He escuchado lo que dice la gente, parece que ya no podremos resistir mucho más. Dicen que, si el enemigo se lo propone, la Casa Ducal podría caer incluso esta misma noche. Creo que el mayordomo general está mintiendo. Ya no tenemos ninguna posibilidad de ganar y no vendrán refuerzos”
“Te dije que si quieres huir, vete tú solo”
“¡¿Cómo voy a irme dejando atrás al duque?! ¡Aunque muera, me quedaré a su lado! No subestime mi lealtad”
“¿Entonces te quedarás conmigo?”
“”P-pero… ¿No puede imaginarse la humillación que ese maldito carnicero le hará sufrir, mi Lord? ¡Usted sabe lo brutal que es!”
“…”
“¿Lo recuerda, verdad? Yo mismo se lo conté ¡Dios mío! ¡Dicen que ató al hijo de un vizconde a un caballo y lo arrastró hasta despedazarle las extremidades! Solo de pensar que usted pueda morir de una forma tan humillante y horrible…”
Ruger tenía facilidad de palabra. Aunque dijera lo mismo que otros, cuando lo decía él sonaba extrañamente más vívido, más real, como si las palabras se clavaran directamente en los oídos. Mientras gesticulaba con manos y pies describiendo la terrible fama de Carlton, incluso a Louisen se le erizó la espalda.
“Ya basta, ya estoy bastante inquieto no hace falta que me asustes más”
Louisen se abrazó a sí mismo, visiblemente atemorizado.
Cuando Louisen había intentado huir en plena noche, Carlton en persona lo había perseguido. Aquel día se convirtió en una pesadilla que lo atormentó durante mucho tiempo. Carlton había lanzado su lanza desde tan lejos que Louisen apenas podía distinguirlo con claridad, la lanza pasó rozándolo por un pelo. El árbol que recibió el impacto en lugar de Louisen se partió en dos en el acto.
Cada vez que recordaba aquel momento, todavía le corría un sudor frío por la espalda.
En toda su vida, aquella fue la primera vez que Louisen sintió de verdad la muerte tan cerca. Él, que había vivido cómodamente y a salvo como duque de Agnies, no pudo sacudirse esa experiencia con facilidad. tOk.ki.no.vel
Durante mucho tiempo vivió atrapado en la paranoia de que Carlton vendría a matarlo, un caballero de la muerte con el rostro de Carlton lo perseguía sin descanso en sus pensamientos. Si el Santo no lo hubiera salvado, quizá nunca habría logrado liberarse de esa obsesión. Así de aterrador le resultaba Carlton.
“Por eso deberíamos irnos, mi señor duque. Usted también tiene miedo ¿No? Además, aquí no hay nada que usted pueda hacer… Es más, probablemente a la gente de aquí hasta le alegraría que desapareciera”
“Mmm…”
“Mire esto, es el mapa que conseguí del guardabosques. Si seguimos esta ruta, podremos atravesar el bosque evitando a los monstruos y llegar rápido al territorio de Dobles.”
Ruger desplegó el mapa para convencer a Louisen. Era un mapa que Louisen conocía muy bien, en el pasado, él y Ruger habían huido siguiendo ese mismo camino hasta el territorio vecino del conde de Dobles.
No era precisamente un recuerdo agradable.
Ruger había asegurado que el conde de Dobles protegería a Louisen y lo trataría con el mayor de los honores, pero la realidad fue muy distinta. Louisen terminó siendo tratado como un invitado indeseado. El conde de Dobles lo dejó prácticamente encerrado en la sala de recepción; después de hacerle un par de preguntas, lo echó sin más.
Por eso Louisen, abatido, había regresado a la Casa Ducal de Agnies. tOk.ki.no.vel
De todos modos, el mapa era fiable. Durante el trayecto de ida y vuelta por el bosque no habían visto ni la sombra de un monstruo. Si hubieran tomado un camino equivocado, incluso podrían haber terminado en alguno de los campamentos del ejército de Carlton, pero habían logrado evitarlos sin problemas.
…¿Eh?
“Dame el mapa”
“¡Aquí tiene!” tOk.ki.no.vel
Convencido de que Louisen había cambiado de opinión, Ruger le entregó el mapa con alegría.